
La nueva ordenanza sólo alcanza a quienes limpian vidrios en cruces con semáforos de Comodoro. Lavacoches y artistas callejeros quedaron afuera.

Los cruces con semáforos de Comodoro Rivadavia pasan desde ahora a tener una restricción puntual: ya no podrá realizarse allí la actividad de limpieza de vidrios. La decisión quedó aprobada en el Concejo Deliberante y modifica una escena habitual en distintas esquinas de la ciudad, donde ese trabajo formaba parte de la dinámica diaria del tránsito. El cambio no se extiende a toda forma de actividad callejera, sino a una práctica específica definida por la ordenanza.
El punto central de la norma no está puesto en una prohibición amplia sobre el espacio público, sino en una delimitación concreta sobre quiénes quedan alcanzados. El texto aprobado este jueves fija que la medida rige para las personas que realizan limpieza de vidrios en cruces semaforizados, una precisión que recorta el alcance de la ordenanza y evita que se interprete como una restricción general sobre otras tareas en la vía pública. Esa definición también marca el sentido operativo de la medida, que apunta a un lugar específico del tránsito urbano.


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La iniciativa fue impulsada por el concejal Omar Lattanzio y se apoya en argumentos vinculados con la seguridad vial, la prevención de eventuales situaciones de violencia y el resguardo de derechos. Dentro de ese enfoque aparece además una mención especial a la protección de menores de edad, un punto que suma una dimensión social a un debate que, en la práctica, también toca la circulación y la convivencia en la calle. La ordenanza, de ese modo, no sólo regula una actividad, sino que la encuadra dentro de un problema mayor de orden urbano y cuidado.
El texto aprobado introduce a la vez una frontera importante entre actividades que suelen quedar mezcladas en la discusión pública. La prohibición no incluye a quienes trabajan como lavacoches o cuidan vehículos en espacios habilitados, como ocurre en la costanera, donde la actividad mantiene otro encuadre. Esa exclusión evita que la medida se lea como un bloqueo total a tareas informales ligadas al automotor y concentra la decisión en el ámbito de los semáforos.
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La ordenanza también deja afuera a los artistas callejeros y a los malabaristas que desarrollan propuestas culturales en la vía pública. Esa aclaración no aparece como un detalle menor, porque distingue entre intervenciones urbanas de distinta naturaleza y descarta que la norma avance sobre expresiones artísticas realizadas en la calle. En los hechos, el Concejo separó la limpieza de vidrios de otras presencias habituales en las esquinas de la ciudad.
El mecanismo sancionatorio elegido también muestra el perfil de la disposición. Ante un incumplimiento, la medida prevé el retiro de escobillas, baldes y demás elementos de trabajo, una respuesta directa sobre los objetos utilizados para desarrollar la actividad. La ordenanza no incorpora castigos económicos, por lo que el eje de la intervención queda puesto en el cese de la práctica y no en la aplicación de multas.
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La norma suma una segunda instancia para los casos de reiteración. Si existe reincidencia, se asignarán tareas comunitarias, una salida que busca agregar una consecuencia concreta sin pasar por el esquema clásico de sanción pecuniaria. Ese diseño muestra que el municipio eligió un sistema escalonado, con una primera respuesta material y una segunda vinculada a obligaciones comunitarias.
La discusión que queda planteada en Comodoro no gira entonces sobre toda la economía informal ni sobre toda ocupación del espacio público, sino sobre una intervención puntual en zonas de alto movimiento vehicular. La redacción de la ordenanza insiste en ese recorte y construye una diferencia nítida entre el limpiavidrios que se instala en una esquina con semáforo, el lavacoches que opera en un sector habilitado y el artista que actúa ante los automovilistas. Esa distinción será decisiva al momento de aplicar controles y de evitar interpretaciones más extensas que las previstas por el texto aprobado.
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A partir de esta aprobación, el efecto más inmediato se verá en la calle y no en una discusión abstracta. Los semáforos alcanzados por la ordenanza quedarán bajo una regla nueva, con retiro de herramientas ante incumplimientos y tareas comunitarias para quienes reincidan, mientras el resto de las actividades exceptuadas seguirá bajo otro marco. El punto que empieza ahora no es el debate de fondo, sino la forma en que esa delimitación se traduzca en controles concretos sobre las esquinas de Comodoro Rivadavia.

















