Los países alrededor de Teherán miran con miedo: fronteras, desplazamientos masivos y un golpe al petróleo

Democracia en voz alta28/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Los países alrededor de Teherán miran el conflicto con una lista corta de miedos: fronteras bajo presión, desplazamientos masivos y un golpe al petróleo. Expertos advierten que forzar un cambio de régimen desde afuera puede abrir una etapa más inestable.

Ataque en medio oriente bombas
Ataque en medio oriente bombas

El impacto de una ofensiva no siempre se mide por lo que ocurre en el objetivo inmediato, sino por lo que se desata alrededor. En los países que rodean a Irán, la pregunta dominante no pasa por el nombre de la operación militar sino por sus repercusiones en cadena. En esa lectura, el riesgo combina seguridad, movimientos de población y energía en un mismo mapa.

Entre los temores más repetidos aparece el del estrecho de Ormuz, una llave por donde circula buena parte del petróleo que sostiene la economía regional. Una fuente diplomática de un país fronterizo con Irán anticipó que, ante ataques estadounidenses, “Irán responderá y la crisis se extenderá por toda la región, con el bloqueo del estrecho de Ormuz”. Esa posibilidad se conecta con otra preocupación: la reacción de aliados de Teherán y la expansión de acciones indirectas en distintos puntos de Medio Oriente.


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La misma fuente diplomática agregó que el problema no se limita a la respuesta militar y sumó un factor social que suele acelerar tensiones políticas. Según esa advertencia, “el caos en Irán afectaría a Turquía y a la Unión Europea con una posible afluencia masiva de refugiados”. La referencia no habla de un fenómeno marginal, sino de un desplazamiento que podría reconfigurar fronteras y agendas internas en países receptores.

En ese marco, el eje del “cambio de régimen” aparece como un punto sensible porque abre un vacío difícil de administrar. Un alto responsable de un servicio de inteligencia europeo sostuvo que “si debe haber un cambio de régimen, debe venir desde el interior del país”. La frase funciona como advertencia política y también como diagnóstico operativo: sin una transición estable, el derrumbe de un poder central puede empujar a un territorio a lógicas de fragmentación.


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Esa idea se refuerza con un argumento que mira antecedentes recientes. Pierre Razoux, director de estudios de la Fundación Mediterránea de Estudios Estratégicos (FMES), remarcó que si Estados Unidos o Israel intentan imponer ese proceso “podrían provocar el efecto contrario”, aludiendo al caos que siguió al derrocamiento de Muamar Gadafi en Libia en 2011. El ejemplo pone el foco en el día después: la violencia no se termina con el golpe inicial si quedan espacios sin control.

Aun así, Razoux matizó el paralelismo y sostuvo que “Irán es un país homogéneo” y que, aunque existan minorías, el sentimiento nacional es fuerte. Esa afirmación introduce un contrapunto: el temor al colapso convive con la idea de que el Estado iraní posee cohesión social y territorial superior a la de otros casos. La discusión se vuelve más compleja porque mezcla hipótesis de fragmentación con límites estructurales a esa deriva.


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El riesgo, de todos modos, no se agota en Teherán y se proyecta hacia grupos que podrían aprovechar un debilitamiento del país. Turquía aparece en esa lista por su relación con la cuestión kurda y por su experiencia con movimientos migratorios. Gonul Tol, del Middle East Institute, recordó que en protestas anteriores Ankara temía que, ante una caída del régimen, los grupos kurdos se fortalecieran y advirtió que “los grupos vinculados al PKK se volverían más activos”.

Pakistán también figura como un vecino expuesto, con tensiones propias en su periferia. La analista y exdiplomática Maleeha Lodhi alertó que los ataques estadounidenses “tendrían consecuencias desestabilizadoras para toda la región, y Pakistán podría verse especialmente afectado”. En el mismo planteo, señaló que “cualquier espacio sin control cerca de las fronteras fortalecería a los activistas en la inestable provincia de Baluchistán y representaría una grave amenaza para su seguridad”, un punto que conecta desorden estatal con insurgencias locales.


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Cuando el foco se desplaza a los refugiados, el tamaño del país se vuelve central para dimensionar el problema. Sinan Ülgen, investigador asociado de Carnegie Europe, sostuvo que “el impacto sería probablemente mucho mayor, dada la magnitud del país, su población y su heterogeneidad”, al referirse a Irán como un territorio de cerca de 90 millones de habitantes. En esa línea, el analista Nikita Smagin señaló que Turquía, Azerbaiyán y Armenia miran el fenómeno con preocupación porque podrían transformarse en destinos directos de esos flujos.

En paralelo, los Estados petroleros del Golfo observan otro frente de tensión que puede afectar proyectos internos millonarios. Cinzia Bianco, investigadora sobre el Golfo en el European Council on Foreign Relations (ECFR), indicó que esos países “están preocupados por posibles ataques contra infraestructuras energéticas y por un eventual bloqueo del flujo” en Ormuz. Bianco agregó que “todo sería más complicado con una crisis petrolera” y que gestionar las consecuencias de seguridad de un cambio de régimen en Irán sumaría complejidad a agendas de transformación económica, grandes obras y transiciones energéticas.

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