
El reconocimiento por el Día de la Mujer volvió a visibilizar en Puerto Madryn trayectorias de trabajo, servicio y comunidad que suelen quedar fuera de escena.

Hay trabajos que casi nunca quedan bajo la luz principal, pero sostienen buena parte de la vida cotidiana de una ciudad. En Puerto Madryn, el acto por el Día Internacional de la Mujer volvió a exponer esa trama de tareas, oficios y recorridos personales que muchas veces se conocen en los barrios, en los comercios o en las instituciones, aunque no siempre alcanzan visibilidad pública. Esta vez, el reconocimiento municipal reunió nombres de distintos ámbitos y dejó una postal amplia de mujeres que construyen comunidad desde lugares muy distintos.
La ceremonia incluyó a ocho mujeres y mostró un criterio que buscó escapar de los homenajes cerrados sobre un solo sector. En la selección aparecieron referencias de la cultura, la salud, el comercio, el transporte y actividades históricamente asociadas a varones, además de historias barriales que sostienen redes de cuidado y acompañamiento. Ese mosaico fue uno de los rasgos más fuertes del acto y también una señal del perfil que el municipio busca darle a este reconocimiento desde hace varios años.


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Dentro de ese grupo apareció también una figura que, por su tarea diaria, suele estar del otro lado del armado institucional. Patricia Blanco, directora y referente de Ceremonial y Protocolo, fue una de las homenajeadas por sus 30 años de servicio en la Municipalidad, en una decisión que se mantuvo en reserva hasta que la ceremonia ya estaba en marcha. La propia funcionaria contó en MODO 17, que el reconocimiento la tomó por sorpresa y resumió ese momento con una frase simple: “Sí, me tocó a mí y fue un sorpresón”.
Su caso tuvo un matiz particular porque forma parte del equipo que organiza ese tipo de actos y conoce de primera mano cómo se construyen esas jornadas, desde las glosas hasta los discursos y la secuencia completa del evento. Por eso, cuando en plena ceremonia empezó a escuchar señales que remitían a su propia trayectoria, entendió que algo escapaba al libreto habitual. “Janet, tu colega, que también era cómplice, empezó a mencionar cosas de un currículum que yo conocía y ahí dije, ‘Acá pasa algo’”, relató a #LA17, sobre una escena que, según contó, se sostuvo gracias al secreto que mantuvo el equipo.
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En la entrevista, Blanco también explicó que la elección de las homenajeadas no responde a una única lógica ni a un perfil uniforme. Según señaló, la idea es buscar mujeres de rubros diferentes, con recorridos que representen actividades diversas y con incidencia concreta en la ciudad, aun cuando algunas no tengan un alto nivel de exposición pública. “Tratamos de buscar sobre todo lo que nos gusta en la propuesta en la mención de nombres es que haya de todas las actividades y de todos los rubros”, señaló al describir el criterio que guía la confección del listado.
Ese recorte permite que convivan trayectorias extensas y ampliamente conocidas con otras historias más silenciosas, pero igual de consistentes en su impacto cotidiano. En esa nómina aparece, por ejemplo, Beatriz Casero, identificada por muchos vecinos con Creaciones Beba o Mercería Beba, junto con nombres que remiten a actividades menos visibles en el circuito público. También se mencionó a Mirta Álvarez, al frente de una gomería familiar, en una de esas imágenes que rompen con viejos moldes sobre qué trabajos ocupan las mujeres en la ciudad.
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La entrevista dejó además una serie de escenas que ayudaron a entender el tipo de reconocimiento que busca construir el acto. Blanco mencionó a Liliana Salvatierra como una de las primeras taxistas, a María Inestrio por más de medio siglo vinculada a la panadería y a las mujeres que impulsaron la biblioteca hospitalaria “Leer sana”, pensada para acompañar a pacientes durante la internación. En todos los casos, el reconocimiento no quedó reducido al presente inmediato, sino a trayectorias acumuladas que explican parte de la identidad social de Madryn.
En ese punto, la funcionaria resumió el criterio general con una frase que ordena bastante bien el sentido del homenaje. “Absolutamente, absolutamente, por todo lo que han hecho y lo que significan para para el Puerto Madryn”, dijo cuando se le planteó que muchas de esas mujeres no solo son valoradas por su tarea actual, sino por el recorrido que construyeron a lo largo del tiempo. Esa definición corre el eje del gesto ceremonial y lo traslada al peso concreto que esas historias tienen en la memoria y en la vida diaria de la ciudad.
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El reconocimiento, además, no surgió de una práctica improvisada ni aislada dentro de la agenda municipal. Blanco recordó que, si su memoria no fallaba, este formato empezó a instalarse en 2015, durante la gestión de Ricardo Sastre, y desde entonces fue incorporando perfiles muy distintos, desde bomberas hasta maestras, bioquímicas, enfermeras, comerciantes, vecinalistas y referentes de colectividades. Esa continuidad le dio al acto una lógica de archivo vivo, donde cada edición suma nuevos nombres pero también deja ver qué trabajos y aportes decide mirar una ciudad cuando se piensa a sí misma.
En medio de ese marco colectivo, la propia homenajeada dejó entrever una dificultad frecuente en quienes pasan años sosteniendo tareas de organización, articulación y servicio institucional. Contó que jamás había figurado en esos listados y que, de haber dependido de ella, tampoco lo habría permitido, porque quienes se ocupan de ordenar los actos suelen quedar lejos del centro de la escena. Allí apareció otra de las frases más reveladoras de la charla: “Uno organiza y bueno, no nunca se pone uno en un listado”, dijo, dejando al descubierto una lógica silenciosa del trabajo público que esta vez quedó, aunque fuera por un rato, a la vista de todos.

















