
Un giro en una regla histórica: ahora cada fiel decide en un punto clave de su salud
Otros Temas25/03/2026
REDACCIÓNLa organización religiosa mantiene su postura central, pero habilitó una decisión individual en prácticas médicas que antes tenían un límite estricto.

Una de las normas más conocidas dentro de los Testigos de Jehová acaba de cambiar parcialmente y abre un nuevo escenario para sus fieles. La modificación no elimina la prohibición central, pero introduce un margen de decisión que antes no existía en la práctica cotidiana.
El cambio se difundió a través del Cuerpo Gobernante, el órgano máximo de la organización, que comunicó una nueva directiva vinculada al uso de la sangre en contextos médicos. La novedad impacta especialmente en intervenciones quirúrgicas, donde hasta ahora las opciones eran mucho más restringidas.


La actualización no modifica uno de los pilares doctrinales más firmes. La prohibición de recibir transfusiones de sangre de otras personas se mantiene sin cambios, en línea con la interpretación histórica que el grupo sostiene desde hace décadas.
Sin embargo, el punto novedoso aparece en otra práctica. A partir de ahora, cada fiel podrá decidir si acepta procedimientos de autotransfusión, es decir, el uso de su propia sangre previamente extraída y almacenada para una cirugía.
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La nueva postura introduce un criterio que desplaza la decisión hacia el plano individual. “Cada cristiano debe decidir por sí mismo cómo se utilizará su propia sangre en todos los cuidados médicos y quirúrgicos”, afirmó Gerrit Lösch, integrante del órgano de conducción.
El dirigente también precisó el alcance de esa decisión personal. “Esto incluye permitir o no que su propia sangre sea extraída, almacenada y luego se le vuelva a introducir”, explicó en uno de los materiales oficiales difundidos por la organización.
Durante años, la interpretación dominante dentro del movimiento no dejaba margen para este tipo de elecciones. La lectura de los textos bíblicos que indican “abstenerse de la sangre” derivaba en una prohibición absoluta, incluso en situaciones médicas críticas.
Esa postura tuvo consecuencias concretas en distintos contextos de salud. En muchos casos, los fieles rechazaron transfusiones aun en escenarios de urgencia, y esas decisiones fueron consideradas como una expresión de fidelidad a la doctrina.
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El cambio anunciado introduce una flexibilización que no tiene antecedentes en este punto específico. Si bien mantiene el eje central de la prohibición, habilita una práctica que antes quedaba fuera del marco aceptado.
Desde la conducción de la organización evitaron profundizar en los motivos que llevaron a esta modificación. En ese sentido, remitieron a publicaciones anteriores, como La Atalaya, donde señalaron que ya se planteaba la responsabilidad individual en ciertas decisiones.
Esa referencia también abre una zona de interpretación dentro de la propia doctrina. Algunos de esos textos incluían restricciones explícitas, lo que ahora contrasta con la nueva directiva que amplía el margen de elección personal.
El cambio no altera la identidad doctrinal general del movimiento, pero sí modifica un aspecto sensible en la relación entre fe y salud. A partir de ahora, esa decisión quedará en manos de cada creyente, en un punto donde antes la norma era uniforme.














