

El ingreso de aire polar provocó nevadas en sectores altos de la cordillera rionegrina en pleno febrero, tras semanas marcadas por calor extremo, sequía y riesgo de incendios.


El verano quedó abruptamente interrumpido en la cordillera de Río Negro por un cambio climático tan inesperado como contundente. Este martes, un frente frío avanzó desde el Pacífico y transformó el escenario estival en Bariloche y El Bolsón, donde las cumbres amanecieron cubiertas de nieve. El fenómeno se dio luego de un período prolongado de altas temperaturas y déficit hídrico.
Según información del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el ingreso de una masa de aire frío generó un marcado descenso térmico en altura. Las temperaturas en sectores elevados descendieron hasta -4°C, lo que permitió que las precipitaciones pasaran de lluvia a nieve por encima de los 1.600 metros sobre el nivel del mar. En áreas urbanas, el cambio se tradujo en lluvias persistentes y una sensación térmica invernal.
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En el Cerro Catedral, la nevada cubrió rápidamente las zonas altas y modificó las condiciones en pocas horas. El fenómeno también se replicó en las cumbres del Piltriquitrón y el cerro Perito Moreno, en la zona de El Bolsón, donde se registró acumulación significativa. Aunque las nevadas estivales no son inéditas en alta montaña, su intensidad y sincronía llamaron la atención.
El contraste con los días previos resultó marcado. Durante el último fin de semana, la región había registrado temperaturas cercanas a los 30 grados, valores elevados para áreas cordilleranas. Ese escenario se inscribía dentro de una ola de calor que afectó al norte de la Patagonia y que había elevado el riesgo ambiental.
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La llegada de humedad y frío aparece como un alivio parcial en un contexto atravesado por la sequía y la emergencia ígnea. Las precipitaciones contribuyen a reducir la actividad de focos calientes y colaboran con las tareas preventivas en zonas de bosque. Sin embargo, especialistas advierten que un evento aislado no alcanza para revertir el déficit hídrico acumulado.
Desde los organismos de protección civil se indicó que el fenómeno obliga a extremar precauciones en áreas de montaña. Las condiciones de baja visibilidad, viento y superficies resbaladizas pueden representar riesgos para quienes transitan por sectores elevados. Se recomendó informarse sobre el estado de caminos y senderos antes de cualquier desplazamiento.
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La Ruta Nacional 40, que conecta Bariloche con El Bolsón, presentó tramos con calzada húmeda y baja adherencia, especialmente en sectores altos. Si bien no se dispuso el uso obligatorio de cadenas en zonas bajas, las autoridades insistieron en circular con cuidado y respetar las indicaciones viales.
El SMN anticipó que el sistema frontal se mantendría activo durante las próximas horas, con precipitaciones intermitentes y temperaturas bajas para la época. Hacia el jueves se espera una mejora gradual de las condiciones, aunque con mínimas inferiores al promedio histórico de febrero. El episodio podría marcar un cambio transitorio en la dinámica climática.
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Este evento vuelve a poner en evidencia la variabilidad extrema que atraviesa la Patagonia durante el verano. En pocas semanas, la región pasó del calor intenso y la sequía a una postal invernal en altura. El comportamiento atmosférico plantea nuevos desafíos para la gestión ambiental y la prevención de riesgos.
Mientras el frente frío comienza a retirarse, la cordillera rionegrina permanece bajo observación. Las próximas jornadas permitirán evaluar el impacto real de las precipitaciones y definir si este episodio representa solo un paréntesis o un anticipo de condiciones más frías de lo habitual para lo que resta de la temporada estival.
Fuente: Diario Río Negro





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