
El portero que frenó al tirador en la escuela contó cómo evitó una tragedia mayor
Policiales01/04/2026
REDACCIÓNFabio Barreto redujo al adolescente armado tras el primer disparo fatal. Relató que el atacante volvió a apuntar, pero el arma no respondió.

El momento en que un adulto decidió avanzar contra un alumno armado en medio del patio de una escuela definió el alcance de una tragedia que ya había dejado una víctima fatal. Esa intervención, según su propio testimonio, evitó que el ataque continuara en un contexto donde reinaban los gritos, la confusión y el desconcierto.
Fabio Barreto, encargado de maestranza en la escuela N° 40 “Mariano Moreno” de San Cristóbal, fue quien enfrentó al adolescente de 15 años que abrió fuego dentro del establecimiento. Su relato reconstruye una secuencia en la que cada segundo resultó determinante para frenar el ataque.


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La escena comenzó minutos antes de las siete de la mañana, cuando el personal acomodaba bicicletas y motos en el patio. Dos detonaciones rompieron la rutina y, al principio, no fueron interpretadas como disparos. Sin embargo, al acercarse a la entrada, Barreto vio al joven armado apuntando hacia los alumnos.
En ese instante ya había una víctima en el suelo. Ian Cabrera, de 13 años, había recibido un disparo y permanecía tendido en el patio. La situación se agravó cuando el atacante volvió a accionar el arma en medio del caos.
Barreto describió ese momento con precisión: “La primera imagen que tengo fue la de él con la escopeta apuntando a los chicos. Cuando miro, Ian estaba ya en el piso”, recordó, al reconstruir la escena que lo llevó a intervenir.
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La decisión de avanzar no fue planificada ni reflexiva. El propio trabajador explicó que actuó sin pensar en las consecuencias inmediatas, guiado por la urgencia del momento. “No lo pensé, al momento de actuar, actué y reduje al chico”, afirmó sobre la acción que definió el desenlace del episodio.
Durante esa carrera hacia el agresor, el riesgo fue directo. El adolescente volvió a apuntar y apretó el gatillo, pero el disparo no se concretó. “Ahí veo que me apuntó y gatilló, pero el disparo no salió”, relató Barreto, en uno de los puntos más críticos de la secuencia.
Sin detenerse, logró derribarlo y quitarle el arma. “No frené, me lo llevé por encima, de frente, no le grité nada, lo tumbé y le saqué el arma”, detalló, describiendo el momento en que logró inmovilizar al atacante hasta la llegada de otros adultos.
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El arma quedó a un costado y el joven fue reducido mientras el resto del personal intentaba asistir a los heridos. Ocho alumnos fueron trasladados al hospital cercano con distintas lesiones, mientras el establecimiento quedó sumido en una escena de caos.
Tras la reducción, el agresor fue llevado a una oficina dentro de la escuela. Allí, según el testimonio, mostró una actitud desconectada de lo ocurrido. “Nunca se cuestionó nada”, dijo Barreto, quien agregó que el joven mencionó haberse ido de caza el fin de semana.
El trabajador también advirtió sobre lo que pudo haber sucedido si no intervenía. El atacante llevaba municiones y había intentado recargar el arma. Según explicó, la situación pudo haber derivado en más víctimas dentro del mismo espacio.
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La escuela permanece cerrada mientras se intenta reorganizar el regreso a clases. Las imágenes que describe el propio Barreto siguen presentes: mochilas, bicicletas y objetos cotidianos que quedaron en el lugar al momento del ataque.
El testimonio no cierra la historia, pero permite dimensionar cómo una acción individual interrumpió una secuencia que aún se intenta comprender. La reconstrucción del hecho sigue en curso, mientras la comunidad educativa enfrenta las consecuencias de lo ocurrido.








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