
Trump dio diez días más por el estrecho de Ormuz y frenó ataques a plantas energéticas
Actualidad27/03/2026
REDACCIÓNLa Casa Blanca corrió hasta el 6 de abril la presión sobre Irán, suspendió ataques a objetivos energéticos y abrió una ventana diplomática frágil.

Donald Trump movió el reloj de la guerra sin dar por cerrada la amenaza. El presidente de Estados Unidos estiró hasta el lunes 6 de abril a las 20, hora del Este, el plazo ligado a la crisis del estrecho de Ormuz y, al mismo tiempo, pausó por diez días los ataques contra instalaciones energéticas iraníes. La decisión introdujo un alivio parcial sobre uno de los frentes más sensibles del conflicto y dejó la próxima semana como una prueba directa para la diplomacia.
La novedad no pasó solo por el cambio de fecha, sino por lo que quedó momentáneamente fuera de la ofensiva militar. La pausa alcanza a las plantas energéticas, un blanco que Washington había colocado en el centro de su presión sobre Teherán durante las últimas semanas. Ese freno parcial cambió el tono de una escalada que venía golpeando de lleno sobre la infraestructura estratégica iraní y sobre los mercados de energía.


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Trump presentó la decisión como una concesión ligada a contactos en marcha, no como un retroceso. Reuters informó que el mandatario dijo haber tomado la medida a pedido del gobierno iraní, mientras siguió sosteniendo que las conversaciones marchan bien pese a las versiones cruzadas. Esa combinación entre amenaza suspendida y discurso de fortaleza dejó a la Casa Blanca intentando mostrar control sobre dos planos a la vez: el militar y el negociador.
La discusión de fondo sigue siendo Ormuz, el corredor por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo y gas que se comercia por vía marítima en el mundo. La interrupción del tránsito ya alteró precios, cadenas logísticas y expectativas inflacionarias en distintas regiones, y por eso Washington mantiene la reapertura del paso como una exigencia central. La importancia del estrecho explica que cada gesto militar o diplomático tenga impacto inmediato mucho más allá del Golfo.
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El problema para Estados Unidos es que la situación en el agua sigue lejos de una normalización. Associated Press reportó que Irán formaliza de hecho un control más rígido sobre el paso, con verificación de buques y circulación muy reducida, mientras el tráfico cayó de manera abrupta desde el comienzo de la guerra. Ese cuadro vuelve más pesada la pausa anunciada por Trump: no se trata de una tregua sobre un frente estabilizado, sino de una apuesta diplomática sobre un cuello de botella todavía sometido a presión extrema.
Dentro de esa ventana de diez días también entró otro dato clave. El enviado especial Steve Witkoff confirmó que Washington hizo llegar a Irán una propuesta de 15 puntos a través de Pakistán, que hoy funciona como mediador en los contactos. La existencia de ese canal empuja la idea de una negociación en movimiento, aunque Teherán sigue rechazando la idea de un diálogo directo en los términos que presenta la Casa Blanca.
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La señal estadounidense, de todos modos, no salió envuelta en un tono conciliador puro. Trump negó estar apurado por cerrar un acuerdo y su secretario de Defensa, Pete Hegseth, dejó en claro que la maquinaria militar sigue activa aun con esta pausa puntual. Esa dualidad expone el verdadero marco del plazo extra: no aparece como un deshielo, sino como una tregua acotada bajo amenaza explícita de reanudación.
Del lado iraní tampoco hubo una aceptación lineal del esquema planteado por Washington. Reuters consignó que Teherán rechazó la propuesta estadounidense y otros reportes de prensa coinciden en que la respuesta iraní la considera unilateral e injusta, aunque sin cerrar del todo la vía diplomática. Esa distancia entre las posiciones es la que vuelve inestable el nuevo calendario fijado por la Casa Blanca.
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El impacto económico explica por qué el margen temporal de diez días vale más que un simple corrimiento de agenda. La guerra ya empujó subas del crudo, tensión inflacionaria y advertencias sobre pérdidas severas de suministro si la obstrucción en Ormuz se prolonga, con estimaciones privadas que hablan de entre 13 y 14 millones de barriles diarios comprometidos en un escenario de cierre extendido. Con esos números sobre la mesa, la suspensión parcial de ataques buscó comprar tiempo sin resignar presión.
Los próximos días, entonces, no se leerán como una simple espera diplomática. Serán una cuenta regresiva sobre un corredor marítimo decisivo, una ofensiva militar que sigue viva y una negociación todavía cuestionada por ambos lados. Si el 6 de abril llega sin movimiento concreto sobre Ormuz, la pausa que hoy ofrece alivio puede convertirse rápido en el umbral de otra escalada.
Fuente: LA NACION, Reuters, AP News.
















