
“Los abandonaron”: la familia de un tripulante del ARA San Juan llegó al juicio con bronca
Actualidad04/03/2026
REDACCIÓNLos padres del suboficial salteño Luis Nolasco siguieron la primera audiencia desde Salta y apuntaron a la asistencia que, dicen, nunca llegó. El proceso en Río Gallegos se extiende hasta julio.

Ocho años después del hundimiento del ARA San Juan, el inicio del juicio volvió a poner a las familias frente a una escena que esperaron demasiado tiempo: un tribunal, fechas concretas y la promesa de que alguien responda qué ocurrió. Desde Salta Capital, Alicia López y Miguel Nolasco, padres del suboficial Luis Nolasco, hablaron con Radio LU12 AM680 y dejaron un reclamo que se repitió como un latigazo durante la entrevista. “Para mí, los abandonaron. No brindaron el auxilio como tendrían que haber brindado”, dijo ella, con la expectativa puesta en que el juicio abra finalmente una puerta a la verdad.
La ansiedad por este punto de partida aparece incluso antes de cualquier condena o absolución. Alicia lo resumió con una frase directa: “Esperábamos tan ansiosos este 3 de marzo para que empiece el juicio”. Para la familia, el valor del proceso no se agota en la formalidad judicial, sino en la chance de despejar la pregunta que quedó suspendida desde 2017: “La pregunta que nos hacemos y nos hacíamos es qué pasó. Hasta que alguno diga la verdad y que se sepa la verdad, y que sea justicia”.


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El reclamo de “abandono” no se construye solo desde lo emocional, sino también desde una crítica concreta a las condiciones del submarino y a la respuesta posterior. Miguel planteó que el juicio debería servir para mostrarle a la sociedad lo que, a su entender, se ocultó o se toleró durante demasiado tiempo. “Estamos esperando que esto sirva para demostrar a la gente que se sepa la verdad y se haga justicia. Ya son ocho años. Mi hijo no fue a una guerra. Fue a un patrullaje que querían hacer”, sostuvo.
En esa misma línea, Miguel agregó una pregunta que funciona como acusación sobre el estado del buque. “El submarino estaba ya en malas condiciones desde hace mucho tiempo. ¿Cómo puede ser que una manguera hidráulica esté atada con alambre?”, dijo. Para la familia, el juicio no debería agotarse en los acusados actuales, porque sienten que la cadena de responsabilidades podría ser más amplia.
Alicia también apuntó a ese punto sin rodeos: “Pienso que sí, que hay más responsables”. La frase no describe un detalle técnico, sino una sospecha extendida entre familiares: que el caso no se explica solo por una falla puntual, sino por decisiones previas, omisiones y respuestas tardías. En ese mapa, la palabra “auxilio” se vuelve clave, no como consigna, sino como pregunta sobre lo que se hizo y lo que no se hizo cuando se perdió contacto.
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Luis Nolasco tenía 30 años cuando el submarino perdió contacto el 15 de noviembre de 2017. El texto lo identifica como Cabo Principal, Luis Carlos Nolasco, nacido el 3 de junio de 1987 en Salta, egresado en 2004 de la Escuela Técnica República de la India con el título de técnico electricista. Ingresó a la Armada en 2007 y desde 2015 se desempeñaba como Auxiliar en el Cargo Electricidad del ARA “San Juan”.
Para sus padres, el recorrido de Luis no fue lineal y por eso lo recuerdan con un orgullo particular. Alicia contó que el primer intento no le salió como esperaba: “El primer año intentó y no pudo rendir bien por la psicología. El segundo año rindió bien y se fue”. Luego relató la decisión de avanzar hacia el curso de submarinista y el diálogo familiar que la acompañó: “Nosotros le dijimos: ‘Hijo, ¿cómo vas a hacer eso?’”, recordó, hasta que él respondió: “Voy a intentar, si llego, llego”.
En la vida cotidiana, Luis formó su familia en Miramar y sostenía un vínculo permanente con Salta. Alicia repasó la rutina de llamadas, mensajes y videollamadas, y recordó el último contacto antes de zarpar desde Ushuaia. “Me llamó primero a mí, después a su hermana y a su papá. Siempre en contacto, llamadas, mensajes, videollamadas. Siempre estábamos pendientes él de nosotros y nosotros de él”, dijo.
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Ese último tramo de viaje también tenía un objetivo simple y doméstico, que en el relato familiar quedó congelado como símbolo de lo inconcluso. Alicia recordó lo que Luis le decía antes de la navegación: “Bueno mamá, nos vamos a navegar con esta navegación, vamos a ganar unos pesitos más, y con eso quiero venir a Salta y terminar lo que dejé”. Y detalló el plan: “No quiero que venga ningún electricista, yo quiero terminar lo que empecé”, en referencia a una ampliación en la casa que había comenzado como electricista.
Cuando llegó la noticia de la “pérdida de contacto”, la dimensión de la tragedia no apareció de inmediato. Alicia contó que quien los llamó fue otro hijo, gendarme en Buenos Aires, cerca de la medianoche. “Uno no se imagina cómo es el mar, el submarino. Pensábamos que en algún momento iban a retomar el contacto y llegar a Mar del Plata”, relató, hasta que la esperanza se fue deshilachando con el paso de los días.
Mientras el juicio corre en Río Gallegos, la familia sostiene la memoria desde Salta, sin esperar un gesto externo que, dicen, muchas veces no llega. En el barrio Limache levantaron un mural para recordar a Luis y a sus compañeros. “Es el único mural acá en Salta Capital. Todo nace de nosotros, de la familia. Si no hacemos nada, ellos van a ser olvidados”, afirmó Alicia, y contó que cada 15 de noviembre organizan homenajes para mantener presente a los 44 tripulantes.
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Miguel, que trabaja como jardinero desde hace tres décadas, también llevó el relato hacia la identidad familiar y el esfuerzo cotidiano. “Somos una familia de laburantes”, dijo, y lo conectó con la decisión de acompañar a sus hijos en sus elecciones. “Nosotros les decíamos que tenían que elegir una carrera. Mientras estemos, los vamos a acompañar”, agregó, en un tramo que muestra cómo el dolor convive con la idea de sostén y orgullo.
El juicio en el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz se extenderá, según el texto, hasta el 8 de julio, y las familias lo siguen jornada a jornada a través de sus abogados. Alicia lo dijo sin maquillaje, con la paciencia forzada de los años: “Nos queda un montón por delante. Falta mucho”. En esa espera, su objetivo no cambia: “Que se haga justicia y que se sepa la verdad”.
Fuente: La Opinión Austral
















