
El Ballet 2 de Abril presentará una obra en el Teatro del Muelle que pondrá en danza relatos de excombatientes y una memoria que sigue viva.

El homenaje a Malvinas en Puerto Madryn no quedará sólo en los actos oficiales ni en la vigilia. El próximo domingo 5 de abril a las 19 habrá otra forma de volver sobre esa fecha: una obra escénica construida desde la danza, con eje en las historias de los excombatientes y en la memoria colectiva que sigue atravesando a la ciudad. La presentación será en el Teatro del Muelle, sobre avenida Rawson 60.
La propuesta lleva un nombre que ya marca el tono de la noche: “Tierra de hijos guerreros, Malvinas”. Estará a cargo del Ballet 2 de Abril, dirigido por la profesora Carina Roldán, y forma parte de las actividades conmemorativas por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. No se trata, en ese sentido, de una función aislada dentro de la agenda cultural, sino de una intervención pensada específicamente para esa fecha y para el modo en que Madryn la recuerda.


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El corazón del espectáculo estará puesto en una traducción artística de experiencias concretas. Según la convocatoria difundida, la obra pone en escena “relatos y vivencias de excombatientes”, y busca recuperar historias que forman parte de una memoria compartida por varias generaciones. Ese punto cambia el sentido de la función: no será una gala temática sobre Malvinas, sino una puesta que se apoya en testimonios y en recuerdos vinculados directamente con la guerra.
También hay otra capa en la propuesta que la vuelve especialmente significativa. El elenco estará integrado por más de cuarenta bailarines, entre niños, jóvenes y adultos, una mezcla generacional que lleva al escenario una memoria que no quedó encerrada en quienes vivieron 1982 de manera directa. El homenaje, así, no sólo evocará a los veteranos: también mostrará cómo ese recuerdo sigue siendo transmitido, aprendido y representado por personas de edades muy distintas.
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La presencia de un grupo tan amplio no funciona sólo como dato de producción. Refuerza la idea de una obra coral, donde el relato sobre Malvinas no se apoya en una voz individual sino en una construcción compartida. En la difusión del espectáculo se remarca justamente que esa participación colectiva buscará transmitir, “con respeto y sensibilidad”, una mirada artística sobre un hecho que dejó una marca profunda en la sociedad argentina.
El propio recorrido del ballet ayuda a entender por qué la obra no aparece como un gesto oportunista de calendario. El Ballet 2 de Abril nació “en el marco de la vigilia conmemorativa” y desde entonces sostiene presentaciones vinculadas a la memoria y al reconocimiento de los veteranos. Es decir: el grupo no fue convocado desde afuera para esta fecha, sino que se formó justamente alrededor de la necesidad de trabajar escénicamente sobre Malvinas.
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Ese origen le da espesor a la puesta del domingo. Cuando una formación artística surge de una vigilia conmemorativa y luego vuelve al escenario con una obra propia sobre los excombatientes, lo que aparece no es sólo un evento cultural, sino una continuidad. La memoria deja de ser un tema ocasional y pasa a ser una línea de trabajo sostenida, con lenguaje propio y con una identidad ya reconocible dentro de las actividades ligadas al 2 de abril.
La función tendrá además una entrada paga, con un valor de 10 mil pesos, disponible en la boletería del teatro. Ese dato ordena otra dimensión de la jornada: será una actividad abierta a la comunidad, pero con organización formal de sala, horario y acceso definido. En una agenda conmemorativa que suele repartirse entre ceremonias públicas y espacios abiertos, esta vez el homenaje elegirá la intimidad del teatro para decir algo que sigue teniendo peso en la calle, en la escuela y en la vida cotidiana de la ciudad.
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Lo que se verá el domingo en el Teatro del Muelle no busca reemplazar los actos de Malvinas ni repetir su tono. Apunta a otra cosa: a convertir en movimiento, música y escena una parte del recuerdo que muchas veces circula en palabras, placas y discursos. Y en una ciudad donde la memoria de la guerra conserva una densidad especial, esa decisión de llevarla a la danza también funciona como una forma concreta de mantenerla viva sin volverla ritual vacío.

















