
La guerra en Medio Oriente dispara costos y enciende alarmas en la industria pesquera
Actualidad26/03/2026
Sergio BustosEl conflicto bélico iniciado el 28 de febrero de 2026 en Medio Oriente ya comienza a mostrar impactos concretos en la economía global y, en particular, en la industria pesquera argentina, que enfrenta un aumento de costos y un escenario de creciente incertidumbre.

Uno de los primeros efectos visibles es el encarecimiento de los fletes marítimos. Desde el inicio de las hostilidades, el costo del transporte internacional registró una suba del 11%, lo que representa un golpe directo para un sector altamente dependiente de la exportación.
Empresarios y ejecutivos del sector siguen con atención la evolución de los mercados internacionales ante el riesgo de una retracción en la demanda, un escenario que ya se vivió durante el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022. Aquel antecedente dejó en evidencia cómo los conflictos geopolíticos pueden alterar el comercio global en muy poco tiempo.


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El aumento en los costos logísticos se suma a una estructura ya exigente para la industria pesquera local. El transporte de contenedores, clave para colocar productos en mercados internacionales, se encareció en un contexto donde cada variable impacta directamente en la rentabilidad.
A este escenario se agrega otro factor determinante: el aumento del precio del combustible. Desde el inicio del conflicto, los valores en Argentina acumulan subas de entre el 15% y el 16,2%, impulsados por la volatilidad del petróleo a nivel internacional.
El combustible es el principal insumo de la actividad pesquera, especialmente para la flota congeladora tangonera que se prepara para el inicio de la temporada de langostino. Por eso, cualquier variación en su precio impacta de forma directa en los costos operativos y en la viabilidad de las campañas.
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En este contexto, las empresas del sector observan con preocupación la evolución diaria de los precios, conscientes de que el margen de rentabilidad puede verse seriamente afectado si la tendencia alcista se sostiene.
A nivel interno, la situación se complejiza aún más por el contexto macroeconómico. La combinación de un dólar relativamente estable —en torno a los 1.400 a 1.440 pesos— y una inflación que acumula un fuerte incremento desde fines de 2023 genera un escenario de atraso cambiario.
Este fenómeno reduce la competitividad de los exportadores, ya que encarece los costos en dólares mientras los ingresos por ventas externas no acompañan el mismo ritmo. Para una actividad como la pesca, que depende casi exclusivamente del mercado internacional, esta ecuación representa un desafío central.
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La presión sobre los costos y la pérdida de competitividad se dan en paralelo a un clima global de incertidumbre creciente. La escalada del conflicto y las amenazas en distintos puntos del mundo generan inquietud sobre el comportamiento de los mercados, especialmente en destinos turísticos europeos, donde se concentra una parte importante de la demanda de langostino argentino.
El impacto potencial de estas tensiones es difícil de dimensionar en el corto plazo, pero el sector ya advierte que los efectos colaterales de la guerra comienzan a sentirse. La combinación de mayores costos logísticos, aumento del combustible, volatilidad económica y posibles cambios en la demanda configura un escenario complejo para la industria.
A un mes del inicio del conflicto, la incertidumbre domina el panorama. Mientras no haya definiciones sobre la evolución de la guerra, el sector pesquero argentino deberá adaptarse a un contexto internacional inestable que amenaza con afectar tanto la rentabilidad como el volumen de exportaciones.















