
El fuerte aumento del gasoil puso en jaque a la flota de Mar del Plata y el sector advierte que la actividad podría frenarse por completo.

La actividad pesquera en Mar del Plata atraviesa un momento crítico que ya no se limita a una discusión de costos. Lo que hasta hace poco era una preocupación creciente se transformó en una amenaza concreta: la posibilidad de que los barcos dejen de salir al mar si no aparecen respuestas inmediatas.
El eje del problema está en el precio del combustible, un insumo central para la operatoria diaria de la flota. En los últimos meses, el aumento del gasoil desbalanceó por completo la ecuación económica del sector, al punto de volver inviables muchas mareas.


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Desde la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera y Fresquera advirtieron que la situación ya no es coyuntural. Señalan que el deterioro se viene acumulando y que en la actualidad alcanzó un nivel que pone en riesgo la continuidad de la actividad en el principal puerto pesquero del país.
El impacto del combustible se refleja con claridad en los números. Mientras que en 2010 la venta de un kilo de corvina permitía comprar un litro y medio de gasoil, hoy ese mismo ingreso alcanza apenas para 0,98 litros. La pérdida de poder adquisitivo golpea directamente la rentabilidad de cada salida.
Esa diferencia, que puede parecer técnica, tiene consecuencias inmediatas en la operatoria. Cada viaje implica costos que ya no logran cubrirse con la venta de la pesca, lo que lleva a los armadores a replantear si conviene o no zarpar.
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La crisis no se limita al mar. En tierra, la cadena productiva también empieza a resentirse. Menos actividad implica menos trabajo para las tripulaciones, menor volumen para las plantas procesadoras y una caída en la demanda de servicios portuarios.
El conflicto se agrava por las condiciones de abastecimiento dentro del propio puerto. Armadores denuncian que la provisión de combustible está concentrada en un solo operador, lo que restringe la competencia y termina impactando en los precios finales que paga la flota.
Frente a este escenario, el sector elevó reclamos concretos a nivel nacional. Piden un esquema de precio diferencial para el gasoil destinado a la actividad pesquera y una intervención directa de YPF para ordenar el suministro y evitar mayores distorsiones.
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También solicitan respuestas del Gobierno que permitan sostener la operatoria en el corto plazo. La preocupación central es evitar que el problema escale hacia un amarre generalizado de embarcaciones, con consecuencias sociales y económicas en toda la región.
“La flota no puede esperar más”, advierten desde el sector, donde aseguran que el margen de maniobra es cada vez más reducido. Si no se modifica el escenario actual, el puerto podría enfrentar un freno inédito en su actividad, con impacto directo en miles de puestos de trabajo.
















