
Madryn prueba una salida común ante consumo de sustancias y apuestas online en jóvenes cada vez más chicos
Chubut28/03/2026
REDACCIÓNLa nueva mesa intersectorial busca unir salud, escuelas, clubes e iglesias frente a consumos que ya no se explican solo por las sustancias.

Puerto Madryn puso en marcha una mesa intersectorial con una premisa que corre el problema de un lugar cómodo: hoy los consumos problemáticos ya no entran en una sola categoría ni admiten respuestas aisladas. La preocupación incluye sustancias, pero también el uso de tecnologías y las apuestas online, dos fenómenos que ganaron presencia en edades más bajas y obligan a pensar otro tipo de intervención. La propuesta, según se explicó en el aire de #LA17, apunta a reunir instituciones que hasta ahora abordaban el tema desde lugares separados.
Uno de los primeros déficits que busca cubrir ese espacio aparece en el terreno del conocimiento concreto sobre la ciudad. Roberto Neme planteó que una de las metas pasa por “tener un diagnóstico local lo más afinado posible”, porque hoy existen referencias del hospital y del observatorio de Sedronar, pero “no tenemos un diagnóstico local” sistematizado. Esa ausencia no es menor, porque sin una lectura propia del problema cualquier intervención corre el riesgo de quedar atada a datos generales o a percepciones parciales.


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La discusión tampoco queda encerrada en el universo clásico del consumo de sustancias. En la entrevista se remarcó que el cuadro actual suma nuevas formas de riesgo y que el recorte exclusivamente sanitario ya no alcanza para explicar lo que pasa entre chicos y jóvenes. Por eso la mesa no nace como una simple instancia de derivación, sino como un intento de ordenar prevención, acompañamiento y asistencia dentro de una misma conversación pública.
Cuando el análisis baja a los hábitos concretos, el dato más firme sigue pasando por el alcohol. Neme sostuvo que “el alcohol sigue siendo la sustancia, por supuesto, que más utilización y más disposición tienen los jóvenes”, aunque enseguida agregó otro matiz que modifica el mapa: “bajó el tema del tabaquismo, pero bueno, aparecieron los vapeadores”. Esa combinación muestra que algunas prácticas ceden terreno, pero otras se reacomodan con formatos más recientes y con una circulación mucho más naturalizada.
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La respuesta que se intenta construir no se limita a la atención de casos consumados. En el tramo asistencial, la propuesta trabaja con equipos interdisciplinarios y profesionales de la salud mental, pero al mismo tiempo busca sostener espacios de contención y acompañamiento que ya existen en la órbita municipal. La apuesta, según se explicó, consiste en que esas herramientas no funcionen sueltas, sino articuladas con ámbitos específicos de asistencia y con acciones preventivas compartidas.
Ahí aparece otro rasgo del esquema que se puso en marcha: el problema atraviesa instituciones muy distintas entre sí. En la entrevista se mencionó el vínculo con escuelas, iglesias, clubes y referentes barriales, además del respaldo que ofrecen estudios construidos en el ámbito educativo. El objetivo no pasa solo por reunir actores alrededor de una mesa, sino por asumir que el consumo problemático ya circula por espacios cotidianos donde los jóvenes estudian, socializan, compiten, rezan o pasan buena parte de su tiempo.
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La explicación que se dio sobre la puerta de entrada a estas conductas suma un dato de fondo que excede a Puerto Madryn. Neme advirtió que “después del 2020 y después de la pandemia todos los indicadores que tienen que ver con salud mental se dispararon”, y aclaró que no se trata de una anomalía exclusivamente local sino de un fenómeno más amplio. Desde esa mirada, el desafío del plano municipal no pasa por discutir la existencia del problema, sino por construir respuestas concretas en el territorio.
En esa línea, el entrevistado ubicó parte del problema en el grado de exposición y en la accesibilidad que rodea a las sustancias, pero también en factores más recientes asociados al uso de redes y a cambios en la subjetividad. La observación no quedó planteada como una alarma abstracta, sino como un punto de partida para comprender por qué el consumo ya no se puede leer con categorías viejas. La expansión de pantallas, apuestas y formas nuevas de circulación del riesgo obliga a conectar salud mental, hábitos cotidianos y entornos digitales dentro del mismo diagnóstico.
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El cuadro se vuelve más delicado cuando ese análisis se cruza con la edad. Durante la entrevista se señaló que la prevalencia de enfermedades mentales y de indicadores de riesgo muestra una baja en la edad de consumo, y que también el suicidio empieza a correr hacia franjas etarias más tempranas que años atrás. Ese dato empuja el tema fuera del escritorio técnico y lo convierte en un asunto que interpela a familias, escuelas, clubes y organizaciones comunitarias al mismo tiempo.
Por eso, el valor real de la mesa intersectorial no se jugará solo en su lanzamiento ni en la foto de apertura. La medida de su alcance aparecerá cuando logre producir un diagnóstico local propio, ordenar un recursero útil y sostener una red que no llegue tarde cuando los consumos ya lastiman trayectorias personales y familiares. Ahí se verá si Puerto Madryn consigue transformar una preocupación compartida en una política con capacidad de intervenir antes de que el problema crezca todavía más.
















