
El despliegue de supuestos noticieros internacionales que difunden contenido favorable a Delcy Rodríguez no solo expone una maquinaria digital aceitada. También deja al descubierto la posible participación de una firma vinculada al exgobernador de Chubut, Martín Buzzi, que aparece en el centro de las sospechas sobre la producción del material.

La investigación fue realizada por Cazadores de Fake News, una ONG independiente, junto a La Nación, que identificó una red de al menos 15 canales de YouTube que simulan ser medios de distintos países. Las piezas replican formatos televisivos, con conductores que aparentan transmitir desde ciudades como Santiago de Chile o México. Sin embargo, esa puesta en escena es ficticia: todos los presentadores identificados residen en Argentina.
El alcance de los videos refuerza la magnitud del operativo. Superan los 32 millones de visualizaciones, aunque los canales tienen escasa cantidad de suscriptores. Esa diferencia se explica por campañas de publicidad paga que impulsan los contenidos como anuncios, lo que multiplica su visibilidad sin depender de audiencias reales.


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En ese circuito aparece F. G. Medios SA, empresa radicada en el país que figura como anunciante. Desde la firma aseguraron que solo facilitaron el pago de la pauta y que no tienen relación con la producción. Sin embargo, las miradas apuntan a otra estructura: Q Social, la agencia asociada a Martín Buzzi.
De acuerdo a distintas fuentes, esa firma habría sido la encargada de generar los videos. Q Social ofrece servicios de marketing político, análisis y encuestas, un perfil que encaja con el tipo de contenido difundido. Además, las grabaciones se realizaron en sus oficinas de la calle Cerrito, donde se montó el set de filmación.
Consultado por este tema, Buzzi negó su involucramiento y evitó profundizar en las respuestas. La reacción no pasó desapercibida: frente a nuevas consultas, se limitó a agradecer el contacto y cortar la comunicación, sin brindar mayores precisiones sobre el vínculo con el proyecto.
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Mientras tanto, los testimonios de quienes participaron en las grabaciones describen una estructura profesional. “Es un estudio de verdad, algo groso. Había mucha gente laburando y nos dijeron que iban a haber muchos más proyectos”, relató uno de los actores convocados tras un casting virtual.
Los videos siguen un guion claro y repetitivo. “Varios portales internacionales destacan que los Estados Unidos autorizan la venta de oro a Venezuela”, afirma uno de los conductores en una de las piezas, que utiliza placas, zócalos y recursos visuales similares a los de un noticiero real. La intención es construir credibilidad y simular respaldo informativo.
En un primer momento, los investigadores creyeron que los presentadores podían ser generados por inteligencia artificial. Sin embargo, el análisis detallado descartó esa hipótesis. Las variaciones en gestos, entonación y postura confirmaron que se trata de personas reales, muchas de ellas vinculadas al ámbito actoral argentino.
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El rastreo permitió identificar a varios de los participantes, entre ellos actores, locutores y modelos con experiencia en doblaje. Esa formación resulta clave para sostener la ilusión de una red internacional, ya que pueden adaptar su forma de hablar y simular distintos acentos.
Detrás de las cámaras, el esquema incluye guionistas, editores y responsables de pauta. La utilización de actores en lugar de tecnología automatizada implica mayores costos, pero también reduce las chances de detección por parte de las plataformas. Esa decisión refuerza la hipótesis de una operación planificada y con recursos.
Aunque algunos contenidos fueron eliminados, la red sigue activa y continúa circulando como publicidad paga. El foco en la posible participación de Martín Buzzi y su entorno agrega una dimensión política al caso, que ya no se limita a la desinformación digital, sino que abre interrogantes sobre el rol de actores locales en campañas de alcance internacional.















