Colapinto quedó libre de culpa, pero el choque igual le estalló en las redes sociales

Deporte29/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La FIA no sancionó al argentino y Haas descartó su responsabilidad en el accidente de Oliver Bearman, pero una ola de insultos lo puso igual en el centro.

Gran Premio de Japón
Gran Premio de Japón

a carrera de Franco Colapinto en Suzuka no terminó cuando cayó la bandera a cuadros. Después del Gran Premio de Japón, el piloto argentino quedó envuelto en una tormenta digital por el fuerte accidente de Oliver Bearman, pese a que los comisarios no lo penalizaron y a que desde Haas descartaron que hubiera maniobrado de manera irregular. El foco se corrió del hecho deportivo al hostigamiento en redes, donde empezaron a aparecer acusaciones directas y mensajes agresivos.

La secuencia que disparó todo ocurrió en la vuelta 22. Bearman intentó superar a Colapinto, se salió de pista y terminó contra las barreras en un impacto de 50G, del que salió sin fracturas, aunque con una contusión en la rodilla derecha. El golpe activó el coche de seguridad y reordenó una carrera que después terminó con victoria de Kimi Antonelli.

Lo que vino después se jugó en otra pista. La nota de Infobae mostró que la cuenta de Instagram del argentino recibió mensajes como “Tentativa de homicidio” y “Mataste a Bearman”, además de otros comentarios que lo responsabilizaron por una maniobra que, según la información oficial, no constituyó infracción. En pocas horas, la discusión dejó de girar alrededor de una maniobra discutible o no, y pasó a convertirse en un episodio de acoso virtual.


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La reacción no fue uniforme. Junto con los agravios, aparecieron usuarios que salieron a respaldar a Colapinto y que pidieron la intervención de la FIA frente a la escalada de insultos. Esa defensa pública buscó frenar una ola que creció aun cuando no existía sanción contra el piloto argentino ni una acusación formal de los comisarios.

También intervino Bullet Sports Management, la agencia que representa al argentino. Desde allí remarcaron que el mal momento deportivo de Colapinto ya era suficiente castigo por la forma en que el coche de seguridad arruinó su carrera y señalaron que el incidente con Bearman no fue responsabilidad suya. El mensaje de la empresa buscó bajar la tensión y ordenar una narrativa que ya se había desbordado en redes.

Gran Premio de Japón-2
Gran Premio de Japón

La absolución más contundente llegó desde el propio box de Haas. El jefe del equipo, Ayao Komatsu, afirmó sobre Colapinto: “no es culpa suya en absoluto”, y explicó que la diferencia de velocidad se generó por la gestión de energía y por el uso del modo de sobrepaso en el auto de Bearman. Esa lectura coincidió con el diagnóstico más amplio que dejó el paddock: el problema no estuvo en una maniobra antirreglamentaria del argentino, sino en una combinación de reglamento y diferencial de ritmo que ya venía generando preocupación.

La FIA tomó nota de ese trasfondo y anunció una revisión del reglamento en abril. Según el comunicado citado por Infobae y el seguimiento de medios internacionales, la federación evaluará el funcionamiento de las nuevas normas de gestión de energía después del arranque de temporada para determinar si hacen falta correcciones. Eso ubica el episodio de Suzuka en un plano más amplio: no como un error aislado de un piloto, sino como una alarma sobre una configuración técnica que puede volver a producir diferencias de velocidad peligrosas.


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En lo estrictamente deportivo, Colapinto cerró un domingo discreto. Terminó 16°, mientras Pierre Gasly sumó para Alpine con un 7° puesto, y adelante Antonelli se quedó con la carrera por delante de Oscar Piastri y Charles Leclerc. Pero en la conversación pública, el resultado quedó completamente tapado por el choque de Bearman y por la reacción posterior en redes.

La historia dejó además una ironía incómoda en la Fórmula 1. Días antes, tras el toque entre Esteban Ocon y Colapinto en China, la propia agencia del argentino había pedido a los fanáticos que no enviaran mensajes de odio ni amenazas al piloto francés. Esta vez el circuito del hostigamiento cambió de dirección, pero repitió el mismo problema: un incidente de pista terminó alimentando una escalada digital que ya se volvió demasiado frecuente en el automovilismo.

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