
Murió el piloto que voló entre bombas en Malvinas y salvó vidas en la Patagonia
Actualidad28/03/2026
REDACCIÓN
La figura de Fernando “Morsa” Orozco queda atravesada por dos escenarios que, aunque distantes en el tiempo, comparten un mismo hilo: el riesgo extremo. Su historia conecta la Guerra de Malvinas con algunos de los operativos de rescate más recordados en la Patagonia, donde su experiencia aérea volvió a ser decisiva.
El fallecimiento del ex teniente coronel del Ejército Argentino generó mensajes de despedida entre ex compañeros y organizaciones vinculadas a veteranos. Su nombre aparece asociado tanto a misiones militares como a intervenciones civiles que marcaron a Santa Cruz durante décadas.
Formado en la Aviación de Ejército en los años 70, Orozco desarrolló una especialización clave en el manejo del helicóptero Bell UH-1H “Iroquois”. Ese tipo de aeronave permitía operar en territorios sin infraestructura, algo que luego sería central en su desempeño fuera del ámbito militar.


Durante la guerra de 1982, integró la Compañía de Helicópteros de Asalto “B” del Batallón de Aviación de Combate 601. Desde ese lugar, ejecutó tareas de transporte, evacuación y abastecimiento en uno de los escenarios más complejos del conflicto.
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Uno de los momentos más críticos ocurrió el 21 de mayo en Monte Kent, cuando aviones Harrier británicos atacaron posiciones argentinas. En ese contexto, Orozco logró sobrevivir junto a su tripulación, en medio de una ofensiva que dejó importantes pérdidas materiales.
Su forma de operar quedó marcada por vuelos a baja altura para evitar radares, maniobras de precisión y misiones constantes en condiciones adversas. Esa experiencia, construida en combate, se trasladaría años más tarde a otro tipo de urgencias.

Tras retirarse del Ejército, se instaló en Santa Cruz y comenzó una nueva etapa vinculada a la asistencia civil. Allí fue convocado para intervenir en situaciones límite, donde el conocimiento técnico y la capacidad de respuesta rápida resultaban determinantes.
Durante la erupción del volcán Hudson en 1991, voló en un entorno atravesado por ceniza volcánica y visibilidad reducida. En esas condiciones, evacuó pobladores y trasladó suministros a zonas completamente aisladas, replicando lógicas operativas propias de escenarios de guerra.
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Cuatro años más tarde, en la nevada de 1995, encabezó un puente aéreo que permitió sostener a varias localidades patagónicas. En lugares como Río Turbio y 28 de Noviembre, sus vuelos fueron clave para rescatar familias, asistir a personas y garantizar la llegada de alimentos.
A lo largo de esas intervenciones, su rol dejó de estar asociado a la lógica militar para convertirse en una referencia en situaciones de emergencia. Sin embargo, las herramientas y la formación que había adquirido en Malvinas siguieron presentes en cada operación.
El recorrido de Orozco muestra una continuidad poco frecuente entre dos etapas distintas. De un conflicto bélico a rescates en territorio patagónico, su trayectoria se sostuvo en una misma capacidad: volar en condiciones donde otros no podían hacerlo.














