Matanza de aves en Santa Fe: tres perros arrasaron una granja de pollos

Policiales25/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El ataque ocurrió en un establecimiento avícola de Recreo Sur y dejó unas 2.000 aves muertas, otras mil heridas y un conflicto vecinal que ya tenía antecedentes.

Tres perros arrasaron una granja de pollos en Santa Fe
Tres perros arrasaron una granja de pollos en Santa Fe

La escena que quedó en un establecimiento avícola de Recreo Sur, en las afueras de la ciudad de Santa Fe, no solo expuso una pérdida enorme de animales, sino también el peso de un problema que, según el dueño del lugar, ya había sido advertido más de una vez. En cuestión de minutos, una jauría volvió a ingresar al predio y dejó un saldo que golpeó de lleno sobre la producción, el trabajo diario y la continuidad de una actividad que depende de cada lote. Lo que apareció este martes en ese galpón no fue un episodio aislado dentro de la mirada del damnificado, sino la repetición de una amenaza que asegura haber denunciado con anticipación.

El ataque se produjo en un galpón ubicado en la intersección de 9 de Julio y 25 de Mayo, donde tres perros lograron entrar por un hueco del alambrado perimetral. Después de atravesar ese sector, rompieron las lonas de protección y avanzaron sobre las aves que estaban dentro del criadero. La violencia del ingreso y la imposibilidad de frenar a tiempo a los animales dejaron una escena de destrucción que, por volumen, sacudió a toda la zona.


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El balance que hizo Ariel Carnevale, propietario del establecimiento, fue demoledor desde el primer momento. Según relató, murieron unos 2.000 pollos y otros 1.000 quedaron heridos, con escasas chances de sobrevivir por el nivel de las lesiones sufridas. La magnitud del daño no se agotó en la cantidad de animales muertos, porque también quedó comprometida una parte importante del circuito de producción que sostenía el emprendimiento.

Carnevale no puso el foco sobre los perros como responsables directos del problema, sino sobre la persona que, según sostuvo, debía tenerlos bajo control. “Ya entraron otras veces, no culpo a los perros, la culpa es de la dueña que no los cuida”, afirmó, al remarcar que no se trató de una situación sorpresiva ni de un episodio imposible de prever. Esa frase, además de describir su enojo, ubicó el hecho dentro de un conflicto previo que, lejos de resolverse, terminó con una consecuencia todavía más grave.


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De acuerdo con su testimonio, la vecina señalada como propietaria de los animales ya había sido denunciada por hechos similares. Incluso, en mayo de 2024, había firmado un acta de compromiso para garantizar el control de los perros y evitar nuevos ingresos al establecimiento. Sin embargo, el damnificado sostuvo que el problema continuó y que el antecedente formal no alcanzó para impedir que la situación volviera a repetirse.

El productor también recordó que existió una instancia judicial para intentar encauzar el conflicto antes de este nuevo ataque. “Nos citaron de la fiscalía para llegar a un acuerdo, pero ella no se presentó”, contó en declaraciones al diario El Litoral, dejando en claro que el episodio de este martes llegó después de una secuencia de advertencias y trámites que no modificaron el escenario. Esa reconstrucción le agrega al caso un componente que va más allá del hecho puntual y lo ubica en el terreno de las responsabilidades incumplidas.


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El impacto económico apareció de inmediato como otra de las dimensiones más pesadas del caso. Carnevale explicó que la pérdida no puede medirse solo por la cantidad de pollos muertos o heridos, sino también por todo lo invertido hasta ese momento en alimento, energía y trabajo. “Son unos 3.000 kilos de carne perdidos, más alimento, luz, trabajo… es mucha plata”, resumió, en una definición que condensó el golpe productivo que le dejó el ataque.

En paralelo con la conmoción que produjo lo ocurrido dentro del galpón, la fiscalía dispuso una intervención técnica para avanzar con las actuaciones del caso. Por esa orden, trabajaron en el lugar la Brigada Ecológica y un veterinario policial, encargados de realizar los peritajes correspondientes. Esa participación buscó dejar documentado el alcance del episodio, verificar las condiciones del establecimiento y reunir elementos sobre el ingreso de los animales y sus consecuencias.


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Lo que ocurrió en Recreo Sur dejó así una combinación difícil de separar: una pérdida masiva de aves, una denuncia previa que no logró frenar el riesgo y un conflicto vecinal que ahora suma un daño mucho mayor. La brutalidad del ataque expuso la fragilidad con la que puede quedar una producción de este tipo frente a un ingreso de animales sin control. Para el dueño del criadero, el problema ya no pasa solo por contar pollos muertos o heridos, sino por enfrentar una situación que, según insiste, ya había mostrado señales suficientes antes de desembocar en esta escena.

Fuente: NA.

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