
Los centros de datos en órbita transformaron a Elon Musk en el hombra más rico del mundo
Otros Temas05/02/2026
REDACCIÓN
La unión de SpaceX con xAI, valuada en US$1,25 billones, sumó US$84.000 millones al patrimonio de Elon Musk y empuja su plan de IA en órbita.


El movimiento corporativo que unió SpaceX con xAI reordenó, en pocos días, el tablero de poder de la tecnología global. La operación valuó el negocio combinado en US$1,25 billones, un nivel que coloca a la compañía entre las privadas más valiosas. Ese salto no queda solo en los balances: también explica el nuevo tamaño de la riqueza personal de Elon Musk.
Las estimaciones difundidas por Forbes y Bloomberg ubican el impacto directo de la transacción en US$84.000 millones adicionales. Con ese empujón, la fortuna del empresario trepó a la zona de US$800.000 millones. La cifra, por sí sola, marca una distancia inédita respecto de otros magnates del sector.
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El dato que más llama la atención en la comparación pública es que el patrimonio de Musk queda por encima del que suman Larry Page y Sergey Brin juntos, según las mismas estimaciones. Ese contraste pone en perspectiva la dimensión del salto, más allá de la volatilidad habitual de las valuaciones. La discusión, entonces, deja de ser solo “cuánto vale” una firma y pasa a ser “qué poder acumula” un mismo grupo económico.
La arquitectura societaria también explica por qué la operación pega tan fuerte en la fortuna individual. Antes de la fusión, Musk contaba con alrededor del 42% de SpaceX y cerca del 49% de xAI. Tras combinar ambas entidades, su participación en la nueva compañía ronda el 43%, que pasa a ser su activo más determinante.
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Ese cambio no borra el resto del mapa de participaciones que sostienen su fortuna. Musk mantiene un lugar relevante en Tesla, con cerca del 12% de las acciones, además de opciones que podrían sumar valor si se cumplen metas empresariales. En la práctica, el peso del nuevo conglomerado refuerza el centro de gravedad de su imperio, con el espacio y la inteligencia artificial como ejes principales.
SpaceX ya jugaba un papel central en su ascenso económico desde su fundación en 2002, cuando empezó a empujar el cambio de paradigma con cohetes reutilizables. Con xAI adentro, el alcance se vuelve más amplio y más difícil de encasillar: autos eléctricos, energía, conectividad satelital e IA bajo una misma lógica de expansión. El resultado es una integración que combina infraestructura física con capacidad de cómputo y datos.
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En ese cruce aparece el plan estratégico que más curiosidad genera por su ambición técnica: centros de datos de IA en órbita. La idea apunta a usar energía solar y la infraestructura de Starlink para sumar capacidad de procesamiento a gran escala. Si ese objetivo avanza, la discusión deja de girar solo en torno a lanzamientos y pasa a incluir el negocio de cómputo, energía y conectividad desde el espacio.
La operación también redibuja el poder interno dentro del conjunto de empresas asociadas a Musk. Con un activo dominante concentrado en la nueva estructura, el empresario gana margen para coordinar decisiones entre unidades con intereses distintos. Ese reordenamiento puede influir en inversiones, prioridades tecnológicas y velocidad de ejecución.
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Por ahora, el efecto más visible es numérico y simbólico: una valuación de US$1,25 billones y un patrimonio que escala a niveles inéditos. Pero la señal de fondo pasa por la convergencia entre inteligencia artificial y exploración espacial como negocio integrado. En ese punto, la fusión no funciona solo como noticia financiera: funciona como una declaración sobre hacia dónde pretende empujar su imperio.















