El 5% del país ya está en manos extranjeras y la Patagonia concentra la mira

Actualidad01/03/2026Sergio BustosSergio Bustos

La Patagonia volvió al centro del debate por la propiedad de la tierra. Un informe del Observatorio de Tierras del CONICET reveló que el 5% del territorio argentino pertenece a propietarios extranjeros, una cifra que reaviva discusiones sobre soberanía, recursos estratégicos y control a largo plazo. En el extremo sur, la extranjerización no se limita a una cuestión estadística: adquiere dimensión geopolítica.

tierras manos extranjeros
Extranjeros se apropian de la Patagonia.

Las cifras son contundentes. Desde las 900.000 hectáreas del grupo Benetton hasta las 155.000 del conglomerado francés Somuncura, pasando por las 140.000 del estadounidense Rabino Elimeir Libersohn y las 130.000 de la canadiense Gold Corp, grandes extensiones del territorio patagónico forman parte de portafolios internacionales. La pregunta que atraviesa el informe no es solo quién compra, sino por qué.

Uno de los factores centrales es el agua. La Patagonia constituye una de las mayores reservas hídricas del planeta, con recursos que superan los 100.000 hectómetros cúbicos anuales. En Santa Cruz existen más de 2.320 glaciares, que funcionan como reservorios estratégicos de agua dulce y alimentan cuencas clave para el país.


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El sistema hídrico tiene además una dimensión energética. La cuenca del río Limay, con el embalse Exequiel Ramos Mexía, concentra una capacidad hidroeléctrica decisiva para el abastecimiento. El río Santa Cruz, por sí solo, aporta unos 23.000 hectómetros cúbicos anuales, lo que posiciona a la región como pieza fundamental en la matriz energética y productiva.

Este escenario se vuelve más sensible frente al cambio climático. Proyecciones indican que ríos como el Chubut podrían reducir su caudal hasta un 30% hacia finales de siglo, lo que transforma la preservación de cuencas en un tema de seguridad nacional. En ese contexto, el control de tierras con acceso a agua adquiere valor estratégico.

A la variable hídrica se suma la llamada “Marca Patagonia”, un activo simbólico que excede lo turístico. La región se asocia internacionalmente con pureza, exclusividad y naturaleza intacta. Productos con denominación de origen, como el vino patagónico o el cordero, se benefician de ese sello de calidad que incrementa su valor en el mercado global.


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El respaldo institucional refuerza ese posicionamiento. Provincias patagónicas avanzaron en acuerdos para consolidar una marca territorio, con emblema registrado ante el INPI y acompañamiento técnico del Consejo Federal de Inversiones. Este paraguas identitario multiplica la competitividad de cualquier emprendimiento radicado en la región.

Otro eje señalado por el informe es la opacidad en la gestión de tierras fiscales. Reportes oficiales advierten sobre procesos de licitación y remates poco transparentes que generaron un mercado “enrarecido”, donde inversores externos acceden con ventajas frente a pequeños productores. La falta de títulos saneados y mensuras claras desalienta la inversión local y expone a ocupantes históricos a situaciones de vulnerabilidad.

La revalorización del paisaje también impulsa fenómenos de especulación inmobiliaria y “turismo extractivo”. En localidades cordilleranas se registraron cierres de accesos públicos a lagos y desmontes para desarrollos privados de alta gama. El atractivo natural se transforma así en un activo financiero.


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A este cuadro se incorpora la tecnología. Innovaciones en biotecnología agrícola, riego de precisión y recuperación de suelos permiten transformar áreas áridas o salinizadas en superficies productivas. Técnicas como el drenaje, la irrigación controlada o el uso de biofertilizantes elevan exponencialmente el valor potencial de tierras antes consideradas marginales.

En paralelo, la tierra se consolida como activo de refugio. En un contexto de volatilidad financiera, los grandes capitales buscan activos tangibles que preserven valor. Argentina presenta precios históricamente bajos en comparación con mercados globales, lo que incrementa el atractivo. A ello se suma la posibilidad de generar ingresos futuros mediante forestación, producción agropecuaria o venta de bonos de carbono.

La Ley de Tierras (26.737) establece un límite del 15% para la propiedad extranjera, especialmente en zonas con recursos hídricos estratégicos. Sin embargo, algunas provincias implementaron regímenes de incentivos y estabilidad fiscal por diez años para atraer inversiones, compitiendo con países de mayor previsibilidad jurídica.


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La Patagonia dejó de ser un territorio remoto para convertirse en un tablero donde confluyen agua dulce, energía, biodiversidad, tecnología y finanzas globales. El debate no se agota en la extensión de hectáreas adquiridas, sino en el control futuro de recursos que, en un escenario de escasez mundial, pueden definir posiciones estratégicas.

Mientras los números del catastro alimentan la discusión pública, la región continúa acumulando interés internacional. El interrogante abierto no es solo cuánto territorio cambió de manos, sino qué implicancias tendrá esa tendencia cuando el agua y el suelo se consoliden como bienes cada vez más disputados.

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