
Las cabezas de langostino, el negocio que puede nacer en Madryn, desde el descarte
Chubut28/02/2026
REDACCIÓNEl CESIMAR ya trabaja en escala piloto para transformar residuos en alimento animal. El desafío no es descubrir el valor nutricional, sino integrarlo al parque pesquero.

En el parque pesquero de Puerto Madryn circulan cada año miles de toneladas de cabezas de langostino que hoy se tratan como residuo, aunque contienen proteínas, omega 3 y minerales de alto valor. El desafío ya no pasa por demostrar que sirven, sino por integrarlas al mismo circuito productivo que hoy exporta la colita como producto estrella. Allí es donde el equipo del CESIMAR, encabezado por Augusto Crespi, empezó a mover una pieza más ambiciosa: transformar descarte en industria.
La cifra es contundente. Según explicó Crespi, se descartan en promedio 30.000 toneladas anuales de cabezas de langostino, dependiendo de la temporada. No es un flujo continuo, porque la pesca tiene pulsos, pero el volumen general es suficiente para pensar en una línea productiva estable.


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“Es una oportunidad que se puede aprovechar y se está actualmente derrochando”, señaló el investigador. No lo plantea como un problema ambiental desatendido, sino como un recurso desaprovechado dentro de una actividad que ya mejoró sus protocolos de disposición final. El punto ahora es agregar valor.
El equipo logró estabilizar el producto, que era el principal obstáculo técnico. “El gran desafío que tuvimos fue justamente eso: cómo lograr estabilizar el producto con esa capacidad nutricional”, explicó Crespi. El langostino se desintegra rápido, y sin un tratamiento adecuado pierde calidad en pocas horas.
Hoy el proyecto dejó atrás la escala experimental. “Arrancamos en el laboratorio con unos pocos kilos y ahora estamos manejando quizás 500 kilos”, detalló. El salto de cinco o siete kilos a cientos implicó nueva maquinaria, otra logística y ajustes propios de una etapa preindustrial.
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El proceso requiere cercanía con la fuente. El frío es uno de los costos más altos de la industria pesquera y no admite traslados largos. “La idea es minimizar el tiempo de traslado y tener la línea de producción cerca del lugar donde se procesa el langostino”, sostuvo. La propuesta es clara: integrar la planta dentro del mismo parque pesquero.
En términos operativos, el circuito es rápido. Desde que ingresa la cabeza hasta que el producto está listo y envasado transcurren alrededor de 48 horas. Después ya no necesita refrigeración y puede almacenarse a temperatura ambiente, lo que reduce costos logísticos.
El proyecto se inscribe en dos conceptos que en Puerto Madryn no son abstractos: economía azul y economía circular. “Una vez que se cierre un proceso productivo en torno a este descarte, estamos reutilizando un desecho para ponerlo en valor”, explicó Crespi. La meta es que la actividad extractiva genere cada vez menos residuos finales.
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La predisposición empresarial aparece como una variable decisiva. “La idea proyecto surgió de diálogo con una empresa del sector”, contó el investigador, y destacó que el sector pesquero viene mejorando protocolos ambientales. No se trata de señalar fallas, sino de profundizar un compromiso que ya existe.
El horizonte inmediato no es académico, es productivo. Si la línea piloto termina de ajustarse, el siguiente paso es la instalación industrial definitiva dentro del mismo ecosistema pesquero. Allí, el langostino ingresaría a planta y saldría en dos circuitos paralelos: el producto exportable y el alimento derivado de su cabeza.
Puerto Madryn procesa uno de los recursos más valiosos del mar argentino. El interrogante ahora no es si las cabezas sirven, sino cuánto valor adicional puede capturar la ciudad si logra convertir lo que hoy es descarte en una segunda industria.















