
Murió Carlos Orgambide, un director que atravesó todo el cine argentino
Otros Temas28/03/2026
REDACCIÓNTenía 96 años. Fue guionista, realizador, fotógrafo, crítico y difusor del cineclubismo, con una trayectoria amplia, persistente y llena de desvíos.

La muerte de Carlos Orgambide cerró este sábado una trayectoria singular dentro del cine argentino, construida menos desde un solo lugar que desde una suma de oficios, búsquedas y proyectos de largo aliento. La noticia la dio a conocer Directores Argentinos Cinematográficos, una de las entidades que agrupan a los realizadores audiovisuales del país. Tenía 96 años y dejaba detrás una carrera extensa, con títulos que quedaron ligados a distintas etapas del cine local.
Nacido en Buenos Aires el 28 de septiembre de 1930, Orgambide no llegó al largometraje desde un camino lineal ni desde una sola especialidad. Empezó en las telenovelas y, desde allí, fue ocupando lugares diversos dentro del universo audiovisual. Trabajó como camarógrafo, iluminador, reportero gráfico, crítico de cine, director de fotografía, realizador de cortos publicitarios e incluso como artista plástico, en una formación múltiple que terminó moldeando su perfil de autor.


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Ese recorrido también incluyó una tarea sostenida de promoción y difusión del cineclubismo, una dimensión que lo ubicó no sólo como realizador, sino también como hombre vinculado a la circulación y discusión del cine. En su caso, la relación con las películas no quedó reducida a dirigirlas o escribirlas. Su figura se fue armando en el cruce entre la práctica, la crítica y una curiosidad permanente por los distintos modos de hacer y pensar el cine argentino.
Sus primeros pasos como director, de hecho, no encontraron una llegada inmediata al público. Filmó en 1958 su ópera prima, El hombre y su noche, con Eva Dongé y Enrique Kossi, pero la película nunca llegó a estrenarse en salas. Algo parecido ocurrió una década después con la primera versión cinematográfica de Chúmbale, basada en la obra de Oscar Viale, que quedó inconclusa después de desacuerdos entre los responsables del proyecto y recién llegó al cine en 2002, aunque ya bajo dirección de Aníbal Di Salvo.
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Ese arranque frustrado no lo corrió del trabajo ni lo apartó de la dirección. Su estreno efectivo ante el público llegó recién en 1979 con Queridas amigas, una historia sobre el reencuentro entre tres mujeres interpretadas por Luisina Brando, Graciela Dufau y Dora Baret. Un año más tarde siguió con Toto Paniagua, el rey de la chatarra, inspirada en el personaje cómico nacido en la televisión y encarnado por el actor uruguayo Ricardo Espalter, acompañado otra vez por Enrique Almada.
Más adelante, Orgambide se movió hacia otros registros sin encerrarse en un género fijo. Participó del documental musical Buenos Aires Rock en 1983 y volvió luego al terreno de las adaptaciones teatrales con El acompañamiento, estrenada en 1991, con guion de Carlos Gorostiza y actuaciones de Carlos Carella, Franklin Caicedo y Haydée Padilla. Esa amplitud de intereses quedó sintetizada en una definición suya que funciona también como una clave de lectura sobre su filmografía: “Yo no me dejo seducir por determinados géneros. Cuando un tema me interesa procuro llevarlo a la pantalla”.
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En los años noventa sumó dos títulos que reforzaron esa idea de una carrera siempre dispuesta a cambiar de tono y materia. En 1996 dirigió La maestra normal, basada en el libro de Manuel Gálvez, con Carolina Fal y Pepe Soriano, y más tarde concretó Temporal, proyecto largamente trabajado a partir de una novela de Ricardo Cordero. Para esa película compartió la escritura con su hermano mayor, Pedro Orgambide, figura reconocida de la literatura argentina, con quien mantuvo un vínculo artístico estrecho y constante.
De ese lazo entre ambos surgió también el documental Orgambide por Orgambide, que el propio director definió como “un homenaje a la memoria de Pedro”. En ese trabajo se sumaron artistas e intelectuales argentinos como Chango Farías Gómez, Atilio Stampone, Carlos Ulanovsky y Guillermo Saccomanno. La película permitió ver otra de las marcas de su recorrido: una relación muy fuerte entre cine, literatura, memoria y conversación cultural.
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Su última obra, La cacería, llegó en 2012 después de casi una década de preparación. El proyecto había nacido de La canción de Zarah, un episodio de Alta comedia emitido en 1994, con guion de Elena Antonietto y puesta de Rubén Szuchmacher, y tardó años en encontrar los recursos necesarios para su filmación. Protagonizada por Magalí Sánchez Alleno, Roberto Carnaghi y Carlos Kaspar, la película siguió la búsqueda de un periodista argentino detrás del paradero de un asesino nazi refugiado en el país durante el primer gobierno de Perón, y allí Orgambide dejó otra frase reveladora sobre su sensibilidad como narrador: “Lo que más me interesó del relato es la memoria”.
La muerte de Orgambide deja la imagen de un realizador que no construyó su lugar desde la velocidad ni desde el recorrido más visible, sino desde la persistencia, la variedad y una dedicación sostenida al mundo audiovisual. Su carrera reunió películas estrenadas tarde, proyectos interrumpidos, adaptaciones, documentales y un trabajo permanente en torno al cine como oficio amplio. En esa trayectoria irregular, cambiante y trabajosa quedó también una forma muy argentina de hacer cine: avanzar entre demoras, insistir con los temas propios y seguir filmando aun cuando el camino no ofrecía atajos.
Fuente: LA NACION.
















