Abuelas de Plaza de Mayo: la nueva calle de Madryn que materializa la memoria

Chubut24/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El homenaje a Abuelas de Plaza de Mayo en Puerto Madryn dejó algo más que una placa: instaló un repaso sobre democracia, identidad y negacionismo.

Calle Abuelas de Plaza de Mayo en Madryn
Calle Abuelas de Plaza de Mayo en Madryn

Una esquina de Puerto Madryn empezó a decir otra cosa este 24 de marzo. Donde antes había una referencia urbana más, ahora una calle lleva el nombre de Abuelas de Plaza de Mayo y obliga a leer ese tramo de la ciudad con otra densidad política, histórica y afectiva. El acto de nombramiento, frente a instituciones públicas y bajo un viento patagónico que no dio tregua, no dejó solo una señalización nueva: dejó una intervención concreta sobre el espacio público.

La ceremonia no quedó encerrada en el homenaje ni en la liturgia de aniversario. Desde el primer tramo de los discursos apareció una idea que atravesó toda la mañana: la memoria no funciona como un gesto protocolar, sino como una discusión abierta sobre el presente. La concejal Lorena Moreno lo dijo sin rodeos al advertir que “no estamos frente a una fecha más del calendario” y que el país atraviesa “una batalla cultural brutal en torno a la memoria histórica”.


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El reconocimiento a Abuelas también quedó ligado a una singularidad argentina que Sergio Saba buscó rescatar. Mientras repasó los intentos de limitar los juicios a las cúpulas militares, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los indultos, sostuvo que en ese recorrido resultó decisivo “el heroico rol de las Abuelas de Plaza de Mayo, que hoy se reconoce y homenajea en nuestra ciudad a través de asignarle su nombre a esta calle”. Al poner esa calle en el mapa urbano, el acto no solo recordó a una organización emblemática: también volvió a fijar una posición sobre memoria, verdad y justicia en una coyuntura donde esos consensos vuelven a discutirse.

El debate no quedó atrapado en 1976 ni en los expedientes judiciales. Federico Garitano llevó la escena hacia una pregunta más incómoda, ligada a la forma en que una sociedad se acostumbra al dolor ajeno, y advirtió que la indiferencia también desgasta la vida democrática cuando naturaliza el maltrato, la pobreza o la exclusión. Por eso afirmó que “la democracia no se defiende solo en las urnas, sino también en los gestos cotidianos de solidaridad”, una frase que corrió el homenaje de la memoria conmemorativa hacia una ética del presente.


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Hubo, además, una marca local que evitó que el aniversario quedara contado como una tragedia lejana. Moreno recordó la historia de Hipólito Solari Yrigoyen, vecino de Puerto Madryn, víctima de atentados previos al golpe, secuestrado después por un grupo de tareas y luego empujado al exilio, para mostrar que el terrorismo de Estado y su antesala no pertenecen a una abstracción escolar sino a una trama que también tocó a esta ciudad y a esta provincia. Cuando repasó que, aun después del horror, eligió donar su indemnización para construir una escuela en el barrio Pujol II, la concejal desplazó el foco desde la persecución hacia una idea más exigente: qué hace una comunidad con el legado de quienes eligieron devolver algo aun después del daño.

La dimensión más potente de la mañana apareció cuando el nombre de la calle se unió con la ciencia y con la búsqueda de identidad. Soledad Leonardi, del programa Ciencia e Identidad, recordó que las Abuelas obligaron a formular una pregunta inédita para la genética, la arqueología forense y los bancos de datos: cómo identificar a bebés apropiados cuando el Estado había roto deliberadamente sus vínculos de origen. Desde ese recorrido, que incluyó la mención a Víctor Penchaszadeh, a Mary-Claire King y al índice de abuelidad, resumió el núcleo del problema con una frase que condensó pasado y presente: “la identidad es un derecho humano, es transgeneracional”.


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Ahí el homenaje dejó de mirar solamente hacia atrás y empezó a proyectarse sobre lo que pasa hoy en esa misma zona de la ciudad. Leonardi señaló que el Centro Científico Tecnológico y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco quedan emplazados desde ahora sobre Abuelas de Plaza de Mayo, y vinculó esa coincidencia con el trabajo del Banco Nacional de Datos Genéticos y con las búsquedas que siguen abiertas, incluso para identificar bisnietos y bisnietas. La escena ganó otra profundidad cuando recuperó una frase atribuida a Estela de Carlotto en una carta: “qué hermoso sería que alguien caminando por esta calle de repente se acerque a la institución en busca de su identidad”.

El intendente Gustavo Sastre retomó esa misma línea desde otro lugar y llevó la discusión al terreno de la vida democrática. Dijo que “la democracia es aún joven entre nosotros”, remarcó que sostenerla también exige mirar hacia atrás y rechazó a quienes pretenden empujar ese pasado hacia la indiferencia o el olvido, porque allí no solo se lastima a las víctimas sino también a la propia vida democrática. Su intervención reforzó algo que sobrevoló toda la ceremonia: la memoria no vale apenas como consigna, vale como defensa de la libertad concreta que una dictadura arrebató.


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Lo más fuerte del acto quizás no pasó por la suma de discursos, sino por el modo en que todos empujaron una misma operación sobre el espacio urbano. Una calle no juzga ni repara por sí sola, pero obliga a nombrar, a preguntar y a explicar, y esa persistencia cotidiana pesa más que un homenaje encerrado en una mañana de aniversario. Desde ahora, cada indicación, cada cartel y cada dirección en ese sector de Puerto Madryn llevará impreso un nombre que carga historia, búsqueda y una demanda pública de memoria.

Eso también vuelve más incómoda la discusión para los discursos negacionistas que hoy intentan relativizar el terrorismo de Estado desde tribunas políticas, mediáticas o institucionales. La ciudad no rebautizó un rincón para archivar el pasado, sino para dejarlo a la vista en un lugar donde circulan estudiantes, científicos, trabajadores y vecinos, con la posibilidad concreta de que esa palabra despierte nuevas preguntas sobre identidad, justicia y democracia. El efecto más profundo de esta decisión recién empieza: Puerto Madryn convirtió una calle en un recordatorio permanente de que la memoria, cuando sale de los actos y entra en la vida diaria, también obliga a tomar posición. 

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