
Tres días de duelo y otra discusión abierta por la tragedia aérea en Colombia
Actualidad25/03/2026
REDACCIÓNPetro decretó luto nacional por los 69 muertos del Hércules C-130 y volvió a poner en cuestión el estado de la flota militar en pleno duelo.

Colombia amaneció con las banderas a media asta y con una escena institucional atravesada por el duelo. El presidente Gustavo Petro firmó el decreto que establece tres días de luto nacional por la tragedia del avión militar en Putumayo, una decisión que alcanza a entidades públicas, guarniciones, dependencias policiales y embajadas colombianas en el exterior. La señal oficial buscó ordenar el dolor colectivo, pero también dejó expuesto que el impacto del accidente no se agota en la ceremonia ni en el homenaje.
Detrás de ese gesto formal aparece un balance que terminó de darle dimensión al episodio. El recuento oficial actualizado marcó 69 muertos y 57 heridos en una aeronave en la que viajaban 126 personas, entre integrantes del Ejército, de la Fuerza Aeroespacial Colombiana y de la Policía Nacional. La cifra se consolidó después de las tareas de verificación de las autoridades militares y del relevamiento de las víctimas en las horas posteriores al siniestro.


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El accidente ocurrió el lunes 23 de marzo, poco después del despegue desde Puerto Leguízamo, en el departamento de Putumayo, una zona remota del sur colombiano ubicada cerca de la frontera con Perú. Los reportes iniciales indicaron que la aeronave cayó a poca distancia del aeropuerto y que los primeros auxilios llegaron, en parte, por la intervención de pobladores de la zona antes del despliegue completo de la estructura militar. El hecho abrió desde el primer momento una operación de rescate compleja, atravesada por las dificultades de acceso al lugar del impacto.
La respuesta oficial quedó plasmada en el Decreto 0295 de 2026, que además del luto fijó el marco de los honores militares para las víctimas. En esa misma línea, Petro escribió en X: “Las banderas izarán a media asta en toda entidad pública, guarnición militar y de policía y en cada embajada de Colombia en el mundo. Se realizarán los honores militares correspondientes a este hecho que nos enluta como país”. El Gobierno también dejó asentado en el texto del decreto que “Hoy Colombia está de luto ante tan trágica pérdida de vidas humanas”, una frase que condensó el tono oficial con el que buscó comunicar la tragedia.
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Pero el duelo no cerró la discusión política que empezó a crecer desde el mismo día del accidente. Petro volvió a poner el foco sobre el material aéreo que utiliza la fuerza y cuestionó el uso de aviones de segunda mano dentro del sistema militar colombiano. El Hércules C-130 siniestrado había sido donado por Estados Unidos en 2020 y, según los reportes difundidos, pasó por un proceso de overhaul en 2023, un dato que ahora también forma parte del telón de fondo de la investigación.
El Presidente conectó esa discusión con una agenda que ya venía planteando sobre la modernización del equipamiento militar. Tanto Reuters como AP señalaron que Petro vinculó el episodio con trabas burocráticas que, según su visión, demoraron la renovación de la flota y otras capacidades operativas. En ese marco, el accidente quedó inscripto no solo como una tragedia humana, sino también como un golpe que reactivó una disputa sobre compras, mantenimiento y prioridades dentro del Estado colombiano.
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Mientras tanto, la causa del siniestro sigue bajo investigación y todavía no hay una conclusión oficial sobre qué falló en la maniobra de despegue. Los reportes periodísticos marcaron que los peritos deberán determinar por qué una aeronave de cuatro motores cayó tan poco tiempo después de levantar vuelo, en un aeropuerto cuya pista también quedó bajo observación pública. Esa incógnita técnica empezó a convivir con otra discusión más política, ligada a la antigüedad de parte de la flota y a las decisiones adoptadas en los últimos años sobre su incorporación y uso.
Los heridos, en tanto, fueron derivados a distintos centros asistenciales para su atención. Parte de ellos quedó internada en Bogotá, entre el Hospital Militar Central y el Batallón de Sanidad Militar, mientras otros fueron asistidos en Florencia, en el departamento de Caquetá. Ese despliegue sanitario mostró que el impacto del accidente siguió extendiéndose mucho después del momento de la caída, con decenas de familias pendientes de evolución médica, identificación de cuerpos y traslados.
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El caso también empujó nuevamente al primer plano la función que cumplen este tipo de aeronaves dentro de la estructura militar colombiana. Los Hércules C-130 forman parte de una logística utilizada para mover tropas y abastecimiento en un país donde las operaciones militares se desarrollan en territorios extensos, de difícil acceso y atravesados por décadas de conflicto interno. Por eso el accidente no golpeó solamente por el número de víctimas, sino también por el lugar que ocupa esa clase de avión dentro del funcionamiento cotidiano de las fuerzas.
Con el duelo ya formalizado y con los homenajes en marcha, Colombia entra ahora en una etapa marcada por dos planos que conviven sin mezclarse del todo. Por un lado, el país acompaña a las familias de los 69 uniformados fallecidos y sigue de cerca la recuperación de los sobrevivientes. Por otro, el Gobierno queda obligado a explicar qué ocurrió con una aeronave militar que cayó apenas después de despegar y a sostener, con hechos y no solo con discurso, la discusión que abrió sobre el futuro de su flota.
Fuente: NA, Reuters, Infobae, AP News, Caracol Radio.
















