Aseguran que más del 50% de los argentinos tiene exceso de peso

Actualidad04/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El ministro dijo que más de la mitad del país tiene exceso de peso y habló de actualizar guías alimentarias. Apuntó contra ultraprocesados y pidió más claridad.

Medidor de grasa. Foto Freepik
Medidor de grasa. Foto Freepik

El debate sobre qué comemos volvió al centro de la escena con una cifra que incomoda por lo directa: “más del 50 por ciento de los argentinos tiene exceso de peso”, según afirmó el ministro de Salud, Mario Lugones. La declaración, difundida en un posteo en la red social X, combinó diagnóstico sanitario, mensajes sobre hábitos cotidianos y una promesa de cambios en las recomendaciones oficiales. El funcionario planteó que la discusión no se agota en la voluntad individual, sino que se conecta con el tipo de alimentos que dominan la mesa y el supermercado.

Lugones sostuvo que el exceso de peso no es un fenómeno aislado, sino una tendencia que crece en el país y en el mundo. En su mensaje definió que “la obesidad es una epidemia en aumento” y la vinculó con un conjunto amplio de enfermedades. Mencionó que se asocia a más de 200 enfermedades no transmisibles, entre ellas diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, en una enumeración que buscó mostrar el alcance del problema más allá de lo estético.


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El ministro eligió instalar una línea de acción con un lenguaje simple y orientado a la vida diaria. Planteó que la población debería priorizar alimentos “reales, nutritivos y mínimamente procesados” como forma de prevenir la obesidad. En esa misma idea, sumó la actividad física sostenida en el tiempo como complemento necesario para bajar riesgos y controlar el aumento de peso.

En su argumento, la prevención ocupó el lugar principal y no quedó presentada como un consejo genérico. Lugones afirmó: “No hay dudas: la estrategia más eficaz y accesible para las enfermedades no transmisibles es la prevención”, con una mirada que empuja la política sanitaria hacia acciones antes de que aparezca la enfermedad. El mensaje intenta correr el eje de la respuesta tardía y propone que el sistema, las familias y los entornos cotidianos no esperen a que el problema se vuelva irreversible.


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Uno de los puntos más fuertes de su publicación fue el señalamiento al tipo de productos que ganaron terreno en el consumo. Según el ministro, “el consumo creciente de productos ultraprocesados, con alto contenido de azúcares, grasas, aditivos y colorantes sintéticos es parte del problema”. La frase funciona como advertencia y también como una crítica a un modelo de alimentación cada vez más atravesado por fórmulas industriales y por etiquetas difíciles de leer.

Ese tramo del mensaje desembocó en una demanda concreta sobre el mercado y la información disponible. Lugones sostuvo: “Es fundamental revisar ingredientes, mejorar estándares y garantizar información clara sobre lo que consumimos”. La idea apunta a que el consumidor pueda decidir con más herramientas, pero también a que existan reglas más exigentes sobre lo que se ofrece y cómo se comunica.


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En paralelo, el ministro enmarcó la discusión en un concepto político: la “libertad” de elegir. Afirmó que, “así como (Donald) Trump en Estados Unidos, el presidente (Javier) Milei apoya la libertad de cada individuo de tomar decisiones informadas”, y desde ahí introdujo el rumbo que pretende para las guías alimentarias. En ese punto sumó que el Gobierno va hacia “una actualización de las recomendaciones alimentarias sin sesgos ideológicos”, una formulación que abre un capítulo sobre cómo se redactan esas guías y qué enfoque dominó hasta ahora.

La promesa de actualizar recomendaciones alimentarias le da al mensaje una dimensión institucional que excede la publicación en redes. No se trata solo de un llamado a comer mejor, sino de un anuncio de revisión de criterios y mensajes oficiales que impactan en campañas, escuelas y sistema de salud. En ese marco, la referencia a “sesgos ideológicos” sugiere un cambio de tono y de contenido, aunque el texto no detalla cuáles serán los ajustes concretos.


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La discusión sobre el exceso de peso aparece, además, atravesada por una realidad que suele complicar las soluciones rápidas: comer “real” no siempre es lo más fácil, lo más barato o lo más accesible en tiempo. Por eso, el señalamiento a ultraprocesados y a la necesidad de información clara no se lee solo como un consejo individual, sino como un intento de intervenir sobre el entorno alimentario. En el trasfondo, queda la pregunta de qué herramientas usará el Estado para que esa prevención sea algo más que una consigna.

Con su mensaje, Lugones instaló un diagnóstico y un rumbo: menos ultraprocesados, más claridad sobre ingredientes, más actividad física y una revisión de las guías oficiales. La cifra del “más del 50 por ciento” funciona como disparador de un debate que toca hábitos, industria, educación y políticas de salud. A partir de ahora, la atención estará puesta en cómo se traduce esa promesa de actualización en cambios concretos y en qué medidas acompañan el llamado a elegir mejor.

Fuente: NA.

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