La despedida al alumno asesinado en la escuela: el impacto de una muerte que nadie logra explicar

Policiales01/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El adolescente asesinado en una escuela fue despedido por compañeros, vecinos y su club. La escena expuso el dolor colectivo de una ciudad que sigue sin respuestas.

Ian Cabrera
Ian Cabrera

El paso lento del coche fúnebre por las calles de San Cristóbal no encontró silencio, sino una respuesta inmediata de chicos, familias y vecinos que se acercaron para despedir a Ian Cabrera Núñez, el adolescente de 13 años asesinado dentro de su escuela. La escena, repetida en distintos puntos de la ciudad, reflejó un impacto que excede lo individual y atraviesa a toda la comunidad.

La despedida comenzó con un velatorio que, durante la noche previa, reunió a familiares y allegados en el centro de la ciudad. Sin embargo, la dimensión del caso empezó a evidenciarse con mayor claridad al día siguiente, cuando la caravana fúnebre se puso en marcha y transformó el recorrido en una expresión colectiva de duelo.


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La primera parada fue en la Parroquia San Cristóbal, donde se realizó un responso breve. Luego, el cortejo avanzó hacia un espacio que marcaba otra parte central de la vida del adolescente: el club donde jugaba al fútbol.

En la sede del Club Atlético Independiente de San Cristóbal, decenas de chicos con camisetas del equipo esperaban el paso del vehículo. Allí, el homenaje tomó otra forma: aplausos sostenidos, banderas y lágrimas de compañeros que compartían entrenamientos y partidos con Ian.

El impacto se profundizó en ese punto del recorrido. Los chicos de la categoría 2013, con quienes el adolescente jugaba como lateral, se agruparon para despedirlo, replicando el gesto que ya habían tenido la noche anterior frente a la escuela donde ocurrió el hecho.


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El cortejo continuó hacia el cementerio local acompañado por vecinos, dirigentes deportivos y familias. La presencia de estudiantes con la indumentaria escolar volvió a conectar el recorrido con el lugar donde se produjo el crimen, un dato que atravesó toda la despedida.

El momento más duro se concentró en el ingreso al sector de nichos. Allí, el silencio dejó lugar al llanto abierto de familiares y allegados, en una escena que condensó el peso de una muerte que aún no encuentra explicación para quienes la atraviesan de cerca.


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El padre del adolescente, Hugo Cabrera, tomó una de las manijas del féretro, mientras la madre acompañó desde el otro lado. El gesto, repetido en medio del silencio, dejó expuesto el impacto directo de la pérdida en una familia que hasta ese momento comenzaba a dimensionar lo ocurrido.

La escena se desarrolló en un contexto que todavía permanece atravesado por el hecho que originó todo. Ian fue asesinado dentro de la escuela N° 40 Mariano Moreno por otro adolescente de 15 años que disparó en el patio, un episodio que colocó a la comunidad educativa en el centro de la tragedia.


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A lo largo del recorrido, los gestos de despedida se repitieron en distintos formatos: aplausos, banderas, caminatas colectivas y concentraciones espontáneas. Cada uno de esos momentos fue sumando capas a una escena que no se limitó al ámbito familiar.

El impacto también se reflejó en la presencia de distintos sectores de la ciudad, desde compañeros de escuela hasta trabajadores que conocían a los padres. La despedida se convirtió así en una manifestación que combinó lo íntimo con lo público.

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