
Conflicto global, impacto local: la urea sube y presiona al agro del sur
Actualidad19/03/2026
REDACCIÓNEl aumento global de fertilizantes por la guerra en Medio Oriente golpea con mayor intensidad a los sistemas productivos bajo riego del sur argentino.

Mientras el conflicto en Medio Oriente reconfigura los mercados internacionales, en Argentina ya se sienten las consecuencias en el agro. Pero el impacto no es igual en todo el país: la Norpatagonia aparece como una de las regiones más expuestas al aumento del precio de la urea, un insumo clave para la producción.
La razón principal está en su modelo productivo. En los valles irrigados de Río Negro y Neuquén, los cultivos funcionan bajo esquemas intensivos que requieren altos niveles de fertilización para sostener rendimiento y calidad.


A diferencia de otras zonas, donde los productores pueden ajustar dosis o reducir tecnología, en estos sistemas el margen de maniobra es mucho más limitado. Reducir fertilizantes implica, directamente, resignar producción.
El componente central de esta ecuación es el nitrógeno, cuya principal fuente es la urea. En la región, las dosis utilizadas suelen ser superiores al promedio nacional, lo que incrementa la dependencia de este insumo.
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En cultivos como maíz y trigo, los planes de fertilización pueden superar los 200 kilos por hectárea, mientras que en la fruticultura también es habitual su uso intensivo para sostener la calidad de peras y manzanas.
A esto se suma una condición estructural: los suelos patagónicos tienen bajos niveles de materia orgánica, lo que limita el aporte natural de nutrientes y obliga a compensar con fertilización externa. En este contexto, cualquier variación en el precio internacional tiene un efecto directo en los costos productivos.
El aumento de la urea está directamente vinculado a la escalada bélica. La industria de fertilizantes depende en gran medida del gas natural, y Medio Oriente es un actor central tanto en producción como en logística.
El estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del comercio global de fertilizantes y energía, se volvió un punto crítico. Las interrupciones y tensiones en esa zona ya derivaron en menor oferta y mayores costos.
Como resultado, los precios internacionales se dispararon en pocas semanas, con subas cercanas al 40%, mientras que en el mercado local la urea ya registra aumentos de hasta 200 dólares por tonelada.
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En Argentina, el impacto se traslada rápidamente. El fertilizante representa entre el 45% y el 50% de los costos en cultivos extensivos como trigo y maíz, por lo que cualquier incremento afecta directamente la rentabilidad.
Frente a este escenario, muchos productores evalúan postergar compras a la espera de mayor claridad. Sin embargo, esa estrategia implica riesgos, especialmente por los tiempos de importación. El calendario es clave: cerca del 80% de la urea que utiliza el país se importa entre junio y octubre, pero las decisiones comerciales deben tomarse entre marzo y abril para asegurar disponibilidad.
En la Norpatagonia, la combinación de alta demanda de fertilizantes y menor flexibilidad productiva genera un escenario más complejo. Mientras otras regiones pueden adaptar sus esquemas, los sistemas bajo riego dependen de mantener niveles altos de insumos para sostener su potencial.
Esto deja a los productores más expuestos a la volatilidad internacional y con menos herramientas para amortiguar el impacto. Con la campaña fina en etapa de planificación, el sector enfrenta una disyuntiva: asegurar insumos a precios elevados o esperar una posible estabilización del mercado.
En la Patagonia, esa decisión es aún más crítica. La evolución del conflicto y su impacto en el precio de la urea serán determinantes para definir los costos y la rentabilidad de la próxima campaña.














