
Irán abrió otra oleada de misiles y el conflicto volvió a expandirse fuera de Israel
Actualidad06/03/2026
REDACCIÓNLa nueva ofensiva iraní incluyó misiles balísticos Khorramshahr-4, coincidió con un ataque israelí en Sidón y sumó reportes sobre bases estadounidenses alcanzadas en la región.

La escalada entre Irán e Israel sumó este viernes otro capítulo de alto voltaje con una nueva oleada de misiles lanzados desde territorio iraní, en una secuencia que ya no queda contenida dentro del frente directo entre ambos países. La novedad más fuerte pasa por el tipo de armamento mencionado por Teherán y por el modo en que el conflicto volvió a derramarse sobre otros escenarios regionales en la misma jornada. La sensación de expansión no surge sólo del volumen de fuego, sino también de la superposición de ataques, amenazas y blancos en distintos países.
Según la agencia Xinhua, que citó a la semioficial Tasnim, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica informó el comienzo de la “22ª oleada” de la operación denominada Promesa Verdadera 4. En ese parte, Irán aseguró que utilizó un gran número de misiles Khorramshahr-4, presentados como parte de su capacidad balística más pesada. La formulación elegida por el aparato militar iraní buscó remarcar no sólo continuidad operativa, sino también un salto en la potencia simbólica y técnica del ataque.


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El foco de esa ofensiva, siempre según la versión iraní citada por Xinhua, estuvo puesto “directamente al corazón de los territorios ocupados”, la expresión con la que Teherán se refiere a Israel. Al mismo tiempo, la agencia reportó que las defensas aéreas israelíes estaban interceptando otra tanda de lanzamientos, lo que confirma que el intercambio seguía activo y que la jornada no había cerrado con una única andanada. La importancia del dato no está sólo en el ataque inicial, sino en la señal de persistencia que dejaron los reportes de interceptación posteriores.
Pero el conflicto no quedó limitado a ese frente. Xinhua también informó que un ataque aéreo israelí impactó este viernes al mediodía sobre un edificio residencial en Sidón, en el sur del Líbano, y que ambulancias acudieron al lugar mientras todavía no había una cifra confirmada de víctimas ni un balance preciso de daños. Ese dato empuja otra vez la lectura regional del enfrentamiento, porque muestra que la guerra sigue abriendo escenarios simultáneos más allá del choque directo entre Israel e Irán.
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El episodio en Sidón además no aparece sobre un terreno neutral ni inesperado. Reuters ya había informado en días previos sobre una intensificación de los ataques israelíes en Líbano, con órdenes de evacuación en los suburbios del sur de Beirut y una presión militar creciente sobre áreas vinculadas a Hezbollah. Dentro de ese marco, el ataque reportado este viernes en Sidón se integra a una lógica más amplia de expansión del teatro de operaciones hacia territorio libanés.
La nueva oleada iraní también vino acompañada por otra afirmación de enorme sensibilidad: el ejército iraní aseguró que bases estadounidenses en Kuwait fueron atacadas y prometió que lanzaría más operaciones. Ese punto resulta especialmente delicado porque amplía la línea de blancos y roza de manera directa a posiciones de Estados Unidos en el Golfo. Aunque la información difundida en el texto fuente no aporta aún una verificación independiente detallada sobre daños o impacto en Kuwait, el solo anuncio ya corre el conflicto hacia una dimensión más riesgosa.
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Esa expansión regional encaja con otras evaluaciones recientes sobre la guerra. Reuters señaló que los ataques iraníes sobre estados del Golfo podían empujar a esos países a alinearse con más claridad junto a Washington y ensanchar la coalición contraria a Teherán. Si se confirma una secuencia sostenida de ataques o intentos de ataque sobre instalaciones estadounidenses y socios regionales, el conflicto podría dejar de ser apenas una guerra bilateral ampliada para convertirse en una crisis aún más abierta en Medio Oriente.
Otro elemento que agrava el cuadro es el momento político y militar en el que llega esta ofensiva. Reuters y AP reportaron en las últimas horas que Estados Unidos e Israel vienen intensificando su campaña sobre Irán, mientras Teherán responde con misiles y drones no sólo contra Israel sino también contra objetivos estadounidenses y de países del Golfo. En ese contexto, cada nuevo lanzamiento ya no se lee como una represalia aislada, sino como parte de una guerra que ganó profundidad estratégica y aumentó su capacidad de contagio regional.
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La mención específica a los Khorramshahr-4 también aporta una capa importante a la lectura del episodio. Más allá de que el dato proviene de voceros iraníes reproducidos por medios estatales y semioficiales, la referencia busca exhibir capacidad de disuasión en un momento donde Teherán intenta mostrar que todavía conserva herramientas de impacto pese a los golpes recientes. En la lógica comunicacional del conflicto, nombrar ese misil cumple casi el mismo papel que dispararlo: enviar un mensaje de resistencia, alcance y persistencia militar.
Por ahora, lo concreto es que la jornada dejó tres movimientos que se conectan entre sí: una nueva oleada iraní sobre Israel, un ataque israelí en Sidón y la afirmación iraní de haber alcanzado bases estadounidenses en Kuwait. Esa combinación vuelve más inestable todo el escenario y deja menos margen para pensar en una contención rápida de la crisis. La guerra no sólo sigue activa: acaba de mostrar otra vez que puede correrse de frente, de país y de escala en cuestión de horas.
Fuente: NA, Xinhua, Reuters.
















