
Bullrich cerró el debate: “La mejor política social no era un plan, sino condiciones para que haya trabajo”
Política28/02/2026
REDACCIÓNEn el cierre de la “modernización laboral”, la senadora de LLA defendió la reforma y cargó contra la intermediación social, los paros y la rigidez, con citas durísimas.

El tramo final del debate por la reforma de “modernización laboral” en el Senado dejó una intervención que buscó fijar el tono político de la discusión. Patricia Bullrich, jefa de senadores de La Libertad Avanza, respaldó con énfasis la iniciativa y planteó que el objetivo del Gobierno apunta a que “los derechos de los trabajadores no sean propiedad de una casta”. Desde esa premisa, llevó el foco hacia el modo en que, según su mirada, operaron durante años los planes sociales y las estructuras de representación.
Bullrich sostuvo que la gestión de Javier Milei “demostró” un cambio de enfoque sobre la política social y lo vinculó con inversión y empleo. “La mejor política social no era un plan, sino condiciones para que haya posibilidades de inversión y de trabajo”, afirmó durante su discurso de cierre. Con esa frase, intentó instalar que el debate no se agota en normas laborales, sino que también discute el modelo de asistencia y sus derivaciones.


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En ese marco, apuntó directo al sistema de planes y lo describió como la forma más cruda de precarización. “Esta es la primera oportunidad que no podemos perder. No podemos volver a los planes que defendieron tantos años”, lanzó, y enseguida preguntó: “¿Hay algo más precarizado que un plan social?”. En la misma idea, agregó una caracterización que atravesó gran parte de su exposición: “Un gerente de la pobreza”, y remarcó que ese esquema no ofrecía “ni jubilación, ni riesgos de trabajo”.
El tramo más áspero del discurso llegó cuando vinculó esa dinámica con control social. “Se defendieron durante años millones de planes sociales para tener a la gente como ganado. Eso no es justicia social. Eso es tener a la gente sin libertad”, dijo. En esa construcción, Bullrich presentó el recorte de la intermediación como un punto de quiebre que modificó comportamientos visibles en las calles.
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Según su planteo, el fin de la intermediación de organizaciones sociales impactó en la presencia de manifestantes en el centro porteño. “Cuando el Gobierno terminó con la intermediación de las organizaciones sociales, la gente dejó de venir”, sostuvo. Y amplió con una imagen concreta: “No se ve más a las mujeres con los chicos viniendo, porque se liberaron”, dijo, al tiempo que afirmó que quienes cobraban planes “se dieron cuenta” de una explotación.
En esa misma secuencia, la senadora insistió con una idea de ruptura personal y la expresó con lenguaje explícito. “Se dieron cuenta que podían salir de la esclavitud”, afirmó, y sumó: “Lo más difícil para alguien que vive en la esclavitud es darse cuenta que es un esclavo”. Luego completó con la frase que se llevó el centro del impacto: “Hasta que se da cuenta, se libera y los manda a la mierda”, y lo ató a su diagnóstico sobre “los gerentes de la pobreza”.
Bullrich también trazó una lectura sobre quiénes sostienen hoy las protestas, ya sin la movilización masiva que describió para años anteriores. “Vienen nada más que algunos grupos antifascistas, algunos kirchneristas y algunos de izquierda”, dijo, y contrapuso esa escena con una vida cotidiana que, según su relato, se reordenó. “Los demás se quedan en su casa haciendo su vida y mandando a los chicos a la escuela y no trayéndolos como hacían acá”, cerró en ese pasaje.
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El discurso, además, metió presión sobre la discusión sindical al poner en cuestión la frecuencia de los paros generales. “En el mundo los paros generales no existen más”, afirmó, pero contrastó con el caso argentino: “Acá parece que los paros generales son un juego permanente y van todos los dirigentes detrás”. Con esa crítica, buscó asociar el conflicto recurrente con un freno a la actividad económica y al empleo formal.
En el tramo dedicado a la regulación laboral, Bullrich cuestionó políticas de gobiernos anteriores por su efecto sobre la informalidad. “En el nombre de los trabajadores se mando a la informalidad a miles y miles”, dijo, y lo definió como “una estafa moral” que, según aseguró, intentará corregir la nueva ley “para darle previsibilidad a las empresas y a los trabajadores”. Sobre el cierre, ligó la reforma con una señal de rumbo y con un balance de estancamiento: “Esta reforma envía señales claras. Argentina quiere volver a crecer. Hace 15 años que no crecemos”, y remató su postura contra un dogma que resumió con una batería de negaciones: “¡Mentira! Más juicios, más oportunidades. ¡Mentira! Más conflicto, mas justicia social. ¡Mentira!”.















