Un anestesista muerto, drogas hospitalarias y una red que inquieta al sistema de salud

Policiales01/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La muerte de un joven médico en Palermo abrió una investigación que expone consumo recreativo de anestésicos, posibles robos en hospitales y prácticas de alto riesgo.

Alejandro Zalazar anestesista fallecido
Alejandro Zalazar anestesista fallecido

El cuerpo de un médico de 29 años apareció en el piso de su departamento con una vía conectada y elementos médicos a su alrededor, una escena que de inmediato activó alarmas dentro y fuera del sistema sanitario porteño. La investigación no solo busca explicar ese final, sino también entender cómo sustancias de uso estrictamente hospitalario pudieron circular fuera de ese ámbito.

Alejandro Zalazar, residente que atravesaba una rotación pediátrica, no se presentó a trabajar el 20 de febrero y fue encontrado sin vida horas después en su vivienda de Palermo. A su alrededor había jeringas y descartables, mientras que no se detectaron signos de violencia ni ingreso forzado al domicilio, lo que orientó la causa hacia un posible consumo de anestésicos.


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El expediente judicial avanza con estudios toxicológicos aún pendientes de incorporación formal, mientras se intenta determinar si las sustancias halladas en el lugar coinciden con propofol y fentanilo. La trazabilidad de esas drogas, consideradas de uso restringido, constituye uno de los ejes centrales de la investigación, ya que su circulación fuera del circuito hospitalario resulta limitada y fácilmente identificable.

La causa quedó en manos del fiscal Eduardo Cubría, con intervención del juzgado a cargo de Santiago Bignone, quienes ordenaron peritajes en el departamento, análisis del teléfono celular y levantamiento de huellas. En paralelo, otra fiscalía tomó denuncias vinculadas con posibles irregularidades en la sustracción de estos medicamentos, lo que abrió una línea de investigación complementaria.


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Ese cruce de expedientes conecta la muerte del anestesista con un circuito que excede el caso individual. Versiones difundidas en ámbitos médicos, a través de audios que circularon por WhatsApp, describen reuniones privadas donde profesionales utilizaban estas drogas con fines recreativos, bajo la modalidad de “viajes controlados”.

En esos encuentros, según los relatos, se empleaban bombas de infusión para administrar propofol de forma continua, mientras una persona quedaba encargada de asistir la respiración de los participantes en caso de apnea. La descripción incluye incluso la utilización de equipamiento médico sustraído y la presencia de protocolos informales para sostener la práctica.


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Las acusaciones derivaron en consecuencias dentro de instituciones de salud. Un anestesiólogo presentó su renuncia y otra profesional quedó bajo licencia tras quedar vinculados a la posible sustracción de estupefacientes, en un contexto donde las denuncias internas comenzaron a tomar forma institucional.

Desde el Hospital Italiano, señalado en versiones sobre la posible procedencia de las sustancias, confirmaron la apertura de una investigación interna. En un comunicado oficial, indicaron: "tomamos conocimiento de esta situación y realizamos la correspondiente denuncia ante las autoridades competentes, con quienes estamos colaborando plenamente para el esclarecimiento de los hechos".

La institución también informó que adoptó medidas con respecto a las personas involucradas y que inició una revisión de los mecanismos de control sobre medicamentos sensibles. Según detallaron, se trabaja en reforzar la seguridad del circuito de estupefacientes y en coordinar acciones con entidades profesionales para abordar la problemática.


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Desde el Ministerio de Salud de la Ciudad señalaron que no se activaron protocolos formales dentro del sistema público, ya que no se registraron denuncias concretas por faltantes. Sin embargo, reconocieron estar al tanto de los trascendidos que involucran a distintos actores del ámbito sanitario.

El trasfondo de la investigación pone en foco el uso de anestésicos como el propofol y el fentanilo fuera del ámbito clínico. Se trata de drogas que, en condiciones controladas, se utilizan para inducir sedación profunda o facilitar procedimientos médicos complejos, pero que fuera de ese contexto pueden generar depresión respiratoria y riesgo vital.

El médico toxicólogo Francisco Dadic explicó: "es un anestésico de rápida acción que provoca una sedación profunda en muy poco tiempo", y advirtió sobre la peligrosidad de su uso sin control médico. También señaló que la sustracción de ampollas no es un fenómeno nuevo, aunque los sistemas de control buscan limitar ese tipo de desvíos.


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El caso combina así dos planos que se cruzan en un mismo punto: la muerte de un profesional joven y la posible existencia de un circuito irregular de acceso a drogas hospitalarias. La investigación deberá determinar si ese vínculo existió de manera directa o si se trata de una coincidencia dentro de un entramado más amplio que aún no termina de revelarse. 

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