
Un control vial destapó el escondite de 34 kilos de cocaína dentro de un auto
Policiales25/02/2026
REDACCIÓNLa droga estaba incrustada detrás del tablero. En un control de Gendarmería, un auto frenado en Salta reveló 44 paquetes y un peso final que sorprendió hasta a los efectivos.

En la intersección de las rutas nacionales 9 y 34, un control de rutina terminó abriendo una escena que no se detecta con una mirada rápida. La clave no pasó por un comportamiento agresivo ni por una maniobra sospechosa, sino por detalles en el relato de los ocupantes que hicieron ruido en plena verificación de papeles. Ese contraste entre lo que decían y lo que mostraba la situación empujó a los uniformados a ir más allá del chequeo habitual.
El procedimiento lo realizó personal de la Patrulla Fija “El Naranjo”, dependiente del Escuadrón 45 “Salta” de Gendarmería Nacional. El vehículo era un Chevrolet Onix en el que viajaban un hombre y una mujer, según la información oficial. En ese punto del norte argentino, donde confluyen corredores viales de alto tránsito, los controles buscan justamente cortar traslados que aprovechan el flujo constante de autos particulares.


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Lo que encendió la señal de alerta operativa fueron inconsistencias en las declaraciones de los dos ocupantes sobre su itinerario. No se trató de un detalle menor: esa contradicción fue suficiente para que los gendarmes dispusieran profundizar la inspección del rodado. En ese tipo de operativos, cuando el recorrido no cierra, el vehículo deja de ser un simple “paso” y se transforma en un objeto a revisar con lupa técnica.
La inspección exhaustiva llevó a un hallazgo poco común por el lugar elegido para ocultar la carga. Los efectivos detectaron 44 paquetes rectangulares de color negro acomodados detrás y debajo del tablero, en la zona del torpedo. Para acceder, usaron herramientas y trabajaron sobre una parte del auto que suele requerir tiempo, paciencia y conocimiento del montaje interno.
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Con la extracción completa, el procedimiento sumó una instancia central para confirmar de qué se trataba. Se aplicó la prueba de campo Narcotest, que dio resultado positivo para cocaína. El peso total informado fue de 34 kilos con 121 gramos, una cantidad que por sí sola reubica el caso en una escala relevante dentro de los secuestros en ruta.
A partir de ese resultado, la situación dejó de ser únicamente un operativo de control y pasó a estar directamente bajo orden judicial. El magistrado interviniente dispuso la detención de los dos involucrados. También ordenó el secuestro de la droga y del vehículo, medidas que apuntan a asegurar prueba, trazabilidad y eventuales responsabilidades.
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El dato del escondite no es accesorio: describe un modo de traslado pensado para sobrevivir a controles rápidos. No estaba a la vista ni en compartimentos típicos, sino en una zona que exige desarme o intervención para quedar expuesta. Esa elección, además, obliga a que los controles se apoyen tanto en la lectura humana —lo que no cierra en un relato— como en la revisión física y metódica del auto.
El escenario también explica por qué el cruce de la 9 y la 34 aparece con frecuencia como punto sensible de fiscalización. Son rutas con circulación constante y conexión con distintos destinos del país, lo que vuelve atractivo el intento de camuflar cargas en autos de uso común. En ese marco, el caso se construyó a partir de una señal inicial mínima y terminó con un secuestro que, por volumen, no entra en la categoría de hallazgo menor.
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Según el parte difundido este 24 de febrero de 2026, el procedimiento cerró con la droga y el rodado bajo resguardo, y con los dos ocupantes a disposición de la Justicia. La secuencia muestra cómo un control documentológico puede transformarse en un expediente penal cuando aparecen fisuras en la versión de viaje. Y deja un dato concreto para la crónica policial: 34,121 kilos de cocaína viajaban donde casi nadie mira, detrás del tablero.
















