El hallazgo fue realizado por científicas del CENPAT en Camarones y revela un modo de reproducción nunca registrado en la familia Asterinidae.

Una pequeña estrella de mar que vive en la Patagonia sorprendió a la ciencia por una característica inesperada: incuba a sus crías dentro de su propio estómago. El comportamiento fue documentado por investigadoras del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET) y constituye la primera evidencia conocida de este tipo de reproducción dentro de la familia Asterinidae.
El descubrimiento surgió a partir de un estudio iniciado durante la licenciatura de Ariana Alarcón Saavedra, estudiante de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, quien decidió investigar a Asterina fimbriata, una especie poco estudiada que habita en el sur de Argentina y Chile.
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Durante los primeros años de observación, la investigadora notó un dato que despertó curiosidad. “Año a año veíamos que, del total de la población de hembras, el porcentaje que se reproducía era muy bajo, entonces supuse que algo inusual pasaba con esta especie”, explicó la becaria del CENPAT.
La respuesta apareció al analizar más de cerca el proceso reproductivo. Las crías no se desarrollan en el exterior ni en estructuras especiales del cuerpo, sino directamente dentro del estómago de la madre, donde completan su desarrollo hasta convertirse en juveniles completamente formados.

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Una vez finalizada la metamorfosis, los pequeños ejemplares emergen al exterior a través de la boca de la estrella de mar, un proceso que los investigadores identificaron como incubación gástrica. Este mecanismo no había sido registrado previamente en la familia Asterinidae.
El proceso de incubación dura alrededor de cuatro meses, entre mayo y septiembre, período durante el cual las hembras dejan de alimentarse. Esa condición implica un gasto energético considerable, ya que deben sostener tanto su propio metabolismo como el crecimiento de las crías.
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Alarcón advirtió que esta característica puede volver a la especie particularmente vulnerable. “Este hallazgo sugiere que la población de Asterina fimbriata puede ser particularmente frágil y vulnerable. No solo tiene que juntar energía para mantenerse a ella misma, sino también para procurar el desarrollo de sus crías en el estómago”, señaló.
El estudio también permitió observar cómo evoluciona el desarrollo de los embriones dentro del cuerpo materno. Las primeras etapas ocurren completamente en el interior del estómago, donde las crías presentan una forma esférica y un color amarillo brillante.
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A medida que crecen, comienzan a desarrollarse los primeros pies ambulacrales, estructuras que utilizan para desplazarse. Con el paso del tiempo adquieren una forma pentagonal, característica de las estrellas de mar adultas.
Cuando el desarrollo avanza, las crías comienzan a asomarse por la boca de la madre hasta quedar completamente en el exterior. En ese momento ya presentan brazos formados, espinas y las estructuras necesarias para moverse por el fondo marino.
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El estudio determinó además que cada hembra puede incubar entre 5 y 99 crías, aunque solo un pequeño porcentaje de la población logra reunir la energía suficiente para completar el proceso reproductivo.
“Son sólo muy pocas las hembras que logran reunir la energía suficiente para llevar adelante la reproducción y el cuidado de las crías”, explicó la investigadora al analizar el comportamiento de la especie.
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La investigación fue realizada junto a Martín Brogger y Gregorio Bigatti del IBIOMAR, además de Sol Rebolledo de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, y permitió identificar seis etapas de desarrollo en las crías.
El hallazgo aporta nueva información sobre la biología de las estrellas de mar y revela estrategias evolutivas que permiten la supervivencia en ambientes marinos complejos. También abre nuevas líneas de investigación sobre las adaptaciones reproductivas de invertebrados marinos en la Patagonia.




















