
La ahorcaron por la espalda mientras entrenaba y logró huir hasta una garita policial
Policiales11/02/2026
REDACCIÓN
La joven contó que la ahorcaron por la espalda mientras entrenaba y logró huir hasta una garita policial. Hizo la denuncia y aportó una descripción clave del agresor.


El episodio ocurrió en un descampado de Caleta Olivia, en un horario en el que muchas personas todavía circulan, y aun así una rutina habitual terminó en una escena de violencia extrema. Una joven corredora entrenaba en las afueras de la ciudad cuando un hombre la abordó por detrás, la sujetó del cuello con fuerza y buscó tirarla al piso. La víctima logró soltarse con un golpe y corrió hasta una garita policial para ponerse a salvo.
El ataque se registró el lunes 9 de febrero, alrededor de las 18:00, en una zona descampada cercana al barrio 13 de Diciembre, camino hacia el sector del cartel de Bienvenida a Caleta Olivia, con rumbo al llamado “tanque negro”. El lugar, abierto y con poca cobertura, expone una preocupación que se repite entre deportistas que entrenan al aire libre. En la ciudad, además, el caso se leyó en un clima sensible por hechos recientes en la región.
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La víctima es Nazarena Gallegos, quien decidió contar lo ocurrido en redes sociales con un relato directo y sin vueltas. En su publicación describió el modo del ataque y el nivel de fuerza con el que intentaron inmovilizarla. “Alguien me atacó de atrás ahorcándome con el brazo muy fuerte hasta que me quedé sin aliento y cuando me quiso tirar al piso le pude pegar un codazo y salí corriendo como pude”, escribió.
Esa reacción cambió el desenlace en segundos y explica por qué el hecho no pasó a mayores. La corredora logró golpear a su agresor con un codazo y se lanzó a correr, sin detenerse, buscando el punto más cercano de resguardo. En otra parte de su testimonio contó cómo fue esa huida desesperada: “Me siguió un par de metros pero corrí sin mirar atrás en dirección al mar y fui directo a la garita de policía”.
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La joven relató también el impacto emocional que le quedó después de ponerse a salvo, con una sensación de angustia que no se apaga con el paso de las horas. Contó que en su entorno familiar intentaron sostenerla como pudieron, mientras ella procesaba la dimensión de lo que podría haber ocurrido. “Mis papás me decían ‘Dios no quiso que todavía te vayas de esta vida‘ y la verdad que me da angustia tener que pensar que eso podría haber pasado y también me da angustia recordar la situación.”, expresó en diálogo con el diario La Opinión Austral.
En la misma conversación, Gallegos puso en palabras una mezcla de miedo, tristeza y cansancio por tener que repetir el relato cada vez que alguien le pregunta. La exposición pública, en este tipo de casos, suele funcionar como un modo de advertir y pedir cuidado, pero también reabre el momento vivido. “Creo que si bien el susto pasó un poco, la angustia me queda, y tener que hablar también de eso me produce un poco de tristeza”, sostuvo.
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Aun así, eligió que su historia circule para que otras personas que entrenan en espacios abiertos tomen recaudos y para empujar a que la búsqueda del agresor avance. También explicó por qué evitó responder a medios o mensajes que le llegaron desde la zona en las primeras horas. “Tener que relatar el hecho me resulta chocante todavía”, contó, aunque remarcó su intención de que lo ocurrido no quede minimizado.
En ese punto aparece un dato que puede ser central para la investigación: la corredora aportó una descripción precisa del atacante. Según su testimonio, se trataría de “un chico joven entre 16/18 años“, de “tez blanca con pelo negro“, que llevaba un “conjunto negro de ropa tanto campera como pantalón y remera roja“. Esos elementos ya forman parte de la denuncia y del trabajo de identificación.
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La información conocida hasta el momento indica que la denuncia se radicó en la Comisaría Cuarta y que las autoridades trabajan con los datos aportados por la víctima para ubicar al agresor. El caso expone, además, la vulnerabilidad que enfrentan muchas personas al entrenar en zonas aisladas, incluso cuando se trata de horarios todavía activos. En paralelo, desde el entorno de la joven se multiplicaron los mensajes de apoyo para que pueda retomar su actividad sin quedar paralizada por el miedo.
Fuente: La Opinión Austral
















