Seattle desarmó el Super Bowl con baile latino, récords y una final sin discusión

Deporte09/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Los Seahawks aplastaron a New England, celebraron su segundo anillo
Los Seahawks aplastaron a New England, celebraron su segundo anillo.

Seattle no dejó dudas ni margen para la épica ajena. En el Super Bowl LX, los Seahawks superaron con autoridad a New England Patriots por 29-13 en el Levi’s Stadium de Santa Clara y levantaron el segundo trofeo Vince Lombardi de su historia, once años después de su primera consagración. Fue una final sin sobresaltos, controlada de punta a punta.

El dominio comenzó desde la defensa. La unidad conocida como “Dark Side” impuso condiciones desde el primer snap y recordó, por momentos, a la mítica Legion of Boom que marcó una época en la NFL. Drake Maye nunca encontró comodidad y el ataque de los Patriots quedó atrapado en un partido que siempre se jugó al ritmo de Seattle.

En ofensiva, el plan fue claro y ejecutado con precisión. Kenneth Walker III castigó por tierra una y otra vez, quebró la resistencia rival en la primera mitad y terminó siendo elegido MVP del Super Bowl. Sus 135 yardas en 27 acarreos explicaron gran parte de la diferencia y marcaron el pulso de la noche.


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El mariscal Sam Darnold tuvo un partido sobrio y efectivo. En su primer año con Seattle, completó un camino de reivindicación personal tras su salida de Minnesota y cerró la final con 202 yardas aéreas y un pase de touchdown, siempre apoyado en el juego terrestre y sin asumir riesgos innecesarios.

Otro de los grandes protagonistas fue el pateador Jason Myers, que firmó una actuación perfecta. Con cinco de cinco en goles de campo, estableció un récord histórico para un Super Bowl y alcanzó los 206 puntos en la temporada, una marca que coronó un año excepcional para el equipo.

La primera mitad fue una muestra clara de la superioridad de Seattle. Myers abrió el marcador desde las 33 yardas y Walker rompió líneas con corridas de 20 y 29 yardas que desembocaron en nuevos goles de campo. El 0-9 al descanso incluso quedó corto frente a lo visto en el campo.

Del lado de New England, los números reflejaron la impotencia. Apenas cuatro primeros downs en los dos primeros cuartos, solo 51 yardas ofensivas y un Maye presionado, errático y condicionado por el escenario. El joven quarterback lanzó dos intercepciones y recién pudo maquillar sus estadísticas en el tramo final.

Las condiciones acompañaron el espectáculo deportivo. Con 18 grados de temperatura y cielo despejado, el Levi’s Stadium fue testigo de un duelo que, en la previa, enfrentaba a la mejor defensa de la liga contra una de las ofensivas más productivas. En la práctica, la balanza se inclinó rápido.

El segundo tiempo mantuvo la misma lógica. Seattle administró la ventaja con inteligencia, siguió sumando con el pie de Myers y dejó que el reloj fuera un aliado. Los dos pases de touchdown de Maye llegaron cuando el partido ya estaba resuelto y no alteraron el desenlace.


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Pero el Super Bowl no se explicó solo desde el juego. El entretiempo marcó un quiebre cultural. Bad Bunny encabezó un show íntegramente en español, algo inédito en la historia del evento, y puso a bailar a más de 68.000 personas en las tribunas, además de una audiencia global.

El espectáculo contó con la presencia de celebridades como Roger Federer, Lewis Hamilton, Kevin Costner y Adam Sandler, y generó reacciones encontradas. Entre ellas, el fuerte enojo del presidente Donald Trump, que desde la red social Truth calificó el show como “absolutamente terrible” y lo consideró una afrenta a los valores estadounidenses.

Con fútbol dominante, récords individuales y un entretiempo que cruzó idiomas y fronteras, Seattle cerró una noche perfecta. El Super Bowl LX tuvo un campeón claro, un MVP inesperado y una postal final que confirmó que los Seahawks volvieron a lo más alto sin pedir permiso.

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