Industriales dicen que la apertura de mercado obliga a bajar márgenes de ganancias

Política08/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Maquinaria industrial (Foto: KamranAydinov/Freepik)
Maquinaria industrial (Foto: KamranAydinov/Freepik)

Rappallini dijo que la apertura obliga a vender con márgenes más chicos y precios internacionales. Advirtió por la presión fiscal y pidió reglas laborales claras.

La apertura económica aceleró un cambio de época para la industria argentina y, puertas adentro, muchos sectores sienten que el reloj corre más rápido que la recuperación. En ese escenario, el presidente de la Unión Industrial Argentina, Martín Rappallini, planteó que la competitividad del sector privado queda atada a un ordenamiento macroeconómico urgente, en un contexto de actividad dispar y transición hacia una integración global.

En diálogo con Splendid AM 990, el dirigente describió un mapa productivo con movimientos en direcciones distintas. Señaló que 2025 muestra un leve crecimiento del 1,5%, pero aclaró que llega después de un 2024 con ajuste fuerte y caídas generalizadas. En ese repaso, ubicó a la construcción, el textil, el calzado y la metalmecánica en niveles de retracción, mientras energía, minería y automotriz aparecen como rubros con señales de recuperación.


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Rappallini insistió en que el nuevo escenario ya no se discute como una amenaza abstracta, sino como una condición concreta de mercado. Contó que la apertura empuja a las empresas a acomodarse a precios internacionales con márgenes reducidos, y que esa presión se suma a la falta de volumen en rubros que todavía no rebotan. En ese sentido, dejó una frase que condensa el problema: “Estoy vendiendo a mucho menos cantidad y también a un precio mucho más bajo con motivo de tener que adaptarse a precios internacionales”.

La mirada del titular de la UIA no se limita a describir el golpe, también marca el rumbo que, para él, no tiene vuelta atrás. Se mostró convencido de que “la integración al mundo es el único camino para lograr un sector sustentable”, pero advirtió que esa vía no funciona si el Estado no corrige fallas estructurales que condicionan la producción local. El planteo apunta a que la apertura, sin cambios internos, deja a las empresas corriendo en una pista inclinada.


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Aunque reconoció el ordenamiento macroeconómico y la baja de la inflación, Rappallini puso el foco en el costo argentino que no afloja. Denunció que “la presión impositiva continúa en niveles insostenibles” y lo bajó a números, con una afirmación directa que busca instalar agenda. “Seguimos acumulando distorsiones. Seguimos con 50 puntos de presión fiscal”, dijo, y agregó que en varios casos se registran aumentos de impuestos a nivel municipal.

Ese diagnóstico aparece atado a una idea de competencia que va más allá de la empresa individual. Para Rappallini, el éxito de la apertura depende de equiparar condiciones domésticas con las de los competidores externos y, en esa línea, remarcó: “Hoy en el mundo no compiten las empresas, sino también compiten los sistemas que las rodean”. En la práctica, el mensaje apunta a tributos, logística, financiamiento, reglas laborales y previsibilidad, incluso cuando el debate público se concentra en los precios de góndola.


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Consultado por las críticas oficiales hacia sectores puntuales, como el textil, el titular de la UIA defendió la complejidad de las cadenas de valor locales. Atribuyó los precios altos a la acumulación de impuestos en cada etapa productiva y buscó correr el eje del señalamiento a “los empresarios” como un bloque homogéneo. En paralelo, pidió evitar el show de choque entre Gobierno y grandes grupos y propuso rodear al empresariado de prestigio social, con la idea de que funcione como motor económico en lugar de convertirse en blanco permanente.

En ese mismo paquete, el industrial resaltó la necesidad de una legislación laboral moderna para dar previsibilidad. No lo presentó como una consigna ideológica, sino como una condición de funcionamiento, especialmente cuando los márgenes se achican y el mercado externo impone reglas duras. La demanda se enlaza con el concepto de “sistema” que compite, y no solo con la eficiencia dentro de la fábrica.


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Rappallini también miró el tablero externo y ubicó una ventana que, según su lectura, puede jugar a favor. Mencionó el reciente acuerdo con Estados Unidos como una oportunidad estratégica ante la decisión de Washington de diversificar proveedores fuera de China. Y lo sintetizó en otra frase que busca empujar el debate hacia la producción exportable: “Ellos necesitan de proveedores globales que no estén en China y ahí es donde está la oportunidad argentina de proveerlo de acero, aluminio e infinidad de productos”.

La discusión que abre la UIA, entonces, se corre de la pelea coyuntural por precios o por sectores “señalados” y se instala en un punto más incómodo: qué parte del ajuste debe ocurrir dentro del país para que la apertura no termine en pérdida de volumen y cierre de capacidad. El dirigente planteó que el cambio ya está en marcha y que el margen de error es chico, porque competir con precios internacionales sin corregir distorsiones internas obliga a vender menos, más barato y con costos que no ceden.

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