Marineros vuelven a la escuela y 144 ya empezaron la secundaria

Chubut09/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un grupo de 144 trabajadores embarcados empezó a cursar la secundaria en un esquema adaptado a la vida a bordo, con apoyo de sus familias y de la empresa.

Barcos de pesca
Barcos de pesca

Hay trabajos que dejan poco margen para detenerse a pensar en lo que quedó pendiente. En la pesca, donde los ritmos los marcan las temporadas, los embarques y jornadas intensas arriba de un buque, terminar la escuela secundaria muchas veces quedó postergado durante años. Ese corte en la trayectoria educativa empezó a mostrar ahora una respuesta concreta: 144 marineros de Iberconsa comenzaron a cursar para completar sus estudios, en una experiencia que busca adaptarse a una realidad laboral que casi nunca entra en los formatos tradicionales.

El dato no aparece solo como un gesto de capacitación empresaria ni como una actividad paralela dentro de la industria. Lo que se puso en marcha toca una parte sensible del trabajo pesquero, porque expone una limitación que se arrastra desde hace tiempo y que condiciona tanto proyectos personales como posibilidades de crecimiento laboral. Detrás del inicio de clases hay hombres de distintas edades, de distintas provincias y con historias educativas interrumpidas por razones muy diversas.


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La directora del Observatorio del Sistema Pesquero Argentino, Mary Schultz, contó en #La17 que el proyecto empezó a tomar forma a partir de una escucha concreta entre la empresa y sus tripulaciones. Según relató, después de una capacitación en educación financiera realizada en Corrientes, apareció con claridad una situación que ya tenía antecedentes en relevamientos previos: “Había un grupo importante, numerosamente importante de marineros que no habían podido terminar la secundaria”. Ese hallazgo no sorprendió del todo al equipo del observatorio, porque ya contaban con diagnósticos sociolaborales sobre la actividad.

En esos estudios previos, sobre todo entre trabajadores de planta, ya se repetía una situación parecida vinculada con niveles educativos incompletos. La diferencia, esta vez, es que la necesidad encontró una decisión concreta del sector privado para mover el proyecto. Schultz lo dijo sin rodeos al explicar por qué la idea no había avanzado antes: “Es imposible motorizar eso si el sector privado no lo quiere motorizar”. A partir de ahí, el trabajo dejó de ser una hipótesis y pasó a convertirse en una búsqueda operativa para encontrar un sistema que pudiera funcionar con marineros embarcados.


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La respuesta apareció en Corrientes, provincia de origen de buena parte de las tripulaciones de la flota vinculada a la empresa. Allí encontraron una plataforma de terminalidad educativa llamada Ñemboe, que permite una modalidad online y asincrónica. Esa característica no es un dato técnico menor, sino la condición que vuelve viable la cursada para trabajadores que pasan largos períodos arriba de un barco y no pueden sostener horarios fijos ni continuidad semanal. Schultz explicó ese punto con claridad: “Ellos van a entrar en un sistema educativo en el que no es que si la semana uno no llegaron a cursar, no pueden cursarla la otra semana”.

Ese formato intenta resolver una tensión básica entre estudio y trabajo. Cuando el marinero está embarcado, la prioridad es una tarea exigente, física y constante, que deja poco espacio para sostener rutinas escolares en el sentido clásico. Por eso la propuesta apunta a que cada alumno tenga su usuario, su aula abierta y la posibilidad de retomar contenidos cuando vuelve a tierra. En palabras de Schultz, “la realidad es que estas personas se la pasan embarcadas y cuando están embarcadas, no es momento de ponerse a estudiar”.


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El proyecto, además, no se apoya solo en la decisión individual de quien se anota. En la entrevista, la directora del observatorio insistió en que se trata de una experiencia donde las familias cumplen un papel central, desde la inscripción hasta el acompañamiento cotidiano. Muchas veces son las mujeres que quedan en tierra quienes ayudan a sostener trámites, organización y continuidad. Por eso resumió el espíritu de esta etapa con una definición que desarma cualquier lectura individualista: “Esto es un proyecto familiar, no es un proyecto individual en general”.

En esa trama aparecen también hijos que todavía cursan, otras trayectorias educativas incompletas dentro del mismo hogar y una dimensión emocional que excede lo escolar. Volver a estudiar no solo implica completar materias, sino también revisar una historia personal que en algún momento quedó interrumpida. Schultz planteó que la propuesta toca fibras profundas porque permite resignificar decisiones del pasado y reabrir posibilidades que parecían cerradas. La escuela, en este caso, no llega como obligación sino como oportunidad.


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Esa condición fue subrayada varias veces durante la charla. Nadie está obligado a anotarse y la participación es opcional, pero justamente por eso el número inicial adquiere más peso. Los 144 marineros que empezaron este lunes se sumaron porque encontraron una herramienta posible dentro de sus condiciones reales de trabajo. Schultz remarcó esa predisposición al señalar que cuando aparecen dispositivos concretos, con ayuda y contención, los trabajadores responden: “Lo que queda claro es que cuando hay oportunidades la gente las aprovecha”.

El impacto del proyecto también se vincula con la estructura laboral de la actividad. Terminar la secundaria no solo puede cerrar una deuda personal, sino abrir caminos dentro de la misma pesca para quienes quieran seguir una carrera a bordo. La entrevistada recordó que un marinero que aspire a ingresar a la Escuela Nacional de Pesca Comandante Luis Piedrabuena para formarse como oficial, maquinista o capitán necesita tener completo ese nivel educativo. En un sector donde hoy cuesta cubrir puestos de mayor jerarquía, esa instancia aparece también como una herramienta de proyección.


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Pero la iniciativa no queda reducida a una lógica de ascenso interno. Schultz planteó que la formación también amplía la capacidad de elegir y de construir otros recorridos si así se desea. En ese punto, la secundaria deja de ser solo un requisito y pasa a ser una base para pensar futuros distintos. “La capacidad de elegir te lo da el hecho de formarte”, sostuvo durante la entrevista, al describir el sentido más amplio de una experiencia que recién comienza.

El proyecto nació con una escala acotada y artesanal, pero ya obliga a pensar algo más grande. Mientras el equipo prepara nuevas inscripciones y trabaja en la posibilidad de sumar personal de plantas pesqueras, también aparece una pregunta de fondo: si una industria estratégica puede organizar un sistema de terminalidad adaptado a su realidad, tal vez el problema ya no sea la falta de interés de los trabajadores, sino la falta de dispositivos construidos sobre su vida concreta. En la pesca, al menos por ahora, 144 marineros ya dieron el primer paso.

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