
El condenado a 15 años por el crimen de Fernando Báez Sosa cuestionó la defensa común, negó haber golpeado a la víctima y expuso una grieta que no se había visto hasta ahora.

La novedad no pasó solamente por una frase impactante, sino por el lugar desde donde apareció y por todo lo que deja al descubierto dentro del caso. A seis años del crimen de Fernando Báez Sosa, Lucas Pertossi habló desde la cárcel y puso en discusión la estrategia con la que se defendió junto al resto de los condenados. Su versión no modifica la sentencia vigente, pero sí mueve una pieza delicada en una causa que parecía cerrada en lo judicial y sin fisuras en el bloque de los acusados.
En la entrevista que le dio a Mauro Szeta, de la que por ahora solo trascendieron adelantos, Pertossi sostuvo: “Yo nunca lo toqué, pero nadie lo dijo. Yo no me peleaba. Lamentablemente, cosa que también me arrepiento, grababa”. La frase concentra dos movimientos al mismo tiempo. Por un lado, vuelve a negar una participación física directa en la golpiza; por el otro, sugiere que esa diferencia nunca fue defendida con claridad durante el proceso.


Ese punto es el que más peso político y judicial tiene dentro de su testimonio. Pertossi afirmó: “Me siento muy mal defendido. La estrategia fue todos juntos en bloque y no todos hicimos lo mismo ni tuvimos la misma participación. Pero yo nunca lo toqué y nadie lo dijo”. Más que una simple queja retrospectiva, la declaración instala una ruptura abierta con la defensa grupal que durante años funcionó como una sola muralla para los ocho acusados.
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La entrevista apareció, además, en un momento procesal muy preciso. En las últimas semanas, la Defensoría de Casación bonaerense pidió a la Corte Suprema de Justicia que anule la condena contra Pertossi y ordene un nuevo juicio oral, con el argumento de que su derecho de defensa fue perjudicado durante todo el proceso. El planteo sostiene que la estrategia común del abogado original, Hugo Tomei, no contempló las diferencias de hecho, de pruebas y de grado de participación entre los acusados.
Según la reconstrucción publicada por Infobae, Pertossi revocó la asistencia técnica de Tomei después de la confirmación de la sentencia y avanzó con un planteo in pauperis, respaldado por la Defensoría. En ese escrito, cuestionó por primera vez la existencia de un “plan delictivo” común y aseguró que solo intervino en un episodio aislado, sin contacto con la víctima fatal y al margen del núcleo del ataque. Esa línea ahora reaparece en su palabra pública y deja de ser solo una discusión técnica dentro de un expediente.
El reportaje también mostró cómo reconstruye hoy aquella madrugada en Villa Gesell. Pertossi relató que se enteró de la muerte de Fernando ya estando detenido, cuando un policía les dijo: “Ustedes mataron a un pibe”. Después recordó otra escena ante la fiscal, a quien atribuyó esta frase: “Bueno, chicos, tuve que entregarle un pibe en un cajón a una mamá”.
En esa misma secuencia, el condenado intentó correr el hecho del terreno de una agresión planificada. Dijo: “Es terrible lo que pasó, pero no hubo ningún plan de matarlo. Fue una pelea que terminó en tragedia”. Esa definición choca con la lectura judicial que terminó consolidándose en la causa y que derivó en condenas diferenciadas para los ocho jóvenes involucrados.
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Hoy, Pertossi cumple una pena de 15 años de prisión. Según la nota, recibió la misma condena que Ayrton Viollaz y Blas Cinalli, mientras que Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Enzo Comelli, Matías Benicelli y Luciano Pertossifueron sentenciados a prisión perpetua. Ese reparto de penas es justamente uno de los puntos que refuerza la discusión sobre roles distintos dentro del ataque y explica por qué su defensa actual intenta despegarlo del esquema conjunto original.
El peso de sus palabras también está en el tiempo transcurrido. El crimen ocurrió el 18 de enero de 2020, el juicio se realizó en febrero de 2023 en Dolores, y recién ahora aparece una crítica frontal al modo en que fue defendido. Esa demora vuelve más llamativa la entrevista, porque no se limita a revisar una noche puntual: también reabre la pregunta sobre cuánto callaron los acusados durante años para sostener una estrategia común.
La declaración de Pertossi no cambia por sí sola la condena ni el lugar que el caso ocupa en la memoria pública argentina. Pero sí introduce una fisura narrativa que hasta ahora no había quedado tan expuesta: la de un condenado que, seis años después, ya no habla desde el mismo bloque que el resto. En una causa atravesada por videos, pericias y sentencia firme, esa grieta tardía vuelve a empujar el foco sobre una disputa que ya no es solo por lo que pasó aquella madrugada, sino también por cómo se defendió cada uno desde entonces.





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