
El PBI alcanzó un nivel récord, aunque la actividad perdió impulso en los últimos meses y crecen las dudas por el empleo.

El desempeño de la economía argentina durante 2025 dejó una foto con contrastes. Por un lado, el nivel de actividad alcanzó su punto más alto en décadas; por otro, el cierre del año mostró señales de desaceleración que generan atención en distintos sectores.
De acuerdo a los datos oficiales, el Producto Bruto Interno (PBI) creció un 4,4% en relación con el año anterior. El resultado no solo permitió recuperar caídas previas, sino que también marcó un máximo histórico en la serie iniciada en 2004.


Sin embargo, la dinámica no fue uniforme a lo largo del año. En los últimos trimestres se registró una pérdida de ritmo que configura la segunda desaceleración consecutiva, un dato que empieza a encender alertas sobre la evolución futura.
El crecimiento estuvo impulsado principalmente por el consumo. El gasto de los hogares aumentó un 7,9% y representó más del 74% del total de la actividad, consolidándose como el principal motor del año.
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La inversión también mostró una suba significativa, con un avance del 16,4%, aunque el dato aparece relativizado al compararlo con otros períodos donde el crecimiento fue aún mayor.
En paralelo, las exportaciones aportaron al resultado general con un incremento del 7,6%, mientras que el gasto público tuvo un comportamiento casi estancado, con una variación mínima.
Más allá de estos números, uno de los aspectos que más preocupa es la heterogeneidad sectorial. No todos los rubros evolucionaron de la misma manera, lo que genera un impacto desigual en la actividad económica.
Esa disparidad se refleja especialmente en el mercado laboral. Algunos sectores muestran dinamismo, mientras que otros enfrentan dificultades, lo que condiciona la generación de empleo y la estabilidad de los ingresos.
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El dato global, entonces, convive con una realidad fragmentada. El crecimiento no logra trasladarse de manera homogénea a toda la economía, lo que limita sus efectos en términos sociales.
Además, la desaceleración observada hacia el cierre del año introduce un interrogante sobre la sostenibilidad del ritmo de expansión. La evolución de los próximos meses será clave para determinar si se trata de una pausa transitoria o de un cambio de tendencia.
El comportamiento del consumo, la inversión y el contexto externo aparecen como variables centrales para definir ese escenario. También influirá la capacidad de los distintos sectores para sostener su nivel de actividad.
Así, el balance de 2025 deja una doble lectura: una economía que crece y alcanza niveles récord, pero que al mismo tiempo muestra signos de enfriamiento y desigualdad en su desarrollo.















