
La obra, frenada tras una inauguración incompleta, entra en su tramo final con 25 consultorios, quirófano y 24 plazas para pacientes.

Pacientes del interior que hoy viajan a Comodoro Rivadavia para atenderse por tratamientos oncológicos o afecciones crónicas quedarán cerca de sumar un nuevo punto de atención y alojamiento. La futura delegación del ISSyS entró en su cuenta regresiva y, según confirmó el gobernador Ignacio Torres, debería quedar terminada antes de julio. La obra aparece ahora en una etapa final, después de haber quedado frenada tras una inauguración previa sin finalización real.
El dato político que empuja la reaparición del proyecto está justamente en ese contraste. Torres sostuvo que “esta es una de las tantas obras que se anunciaron con ‘bombos y platillos’ y que iban a estar listas en 2023, pero que, por desidia, quedaron inconclusas”. La nueva sede había sido mostrada durante la gestión anterior cuando todavía no estaba en condiciones de funcionar, y luego quedó paralizada hasta su reactivación en 2024.


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La recorrida oficial volvió a poner el foco en un edificio que no apunta sólo a descomprimir trámites administrativos. El gobernador remarcó que la obra se retomó como una pieza central para “muchos chubutenses que tienen que atenderse en Comodoro Rivadavia”, y ligó esa definición a un objetivo sanitario concreto. No se trata, en esa lectura, de una nueva delegación pensada sólo para oficinas, sino de una infraestructura con servicios médicos y alojamiento para personas derivadas.
Ese perfil queda claro cuando se mira cómo fue diseñado el inmueble. El proyecto contempla aproximadamente 4.500 m² cubiertos, sobre un lote de 900 m², con un desarrollo en altura que reparte funciones administrativas y sanitarias. La nueva sede incorpora tres niveles de oficinas, una sala de teleconferencias, y un área de salud que concentrará prestaciones hoy dispersas.
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En el corazón del edificio habrá una estructura sanitaria de escala importante para una delegación del ISSyS. El programa prevé 25 consultorios, vacunatorio y un quirófano de baja complejidad con sectores pre y postquirúrgicos, además de instalaciones específicas y circulaciones diferenciadas. Esa combinación le da a la obra un peso mayor que el de una simple ampliación edilicia, porque la vuelve una pieza de atención concreta dentro del sistema.
Hay, además, un tramo del proyecto que cambia de lleno el impacto para afiliados del interior. Torres explicó que el nuevo edificio “va a contar con quirófano, consultorios y, lo más importante, residencias para quienes vienen del interior a realizar tratamientos oncológicos o por afecciones crónicas, y necesitan un lugar de calidad donde alojarse”. Esa decisión baja la obra del plano institucional al problema cotidiano de quienes deben viajar, esperar turnos, sostener tratamientos y resolver dónde quedarse.
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Ese albergue no será un anexo menor. El proyecto incluye un sector independiente dentro del mismo lote, con capacidad para 24 plazas, pensado para pacientes derivados de alta complejidad. Sumado al salón de usos múltiples y al comedor para el personal, el conjunto muestra una sede armada para atender, alojar y sostener permanencias, no sólo para recibir afiliados en mostrador.
La otra cifra que empuja la expectativa oficial es el estado de avance. La obra fue presentada con un 97% de ejecución, en fase de terminaciones, ajustes finales y puesta en marcha de instalaciones para lograr la habilitación. Ahí se juega ahora el tramo más sensible: no la promesa general de terminarla, sino la capacidad de cerrar detalles técnicos, dejar operativos los servicios y abrir efectivamente las puertas.
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En Comodoro, el ISSyS ya funciona hoy en su delegación de Tierra del Fuego 241, pero la nueva sede apunta a cambiar escala, prestaciones y capacidad de respuesta. Por eso el cierre de esta obra no se medirá sólo por cortar una cinta, sino por ver si antes de julio queda activo un edificio capaz de atender mejor a la ciudad y, sobre todo, de dar una respuesta más digna a quienes llegan desde el interior para seguir tratamientos largos. Ahí está el verdadero examen de una obra que pasó de inauguración incompleta a promesa de puesta en marcha real.

















