De tribunales al mar: la historia de una vida dedicada a las orcas

Turismo17/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La abogada Laura Guindin contó en #LA17 cómo transformó su carrera para especializarse en derecho animal y estudiar cetáceos desde una mirada científica y jurídica.

 Laura Guindin
Laura Guindin

Laura Guindin no imaginaba que su camino profesional iba a cambiar de manera tan radical, pero una inquietud que comenzó como interés terminó convirtiéndose en una decisión de vida. Abogada de formación y con experiencia en el ámbito judicial, decidió dejar su trabajo para dedicarse por completo al estudio de las orcas y al desarrollo del derecho animal como herramienta para su protección.

En una entrevista en el programa Modo 17 de #LA17, relató cómo ese proceso se gestó de forma progresiva hasta volverse irreversible. “No es un hobby, es simplemente una pasión que entendí que era lo que realmente me movilizaba en la vida”, explicó, al describir el momento en que tomó la decisión de cambiar de rumbo profesional.


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Durante años trabajó en el Poder Judicial, en el área de familia dentro de la Defensoría Pública, mientras mantenía un vínculo constante con el océano y los cetáceos. Sin embargo, fue durante la pandemia cuando esa conexión se intensificó y comenzó a replantearse su lugar en el mundo laboral. El tiempo de introspección la llevó a reconectar con un interés profundo que venía latente.

Con el regreso a la rutina, esa inquietud se transformó en una incomodidad creciente frente a su trabajo. Las visitas frecuentes a Península Valdés, especialmente a zonas como Caleta Valdés y Punta Norte, reforzaron ese vínculo con las orcas y despertaron una curiosidad que terminó por definir su futuro. A partir de allí, decidió renunciar para dedicarse de lleno a estudiar, viajar y formarse.


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En ese proceso descubrió el derecho animal, una rama relativamente nueva que analiza la relación entre los humanos y los animales desde una perspectiva jurídica. Según explicó, este campo permite cuestionar cómo se construyen las normas y cómo se concibe a los animales dentro del sistema legal, abriendo debates que todavía están en desarrollo.

Paralelamente a su formación, participó en voluntariados en distintos países, lo que le permitió vincular la teoría con la práctica. Desde experiencias en Cabo Raso hasta trabajos con tortugas marinas en Uruguay y Costa Rica, y luego en proyectos de investigación en España, su recorrido fue consolidando una mirada interdisciplinaria entre ciencia y derecho.


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Uno de los ejes que más la apasiona es el comportamiento social de las orcas, particularmente lo que se conoce como el “efecto abuela”. A partir de la lectura de estudios científicos, explicó que estos animales, al igual que los humanos y algunos pocos mamíferos, atraviesan la menopausia y continúan viviendo durante décadas, cumpliendo un rol clave dentro de la estructura social del grupo.

“La abuela es la sabia y es la líder de la manada”, señaló, al explicar cómo las orcas más longevas transmiten conocimiento, guían a su familia y aumentan las probabilidades de supervivencia del grupo. Esta característica, según indicó, también invita a reflexionar sobre el valor que las sociedades humanas le otorgan a la experiencia y a las generaciones mayores.


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En sus viajes también pudo participar en proyectos de monitoreo científico, como el seguimiento de orcas ibéricas en España o su experiencia en Canadá con Orcalab, un laboratorio que estudia cetáceos a través del sonido. Allí trabajó con hidrófonos y registros acústicos, en un sistema que permite analizar el comportamiento de las orcas sin interferir en su entorno natural.

Más allá de lo científico, Guindin remarcó la importancia de la comunicación y la divulgación para acercar estos conocimientos a la sociedad. Considera que la ciencia no debe ser un ámbito cerrado, sino una herramienta accesible que permita generar conciencia y participación en la protección de la fauna.


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Desde el punto de vista legal, explicó que uno de los principales desafíos es que los animales todavía son considerados “cosas” dentro del Código Civil, lo que limita el alcance de las leyes de protección. A partir de esa base, el derecho animal busca avanzar en el reconocimiento de los animales como seres sintientes, generando un cambio de paradigma en la legislación.

También planteó que existe una tensión entre el derecho ambiental y el derecho animal, ya que el primero suele enfocarse en la conservación de especies como recurso, mientras que el segundo pone el foco en el individuo. Sin embargo, sostuvo que ambas miradas pueden complementarse si se articulan de manera adecuada.


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En el caso de las orcas, destacó que en Argentina están protegidas por ley, aunque consideró que aún queda mucho por avanzar en términos de conciencia y políticas públicas. Para ella, la clave está en generar un vínculo más cercano entre la ciudadanía y la naturaleza, que permita entender la importancia de estos animales más allá de su rol como depredadores.

Hoy, su objetivo no solo es seguir formándose, sino también comunicar, escribir y difundir conocimiento sobre las orcas desde una perspectiva que combine ciencia, derecho y empatía. En ese camino, busca construir un puente entre el conocimiento académico y la sociedad.

 

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