
El parque recupera senderos, excursiones y movimiento turístico mientras sigue bajo vigilancia por posibles columnas en sectores quemados y bordes sensibles.

Mientras el calor vuelve a apretar en la cordillera y el fin de semana asoma con temperaturas altas, en el Parque Nacional Los Alerces conviven dos movimientos al mismo tiempo. Por un lado, se reabren senderos, excursiones y espacios pensados para los visitantes, una señal importante para una comarca que necesita recuperar actividad. Por el otro, el incendio todavía no puede darse por terminado y obliga a sostener recorridas diarias, observación aérea y trabajo sobre los bordes del área quemada para evitar reactivaciones.
Esa doble condición quedó expuesta en la entrevista que #LA17 mantuvo con Ariel Rodríguez, intendente del parque, quien describió un presente menos dramático que el de las semanas más duras, aunque lejos todavía de una tranquilidad plena. “Por suerte no tenemos columnas de humo, no han aparecido después de estas jornadas de lluvia que hemos tenido”, señaló al hablar de los focos de La Tapera y Puerto Café. Sin embargo, aclaró que ambos incendios siguen declarados como contenidos y que las altas temperaturas previstas obligan a mirar con atención lo que pueda pasar en el bosque en los próximos días.


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El caso de La Tapera aparece hoy como el más cercano a un cambio de situación, sobre todo por su menor superficie afectada. Rodríguez explicó que ese incendio alcanzó unas 50 hectáreas y que, por esa razón, entienden que podría modificarse su estatus en poco tiempo. Distinto es el panorama en Puerto Café, donde el tamaño del área quemada obliga a un seguimiento mucho más exigente, porque cualquier aumento de temperatura o cambio en las condiciones puede volver a mostrar humo dentro del perímetro ya afectado o en zonas cercanas a los bordes.
En esa vigilancia cotidiana, el parque trabaja sobre una rutina que ya quedó instalada desde hace semanas. “Generalmente las recorridas con el personal empiezan a las 14 horas, que es donde empezarían a aparecer las posibles columnas”, explicó el intendente, al detallar que cualquier señal que surja se ataca de manera inmediata. A eso se suma el trabajo de un avión observador que recorre la totalidad de la superficie dañada, unas 17.000 hectáreas aproximadamente, además de las hectáreas afectadas fuera del parque en el sector provincial, con el objetivo de detectar cuanto antes cualquier columna nueva.
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Ese sostén operativo permitió avanzar sobre otro frente igual de sensible para la región: la vuelta progresiva del turismo. Rodríguez confirmó que prácticamente todas las áreas habilitadas para uso recreativo y turístico ya retomaron actividad, con una sola excepción puntual. “Lo único que no ha abierto, por ejemplo, es la concesión que tenemos en el Camping Arrayanes, pero después el resto abrieron todos”, sostuvo, y agregó que también se recuperaron senderos y excursiones, entre ellas las vinculadas al Alerzal y al Glaciar Torrecillas.
La reapertura no se resolvió con una lógica automática ni con una simple vuelta a la normalidad previa, porque en varios sectores el incendio obligó a rediseñar recorridos y sumar resguardos. En el tramo que conduce hacia Puerto Chucao, por ejemplo, el parque adoptó una modalidad especial sobre el lago Menéndez, con acompañamiento del personal y de los guías de las empresas, para atravesar de manera más segura un sitio que resultó afectado por el fuego. Esa decisión muestra que la recuperación turística existe, pero convive con un territorio todavía marcado por el incendio y por las precauciones que ese daño impone.
Al repasar lo ocurrido durante estos meses, Rodríguez puso especial énfasis en la magnitud del trabajo conjunto que se desplegó para sostener el combate y la logística en pleno verano. “Hubo una muestra de solidaridad enorme para con nuestro parque”, afirmó, y remarcó que la ayuda llegó desde otras jurisdicciones, organismos y también desde el voluntariado. En su descripción, no solo hubo personas abocadas al frente del fuego, sino también a tareas de cocina, atención sanitaria y sostenimiento de campamentos, una red que volvió posible una respuesta prolongada en un contexto muy exigente.
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Ese reconocimiento al esfuerzo colectivo también quedó ligado a una demanda concreta hacia la Justicia por los incendios intencionales que afectan al parque desde hace años. Rodríguez sostuvo que el problema no puede naturalizarse ni quedar absorbido por la repetición de las temporadas críticas. “Hace muchos años que este parque recibe ese flagelo de quemas intencionales”, dijo, y recordó que, más allá del foco más importante de este verano originado por rayos, hubo otros tres incendios, entre ellos La Tapera, sobre los que se radicaron denuncias con la expectativa de identificar a los responsables.
Esa insistencia no responde solo a una necesidad penal abstracta, sino también al respeto por quienes arriesgan la vida para contener los incendios y preservar el bosque. “Hay que buscar el responsable sin lugar a dudas y que cumpla con todas las penas que corresponden”, planteó el intendente, después de subrayar que llegó personal de todo el país y que muchos combatientes trabajaron durante 15 o 20 días casi sin descanso, con herramientas manuales y bajo una exigencia física enorme. En ese punto, el reclamo judicial aparece ligado tanto al daño ambiental como al esfuerzo humano que deja cada operativo.
El incendio de Puerto Café, además, sigue funcionando como recordatorio de que la emergencia no terminó. Rodríguez señaló que ese foco comenzó en diciembre y todavía no pudo ser declarado extinguido. “No se apagó, no está trabajándose, sabemos que no va a ampliar su superficie, eso seguro, pero no hay que descuidarse”, resumió, en una frase que deja claro el estado actual: el riesgo de expansión está controlado, pero la vigilancia sigue siendo indispensable hasta que lleguen épocas más frías y den un respiro sobre un territorio enorme que todavía necesita recorridas permanentes.
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El costo material de todo ese proceso también quedó bajo la lupa durante la entrevista. El intendente consideró que se trató de uno de los incendios que más recursos demandó al Estado en todos sus niveles, desde el nacional al municipal, y añadió que ahora se abre otra etapa, igual de compleja, vinculada con la reconstrucción. Allí ya no se trata solo de apagar focos o custodiar bordes, sino de sostener la parte socioeconómica de la región, reparar campos, galpones y viviendas afectadas fuera del parque, y acompañar a quienes viven directa o indirectamente del recurso paisajístico, turístico y productivo que dejó marcas profundas después del fuego.
En esa etapa también entra la reorganización interna del propio parque, que deberá revisar funcionamiento, prioridades y recursos después de semejante impacto. Rodríguez recordó que Los Alerces es un área protegida con una gran superficie, con 120 personas dentro de su estructura y con la responsabilidad adicional de custodiar un sitio declarado patrimonio natural de la humanidad. Por eso habló de un diagnóstico en marcha y de un plan de reestructuración para salir adelante, al tiempo que convocó a recuperar la presencia de visitantes con actividades y eventos asociados al deporte y al agua, no solo como un gesto de disfrute del paisaje, sino también como parte de una recuperación económica que la comarca necesita sostener en este cierre de temporada.




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