
Viajar a Marte: lo que todavía separa al ser humano del planeta rojo
Actualidad13/03/2026
Sergio BustosMarte está más cerca en los discursos que en los hechos. Desde hace más de dos décadas, especialistas repiten que el viaje humano al planeta rojo se encuentra “a unos 30 años vista”. Sin embargo, ese horizonte comienza a acortarse y la posibilidad de una misión tripulada ya no pertenece solo a la ciencia ficción, sino a los planes estratégicos de agencias espaciales y empresas privadas.

El desafío no empieza en el despegue, sino en la Tierra. Una misión de este tipo exige cooperación internacional, estabilidad geopolítica y acuerdos éticos y metodológicos sólidos. En un escenario global marcado por tensiones entre Estados Unidos y China, la carrera por llegar primero a Marte recuerda, en parte, la competencia espacial de la Guerra Fría, aunque ahora con más actores en juego, incluidos Europa, India, Japón y compañías privadas como SpaceX o Blue Origin.
El trayecto tampoco es comparable al de la Luna. Mientras que nuestro satélite se encuentra a unos 380.000 kilómetros y permite viajes de pocos días, Marte oscila entre 56 y 400 millones de kilómetros de distancia. Las llamadas “ventanas de lanzamiento” se abren cada dos años y dos meses, y el viaje demandaría unos seis meses de ida y otros seis de regreso.


OTRAS NOTICIAS
Nunca se realizó una misión tripulada tan prolongada en el espacio profundo. A los desafíos técnicos —energía, combustible, soporte vital— se suman riesgos médicos significativos. La exposición prolongada a radiación cósmica e ionizante, la pérdida de masa ósea, alteraciones neurooculares, problemas renales y cambios en el flujo sanguíneo son amenazas reales para una tripulación de entre cuatro y seis personas.
El aislamiento también pesa. Meses de confinamiento en un espacio reducido pueden generar tensiones psicológicas y sociológicas difíciles de prever. El viaje, además, probablemente sería del tipo “touch and go”: una estadía breve en la superficie, con actividades extravehiculares de horas o pocos días, toma de muestras y despliegue de instrumentos científicos, antes de iniciar el regreso.
Marte no es un destino amable. Su gravedad equivale al 38 % de la terrestre, la temperatura media ronda los 65 grados bajo cero y su atmósfera, compuesta en un 95 % por dióxido de carbono, resulta irrespirable. La presión atmosférica es apenas una fracción de la terrestre y la radiación ultravioleta alcanza la superficie con gran intensidad debido a la escasez de ozono.
OTRAS NOTICIAS
En ese contexto, cualquier establecimiento humano será inicialmente semipermanente y limitado. Los proyectos más realistas hablan de bases modulares similares a las de la Antártida, con protección frente a radiación y micrometeoritos mediante el uso del propio regolito marciano como escudo. También se evalúa la utilización de tubos de lava como refugios naturales.
La clave estará en el uso de recursos in situ, el llamado ISRU. Transportar todo desde la Tierra resulta inviable a largo plazo, por lo que será imprescindible extraer agua, oxígeno y materiales del propio entorno marciano. Un primer paso ya se dio con el instrumento MOXIE del rover Perseverance, que logró producir 122 gramos de oxígeno a partir del dióxido de carbono marciano entre 2021 y 2023, con picos de 12 gramos por hora.
Aun así, una persona necesita entre 45 y 86 gramos de oxígeno por hora. La brecha es grande, pero el experimento demostró que el concepto funciona. La geología planetaria será determinante para identificar hielo, minerales estratégicos y materiales de construcción que permitan sostener una pequeña comunidad humana en el futuro.
OTRAS NOTICIAS
En paralelo, la Luna aparece como paso intermedio más inmediato y viable. El programa Artemisa de la NASA prevé establecer presencia en el polo sur lunar en el próximo decenio, con Marte como visión estratégica de largo plazo. La experiencia adquirida allí servirá como banco de pruebas para los desafíos marcianos.
Más allá de la competencia entre potencias, muchos expertos anticipan que la primera misión humana a Marte probablemente surja de una colaboración público-privada. Estados Unidos lleva la delantera en exploración robótica, pero China también avanza con ambición declarada.
El impacto de un aterrizaje humano en Marte no sería solo tecnológico. Podría generar un nuevo “overview effect”, ese cambio de perspectiva descrito por astronautas que observan la Tierra desde el espacio y perciben su fragilidad y unidad. Mirar nuestro planeta desde otro mundo podría reforzar la conciencia sobre su cuidado.
OTRAS NOTICIAS
La llegada a Marte no será un viaje de placer ni una colonización inmediata. Las ideas de ciudades marcianas con miles de habitantes pertenecen a un futuro muy lejano, probablemente de siglos. Lo que sí parece más cercano es una misión pionera, breve y arriesgada, que marque un nuevo capítulo en la historia de la exploración humana.
Entre ciencia, política y supervivencia, el planeta rojo representa mucho más que un destino. Es una prueba de hasta dónde puede llegar la cooperación —o la competencia— de nuestra especie cuando decide salir de su mundo natal.
















