El Gobierno acelera una obra eléctrica que puede mover 1000 MW más de energía

Actualidad07/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La licitación de AMBA I ya tiene una ventana definida para un paso técnico esperado por el sector. El proyecto apunta a aliviar demanda, sumar confiabilidad y abrir margen.

Energía. Foto Freepik
Energía. Foto Freepik

La próxima publicación de los pliegos técnicos de AMBA I empieza a ordenar una obra que el sector energético sigue de cerca por su escala y por el impacto que puede tener sobre el sistema eléctrico del país. El dato que confirmó el Gobierno nacional en el Future Energy Summit Argentina no se limita a un calendario administrativo: pone fecha a una infraestructura pensada para ampliar capacidad, mejorar abastecimiento y dar más respaldo a la zona de mayor consumo eléctrico de la Argentina. En ese movimiento, el Área Metropolitana de Buenos Aires vuelve a quedar en el centro de una discusión que combina demanda, inversión y planificación de largo alcance.

La ventana prevista para esa publicación quedó ubicada entre fines de marzo y principios de abril de 2026, un paso previo a la difusión del pliego económico y a la apertura formal de la licitación. La definición apareció durante un desayuno de networking de FES Argentina, con presencia del director nacional de Generación Eléctrica, Maximiliano Bruno, y del gerente general de CAMMESA, Juan Luchilo, junto a empresarios y autoridades del sector renovable regional. Lo relevante no fue solo la fecha, sino el hecho de que el Ejecutivo ratificó que quiere poner en marcha este proceso durante este año.


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Bruno fue quien dejó explicitada esa hoja de ruta con una frase que marcó el ritmo previsto para el proyecto. “Seguramente primero se publiquen los pliegos técnicos y luego el pliego completo con toda la parte económica. La idea es publicar la licitación del proyecto de transmisión AMBA I este año 2026 y luego, probablemente en 2027, otras dos líneas”, sostuvo. La declaración no solo confirmó la secuencia de pasos, sino que además ubicó a AMBA I como la primera pieza visible de un esquema más amplio de ampliación del sistema de transmisión.

La magnitud de la obra ayuda a entender por qué el anuncio despertó atención entre los actores del mercado eléctrico. El proyecto incluye infraestructura en 500 kV y 220 kV, una nueva estación transformadora y más de 500 kilómetros de líneas eléctricas, con el objetivo de mejorar la capacidad de abastecimiento en una región que concentra cerca del 40% de la demanda eléctrica nacional. Esa combinación convierte a AMBA I en una intervención pensada no solo para resolver un punto puntual, sino para reforzar la confiabilidad de una zona donde cualquier límite de capacidad repercute con rapidez.


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La explicación técnica más precisa llegó desde CAMMESA. Luchilo detalló que “El proyecto de transmisión AMBA I incorporar una cuarta estación transformadora al oeste, entre Ezeiza y General Rodríguez y, a su vez, esa estación transformadora, vincularla con Atucha por el norte y la ET Ezeiza con con dos líneas de 500 kV de 25 kilómetros hacia el sur. Y desde esa estación transformadora alimentará a la ciudad de Buenos Aires con dos líneas de 220 kV”. Detrás de esa descripción técnica aparece el corazón de la obra: una nueva estructura para sostener mejor el abastecimiento del Gran Buenos Aires y agregar margen operativo a un sistema exigido.

Esa misma lógica apareció en otra definición del propio Luchilo, que vinculó la obra con el objetivo de mejorar la estabilidad de la red en el área metropolitana. “Es decir que es un proyecto destinado específicamente a darle más confiabilidad y abastecer la demanda del área del Gran Buenos Aires (GBA). Además, tiene otro componente que es una estación transformadora a 132 kV, y una salida de líneas de 132 kV para alimentar la zona del norte de la provincia de Buenos Aires”, indicó. El proyecto, entonces, no apunta solo al núcleo porteño y bonaerense más densamente poblado, sino también a reforzar sectores asociados a esa red.


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El trasfondo político y financiero del anuncio también importa, porque muestra que la obra no aparece aislada, sino dentro de una prioridad definida para este año. El subsecretario de Energía Eléctrica, Damián Sanfilippo, ya había anticipado en la apertura del encuentro que las licitaciones de transmisión figuran entre los principales objetivos del Gobierno para 2026. Según se informó, ese esquema cuenta con respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo como garante, y además estas iniciativas podrían encuadrarse dentro del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones.

La modalidad elegida para AMBA I también marca una orientación concreta del Ejecutivo. La obra se licitará como una concesión al sector privado, con oferentes que deberán presentar propuestas a partir de una tarifa prevista como mecanismo de recupero de inversión durante un plazo de concesión estipulado para la infraestructura. Ese punto no es menor, porque determina cómo se busca atraer capital para una obra de gran escala en un sistema que necesita ampliar transporte eléctrico tanto para la demanda actual como para la generación futura.


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AMBA I no queda sola dentro de este mapa. El lanzamiento forma parte de un paquete más amplio de ampliaciones en 500 kV orientadas a facilitar la evacuación de nueva generación desde distintas regiones del país, una necesidad que el sector viene señalando desde hace años. Entre esas obras figura la línea Río Diamante – Charlone – O’Higgins, pensada para evacuar nueva generación desde Cuyo y también transportar parte de la producción del sistema Comahue, además de la priorización de la línea Puerto Madryn – Choele Choel – Bahía Blanca, destinada a fortalecer la conexión entre la Patagonia y el sistema troncal.

Sobre ese conjunto, Luchilo dejó otra definición que conecta transmisión y renovables. “Esas líneas son una especie de cierre de anillo este – oeste que permitirá dar confiabilidad e incorporación de potencia renovable, especialmente solar”, señaló. Allí aparece otro eje de fondo: estas ampliaciones no solo buscan sostener la demanda del presente, sino abrir condiciones para que nueva oferta de generación, incluida la renovable, encuentre salida efectiva a través del sistema.


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A eso se suma la futura entrada en operación de la central hidroeléctrica Jorge Cepernic, antes denominada La Barrancosa, que incorporará 360 MW y exigirá nueva infraestructura asociada. En ese contexto, las autoridades también mencionaron la evaluación de la línea 500 kV Vivoratá – Plomer, en función de las necesidades que aparecerán cuando esa potencia entre en el sistema. La lectura general del Gobierno y de CAMMESA es que la transmisión dejó de ser un capítulo secundario y pasó a convertirse en una condición indispensable para sostener consumo, acompañar inversiones y ganar confiabilidad.

El cierre de esa idea volvió a quedar expresado por el gerente general de CAMMESA. “En resumen, las obras son una ET y líneas para abastecimiento de la demanda de Gran Buenos Aires y un par de vínculos para complementar la posibilidad de incorporar nueva oferta renovable, térmica, hidroeléctrica o la que fuera”, afirmó. Y remató con una definición que explica por qué el proyecto AMBA I ocupa hoy un lugar central: “Además, como las líneas tienen un salto y pueden incorporar 1000 MW de capacidad, siempre da un poco de tiempo adicional de mejora de confiabilidad porque tenemos que tener un sistema más confiable”.

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