
Rigolleau ahora vende con sello chino por lo que se agrava la crisis en su localidad de origen
Actualidad27/03/2026
REDACCIÓNLa histórica planta de Berazategui mantiene líneas activas para alimentos y farmacia, pero ya despacha productos importados y crece el temor por más despidos.

De las puertas de Rigolleau ya salen productos con la inscripción “Hecho en China”, una postal que condensa el deterioro de una fábrica atravesada por pérdidas millonarias, caída del consumo y presión importadora. En una planta que durante décadas funcionó como emblema industrial de Berazategui, ese cambio dejó de ser un dato comercial para transformarse en una señal visible de retroceso productivo. La novedad golpea con más fuerza porque se trata de una firma con 120 años en el mercado y con peso simbólico en un distrito identificado con la industria del vidrio.
La preocupación más inmediata quedó del lado de los trabajadores, que ven en este giro un posible anticipo de nuevos recortes. El artículo señala que ya hubo 100 despidos en los últimos meses, y que el avance de las importaciones alimenta el temor de otra poda en la plantilla. La discusión, entonces, no se limita a un cambio de proveedor o a una reconfiguración comercial: toca de lleno el mapa laboral de la planta.


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La estructura fabril tampoco opera hoy con la misma fuerza que supo tener. Rigolleau apagó uno de sus hornos industriales el año pasado, una decisión que desde el sector de los trabajadores fue leída como un hecho grave, y actualmente sostiene activas sus líneas de envases para la industria farmacéutica y alimentaria. Esa combinación deja una imagen clara: la empresa no detuvo toda su actividad, pero sí funciona con una base más reducida y defensiva.
Los números del último balance ayudan a entender por qué la crisis ya no puede describirse sólo con impresiones generales. El último registro fiscal reportó una pérdida neta de $5.596 millones, más del doble de los $2.599 millones del ejercicio anterior, y la acumulación de pérdidas en los dos últimos años supera los $7.000 millones. Cuando esa escala de deterioro se sostiene en una empresa industrial de referencia, el problema deja de ser coyuntural y empieza a perforar la viabilidad del negocio.
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El repliegue también aparece en la facturación y en el volumen físico de la operación. Las ventas totales llegaron a $112.088 millones, con una baja real del 19% frente al ejercicio previo, cuando habían sido de $139.189 millones. A la vez, el despacho físico cayó a 117.452 toneladas, un 11% menos en la comparación interanual, y la producción total quedó en 114.305 toneladas.
Ese descenso se traduce además en una utilización más limitada de la capacidad instalada. El reporte citado por La Arena indica que la operación de la planta se mueve en niveles cercanos al 60%, en línea con el promedio sectorial, aunque en el caso de Rigolleau ese dato se vuelve más sensible por la secuencia de pérdidas, despidos y hornos apagados. La fábrica todavía produce, pero ya no lo hace con el ritmo que sostuvo su peso histórico dentro del sector.
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El cuadro no se explica por un solo factor. La nota menciona la caída de la demanda interna, la competencia desigual por el ingreso de productos del extranjero, la contracción de clientes relevantes y también las bajas en las exportaciones. Esa superposición de frentes adversos empuja a la empresa a una situación donde la presión importadora no aparece aislada, sino combinada con un mercado local más chico y con menos margen para absorber costos.
En ese esquema, hasta las relaciones con clientes de peso quedan atravesadas por la misma fragilidad. El artículo recuerda que Rigolleau trabaja con firmas importantes, entre ellas Quilmes, pero aclara que la contracción de la demanda de clientes clave también impactó sobre el desempeño reciente. Cuando una empresa con esa red comercial pierde volumen y competitividad al mismo tiempo, el deterioro se vuelve más profundo porque ya no depende sólo de recuperar una línea puntual, sino de recomponer varias capas del negocio a la vez.
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La dimensión simbólica del problema aparece con fuerza en el lugar donde ocurre. Berazategui es conocido como “capital nacional del vidrio” justamente por el peso histórico de esta actividad, de modo que el desplazamiento de producción local por mercadería importada no pega sólo en un balance empresarial. También erosiona una identidad industrial construida durante décadas alrededor de una fábrica que formó parte del perfil económico y social del municipio.
Lo que queda ahora es una planta que conserva líneas activas en segmentos sensibles, pero que ya convive con mercadería importada bajo su propia órbita comercial y con una plantilla en estado de inquietud. La foto no muestra un cierre total ni una salida inmediata del mercado, aunque sí expone una pérdida de terreno que ya resulta visible en los hornos, en los números y en la etiqueta del producto. En esa combinación se juega el dato más duro de esta etapa: una firma histórica sigue en pie, pero con menos producción propia y con más señales de repliegue.














