Grossi: “Irán acumuló una cantidad exorbitante de uranio, con una pureza equivalente a un arma nuclear”

Actualidad07/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El jefe del OIEA advirtió que Teherán acumuló uranio con una pureza muy cercana a la necesaria para un arma nuclear y reclamó volver a negociar.

Rafael Grossi. Foto LA NACION
Rafael Grossi. Foto LA NACION

En medio de una nueva escalada en Medio Oriente, Rafael Grossi dejó una definición que volvió a empujar el programa nuclear iraní al centro de la escena internacional. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sostuvo que Irán acumuló una cantidad “exorbitante” de uranio con una pureza muy cercana a la requerida para un arma nuclear, y al mismo tiempo remarcó que el problema no puede resolverse de manera durable sin una salida diplomática. Su advertencia llegó en una entrevista publicada este 7 de marzo de 2026, cuando la región sigue atravesada por ataques, represalias y un escenario cada vez más inestable.

La frase que más peso tuvo dentro de esa conversación fue directa y dejó poco margen para relativizar la preocupación del organismo. “Irán es un país que ha acumulado una cantidad exorbitante de material nuclear, uranio, en este caso, con una pureza que es muy parecida a la que se necesita para un arma nuclear”, afirmó Grossi. No se trató de una conclusión aislada ni de una impresión personal lanzada al pasar, sino de una evaluación apoyada en la larga disputa entre el OIEA y Teherán por la falta de transparencia, el acceso restringido a instalaciones sensibles y la imposibilidad de verificar plenamente el destino de ese material.


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Grossi también dejó en claro que no le corresponde fijar una cuenta regresiva exacta sobre cuán cerca estaba Irán de fabricar una bomba, pero sí advirtió que el escenario no podía descartarse. En ese punto fue preciso: “Yo creo que no era imposible”, dijo al ser consultado sobre la posibilidad de que Teherán estuviera próximo a desarrollar un arma nuclear. Esa evaluación dialoga con otros reportes recientes, según los cuales el OIEA no pudo verificar durante meses el estado de las reservas iraníes de uranio enriquecido hasta el 60%, un nivel que no es de grado militar, pero sí está muy por encima de cualquier uso civil ordinario.

El jefe del organismo agregó otro elemento que agrava la lectura sobre el caso iraní: la falta de cooperación suficiente con los inspectores internacionales. Según planteó, el problema no es solo cuánto material existe, sino que “no estaba dando a los inspectores del organismo la transparencia necesaria y el acceso necesario”. Esa observación coincide con lo que el propio OIEA viene reportando desde hace meses, al señalar que no logró restablecer un control adecuado sobre instalaciones bombardeadas como Natanz, Fordow e Isfahán, ni verificar con normalidad el inventario completo del uranio enriquecido.


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En la entrevista, Grossi describió el presente como una convergencia especialmente delicada entre la crisis iraní y la guerra en Ucrania, dos frentes que, según dijo, mantienen al organismo “en el filo de la navaja”. Al repasar la ofensiva reciente sobre territorio iraní, explicó que esta nueva campaña militar es más amplia que la de junio de 2025 y que sus objetivos exceden lo estrictamente nuclear. Aun así, señaló que hubo impactos sobre dos instalaciones atómicas, Natanz e Isfahán, aunque hasta ahora el daño adicional detectado no sería drástico respecto del cuadro que ya existía tras los ataques del año pasado.

Otro punto que Grossi subrayó con preocupación es que la guerra ya no queda encapsulada dentro de Irán e Israel, sino que empezó a rozar a otros países de la región. En su relato, Teherán optó esta vez por responder también contra Estados del Golfo, varios de los cuales cuentan con instalaciones nucleares o radioactivas de distinto tipo. El riesgo, según advirtió, no pasa solo por una escalada militar convencional, sino por la posibilidad de que un ataque sobre alguno de esos sitios termine generando un episodio radiológico con consecuencias ambientales y humanas.


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Aun con ese cuadro cargado de tensión, Grossi insistió en que la única salida capaz de dar estabilidad real sigue siendo la negociación. En la entrevista sostuvo que, una vez que termine este episodio militar, la infraestructura nuclear iraní seguirá existiendo de una forma u otra y el conocimiento técnico acumulado por el régimen no desaparecerá. “Irán no puede desaprender lo que aprendió. Tiene capacidades tecnológicas para reconstituirlo. De modo tal que es inescapable, es inevitable volver a la mesa de negociación”, resumió, en una de las definiciones más claras de toda la conversación.

Su mirada también alcanzó al papel de las Naciones Unidas en esta crisis. Grossi fue tajante al marcar que la organización quedó marginada de la gestión efectiva del conflicto y sostuvo que ese vacío es uno de los problemas centrales del sistema internacional actual. Aunque evitó cuestionar la imparcialidad de António Guterres, sí remarcó que no se logró una interlocución eficaz que permitiera a la ONU influir de manera concreta en la desactivación de la guerra.


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Cuando lo consultaron sobre la idea de una eventual Tercera Guerra Mundial, Grossi rechazó esa caracterización, aunque no minimizó la gravedad del momento. Dijo que la situación internacional es “gravísima” y que existen posibilidades ciertas de expansión, sobre todo si el conflicto sigue desbordando hacia otros países del Golfo. Sin embargo, aclaró que para hablar de una guerra global deberían involucrarse de manera directa otras potencias con armamento nuclear, algo que, según su lectura, no aparece todavía en lo inmediato.

El mensaje final del director del OIEA fue simple, pero también incómodo para todas las partes: este conflicto lleva décadas sin encontrar una salida estable, y cada nueva crisis demuestra que la solución elegida hasta ahora no alcanzó. Grossi evitó juzgar si la intervención militar era o no necesaria, pero volvió a cerrar sobre el mismo punto: “la vía diplomática” es la única capaz de desatar de manera duradera este nudo internacional. Después de otra semana de bombardeos, amenazas y opacidad sobre el material nuclear iraní, su advertencia deja algo claro: el problema no terminó, aunque vuelva a callarse por un tiempo.

Fuente: Infobae.

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