
Morosidad: Las cuotas se acumulan, los bancos endurecen el crédito y la economía siente el golpe
Actualidad09/02/2026
REDACCIÓN
El crédito suele funcionar como un termómetro silencioso de la economía doméstica. Cuando las cuotas se pagan, los bancos prestan más y el consumo respira. Pero cuando las deudas empiezan a atrasarse, el sistema se retrae y el movimiento se frena. Ese escenario aparece ahora con fuerza en los hogares argentinos.


En enero, la morosidad crediticia de las familias se ubicó en el nivel más alto de los últimos quince años. Los bancos encuentran más dificultades para cobrar préstamos personales, tarjetas y financiamiento al consumo. Esa irregularidad condiciona nuevas líneas y vuelve más exigentes los requisitos para acceder a crédito. El efecto inmediato es un mercado más cerrado para quienes necesitan financiamiento.
Un informe reciente de la Fundación Mediterránea advirtió que la suba de la mora refleja las secuelas de menor actividad y el endurecimiento monetario del segundo semestre de 2025. Las entidades, frente a un mayor riesgo, adoptan una postura de cautela. Eso se traduce en menos préstamos nuevos, menos dinamismo y un rebote económico más difícil de sostener. El crédito, que debería empujar la recuperación, aparece como un límite.
El comportamiento de los deudores no es homogéneo. En el segmento empresarial, la suba de la morosidad no fue tan marcada como en el caso de las familias. Los hogares quedaron más expuestos a un cambio de escenario inesperado. La velocidad de la desinflación alteró la lógica que durante años ayudó a licuar pasivos.
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Durante mucho tiempo, muchas familias tomaron deudas suponiendo que la inflación reduciría su peso real con el paso de los meses. Con la estabilización de precios, ese “alivio” desapareció. Las cuotas comenzaron a sentirse más pesadas en términos concretos. Y el resultado fue un incremento abrupto de atrasos en los pagos.
El problema excede la relación entre bancos y clientes. La morosidad repercute sobre el conjunto de la macroeconomía porque frena la evolución del crédito al sector privado. En los últimos seis meses, los préstamos en moneda local muestran un estancamiento evidente. Eso limita consumo e inversión, dos motores centrales para cualquier recuperación.
Las entidades financieras ajustan sus reglas de acceso y privilegian operaciones más seguras. Se endurecen los requisitos, se reduce la cantidad total de créditos otorgados y se achica el margen para sectores medios que dependen del financiamiento. La tendencia se acentuó desde la segunda mitad de 2025, con recesión y políticas contractivas del Banco Central. El crédito en pesos pierde impulso justo cuando más se lo necesita.
En contraste, los préstamos en dólares siguieron otro camino. Según la Fundación Mediterránea, estas líneas ya representan una cuarta parte del total del crédito. En enero crecieron 7,3%, un monto cercano a USD 1.300 millones. Ese flujo motoriza sectores específicos e incrementa la oferta de divisas, ya que los bancos liquidan esos préstamos en pesos a las empresas.
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Sin embargo, ese dinamismo en moneda extranjera no alcanza para compensar la caída del crédito en pesos. El financiamiento interno permanece estancado y la morosidad familiar limita la recuperación del consumo. La economía queda atrapada en una paradoja: menos inflación, pero más peso real de las deudas. Y menos crédito disponible para sostener la actividad.
En este contexto, el ministro de Economía Luis Caputo busca una salida alternativa vinculada a los ahorros informales. El Gobierno sostiene que los argentinos tienen una enorme masa de dólares fuera del sistema financiero. En ese marco, aparece el proyecto de Inocencia Fiscal, reglamentado este lunes, como posible vía para canalizar fondos hacia los bancos.
Caputo expuso esa apuesta con números concretos, al señalar: “Los datos del Banco Central dicen que hay USD 170 mil millones debajo del colchón de los argentinos”. Para el ministro, si una parte de esos recursos ingresara al sistema financiero en los próximos meses, podría aliviar restricciones y destrabar crédito. El interrogante es si ese atajo alcanzará para frenar una mora que ya se convirtió en uno de los principales obstáculos del repunte.














