Un fondo marino sin vida: qué pasa cuando las ballenas no llegan a hundirse

Actualidad18/03/2026Sergio BustosSergio Bustos

Lo que ocurre después de la muerte de una ballena suele pasar desapercibido, pero en las profundidades del océano ese momento define la vida de cientos de especies. Sin embargo, en algunos puntos del planeta ese ciclo natural se corta antes de tiempo. Los restos quedan varados en aguas poco profundas y lo que debería convertirse en un oasis de vida termina siendo una señal de ausencia.

ballenas hielo
Los esqueletos de ballenas.

Esa interrupción se puede ver en el este de Groenlandia, donde un equipo de buceo llegó hasta un sitio inusual. Allí, a pocos metros de profundidad, se acumulan esqueletos de ballenas que nunca descendieron al fondo marino. El fotógrafo submarino Alex Dawson fue quien documentó la escena en condiciones extremas, atravesando hielo y temperaturas de hasta -20 grados.

El acceso no fue sencillo. El grupo caminó durante una hora sobre el hielo, arrastrando equipos en un trineo, hasta abrir manualmente un pequeño agujero para sumergirse. “Una vez que llegamos, nos llevó horas hacer el agujero”, contó Dawson sobre el ingreso a un entorno completamente oscuro y hostil.


OTRAS NOTICIAS

Via Crucis submarinoPuerto Madryn se prepara para dos fines de semana clave y apuesta a sostener el movimiento turístico

Al descender, lo que encontró no se parecía a un ecosistema en desarrollo. “Empecé a mirar a mi alrededor y pensé: ‘¡Qué locura! ¡Hay muchos huesos por todas partes!’”, relató. A unos cinco metros de profundidad, los restos de unas 20 ballenas minke permanecían inmóviles, lejos del proceso natural que ocurre en mar abierto.

En condiciones normales, cuando una ballena muere su cuerpo se convierte en una fuente clave de nutrientes. Tras un proceso que puede incluir flotación, descomposición y hundimiento, el cadáver llega al fondo oceánico. Allí se transforma en un punto de concentración de vida en un entorno donde los recursos son escasos.

Especialistas explican que estos restos generan comunidades complejas. “Hay una fase inicial de rapiña por parte de los carroñeros de aguas profundas”, señaló el ecólogo Adrian Glover. A medida que se consume la carne, otros organismos colonizan los huesos y se establece un sistema que puede durar décadas.


OTRAS NOTICIAS

Via Crucis submarinoPuerto Madryn se prepara para dos fines de semana clave y apuesta a sostener el movimiento turístico

Ese proceso no solo alimenta especies visibles. También activa redes invisibles, como bacterias que transforman los compuestos del esqueleto en energía. En ese entorno sin luz, la vida se sostiene gracias a reacciones químicas, lo que permite el desarrollo de organismos adaptados a condiciones extremas.

Cuando ese ciclo no se completa, el impacto se multiplica. Los restos que quedan en aguas poco profundas no cumplen esa función y el fondo marino pierde una de sus principales fuentes de nutrientes. Esto implica que ecosistemas enteros no llegan a formarse y que especies potenciales nunca encuentran un hábitat.

El fenómeno no es aislado. Durante el último siglo, la caza industrial redujo drásticamente las poblaciones de ballenas. Se estima que casi tres millones fueron capturadas, lo que alteró no solo la superficie del océano sino también sus profundidades.


OTRAS NOTICIAS

Luis CaputoEl Gobierno suspende aranceles a la importación de aisladores eléctricos tras el cierre del único fabricante nacional

Hoy, incluso con niveles de captura mucho menores, la situación sigue generando consecuencias. En Groenlandia, por ejemplo, la caza de subsistencia está permitida y forma parte de la vida local. Los restos suelen quedar en zonas costeras y luego son arrastrados parcialmente por las mareas, sin llegar a cumplir su rol ecológico completo.

Los científicos advierten que la reducción de estos aportes orgánicos puede afectar la biodiversidad en el largo plazo. Algunos ecosistemas podrían haber desaparecido antes de ser estudiados, lo que deja interrogantes sobre la magnitud real de la pérdida.

“Aún vivimos en una época de muy baja población de ballenas”, explicó el investigador Greg Rouse. “Lo que me sorprendió es que aún hoy vemos ecosistemas prósperos de cadáveres de ballenas. Pero ¿perdimos algo con una disminución tan catastrófica de las ballenas? No lo sabemos”.

Te puede interesar
Suscribite al newsletter de #LA17