
No eran tigres: el ADN revela que Japón tuvo leones hace 30 mil años
Actualidad13/03/2026
Sergio BustosDurante más de cien años, los fósiles de grandes felinos hallados en Japón alimentaron una idea que parecía indiscutida: el archipiélago había sido territorio de tigres en el Pleistoceno. Esa clasificación se apoyaba en la forma de huesos y dientes encontrados en distintas prefecturas, y en la suposición de que el hábitat del suroeste japonés resultaba adecuado para ese depredador solitario. Hoy, esa certeza quedó descartada.

Un equipo internacional liderado por Xin Sun analizó restos subfósiles atribuidos tradicionalmente a tigres y llegó a una conclusión distinta. A partir de estudios genómicos y paleoproteómicos, los investigadores demostraron que aquellos animales eran en realidad leones de las cavernas (Panthera spelaea), una especie extinta que dominó amplias regiones del norte de Eurasia. El trabajo se publicó en la revista científica PNAS y obliga a repensar la distribución de grandes depredadores en Asia oriental.
El hallazgo no se limita a una corrección de nombre. Cambia el mapa ecológico del Pleistoceno tardío, un período que se extendió entre hace 129.000 y 11.700 años, cuando Japón no siempre fue un conjunto de islas aisladas. Durante las glaciaciones, el nivel del mar descendía hasta 120 metros y dejaba al descubierto puentes de tierra que conectaban el archipiélago con el continente asiático.


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En ese escenario dinámico cruzaron mamuts lanudos, bisontes y alces. También lo hicieron grandes carnívoros. La pregunta que sobrevolaba desde hacía décadas era cuál de los grandes félidos había llegado realmente a Japón: si el tigre o el león de las cavernas.
El equipo examinó 26 restos fósiles. El desafío no era menor, ya que el clima húmedo y los suelos volcánicos ácidos del país dificultan la preservación del ADN. Aun así, cinco muestras permitieron recuperar casi completos sus genomas mitocondriales mediante técnicas de enriquecimiento genético.
El resultado fue contundente. Todas las muestras con datos moleculares se alinearon con el linaje del león de las cavernas, específicamente con el grupo conocido como spelaea-1. Ninguna mostró afinidad genética con el tigre.
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Para reforzar la conclusión, los científicos incorporaron análisis de ADN nuclear y estudios de proteínas óseas. En uno de los ejemplares mejor conservados, hallado en Yamaguchi, miles de marcadores genéticos lo ubicaron junto a otros leones de las cavernas y claramente separados de tigres y leones actuales. Las variantes de aminoácidos identificadas coincidieron con las propias de los leones.
La datación por radiocarbono de uno de los fósiles arrojó una antigüedad de unos 31.000 años. Los análisis filogenéticos indican que la colonización del archipiélago pudo ocurrir entre hace aproximadamente 72.700 y 37.500 años, coincidiendo con fases frías en las que los corredores terrestres estaban activos.
El dato más llamativo es que estos leones pudieron sobrevivir en Japón miles de años después de su desaparición en gran parte del continente euroasiático. Mientras el linaje spelaea-1 se extinguía antes del Último Máximo Glacial en otras regiones, el archipiélago habría funcionado como refugio temporal de esa población.
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Este patrón no resulta aislado en la historia natural japonesa. El país ya actuó como refugio de especies relictas en otros momentos, gracias a su combinación de conexiones intermitentes con el continente y posteriores aislamientos geográficos. Ese vaivén favoreció la persistencia de linajes que en otras zonas sucumbieron antes.
El estudio también redefine la frontera ecológica entre leones y tigres en Asia oriental. Durante el Pleistoceno tardío, ambos compartieron una franja que iba desde Oriente Próximo hasta el extremo oriental ruso. En fases frías, los leones avanzaban hacia latitudes más meridionales; en períodos templados, los tigres expandían su área hacia el norte. La evidencia japonesa encaja mejor con la expansión de leones durante las glaciaciones.
Más allá del impacto zoológico, el trabajo refleja cómo las herramientas moleculares modernas pueden revisar interpretaciones asentadas durante décadas. Los huesos que parecían hablar de tigres ahora cuentan otra historia: la de leones de las cavernas que caminaron por un Japón muy distinto al actual.
Ese paisaje incluía mamuts, bisontes, ciervos gigantes y elefantes de Naumann. La combinación de cambios climáticos abruptos y la llegada de los primeros humanos, hace unos 40.000 años, marcó el colapso de ese ecosistema. Con la desaparición de la megafauna se extinguieron también estos grandes felinos.
Hoy, la imagen de un león de las cavernas frente al monte Fuji pertenece al terreno de la reconstrucción científica. Sin embargo, durante milenios fue parte de un ecosistema real. Y un siglo después, la genética corrigió el error.















