
Mirá las imágenes de una noche multitudinaria que volvió a abrazar el Vía Crucis
Chubut04/04/2026
REDACCIÓNLa edición XXII dejó una secuencia de previa, ceremonia y cierre con miles de gestos en la costa de Puerto Madryn y un acompañamiento sostenido.

La costa empezó a llenarse mucho antes del momento central y esa fue una de las primeras escenas que dejaron las imágenes de la cobertura. Familias, vecinos, visitantes y referentes de distintos espacios fueron ocupando el sector del muelle y sus alrededores en una tarde que ya venía cargada de actividad, con una ciudad que no vivió el Vía Crucis Submarino como un episodio aislado, sino como la continuidad de varios días intensos. La dimensión de esa previa quedó a la vista en los rostros, en la circulación constante y en la forma en que la gente fue acompañando desde temprano.

Esa primera parte de la jornada mostró una ciudad en movimiento, con presencia de público en distintos puntos y con señales claras de que la convocatoria volvía a tener peso propio. Desde el área turística lo resumieron con una frase breve, pero elocuente: “hubo mucho movimiento”, una apreciación que no se apoyó solo en la percepción del muelle, sino también en lo que pasó alrededor de la feria de pescadores artesanales y en otras actividades que la ciudad puso en marcha durante el fin de semana. Esa circulación previa ayudó a construir un clima distinto, más amplio que el de una sola ceremonia.


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Las imágenes también registraron algo más profundo que la convocatoria. La ciudad llegaba a esta nueva edición después de la vigilia, del acto por Malvinas y de jornadas atravesadas por una sensibilidad especial, y por eso el Vía Crucis se insertó en un contexto emocional que ya venía creciendo. No fue casual que una de las voces de la cobertura definiera estos días como “un fin de semana con mucha carga emotiva”, porque eso se vio en la gente que se acercó, en los abrazos, en las pausas y en la atención con la que se siguió cada tramo del recorrido.

Cuando la ceremonia entró en su momento central, la multitud terminó de darle forma a la postal que después quedó reflejada en cada galería y en cada video. El muelle, la costa, los sectores de paso y los espacios de espera mostraron una participación constante, sin huecos, con público acompañando desde distintos lugares y con una puesta que volvió a reunir a una enorme cantidad de personas alrededor de una tradición que Puerto Madryn siente como propia. Esa presencia masiva no se expresó solo en la cantidad, sino también en la permanencia, porque la gente no pasó rápido por el lugar: se quedó, miró, siguió y acompañó.

Dentro de esa escena general, una de las marcas más fuertes de esta edición fue la participación de los veteranos de guerra, que llevaron al Vía Crucis la continuidad de lo vivido en torno al 2 de abril. Daniel Belmar, presidente del Centro de Veteranos de Guerra, recordó durante la cobertura que “los últimos años siempre hemos estado acompañando y participando”, y esa presencia volvió a encontrar una expresión concreta cuando excombatientes tomaron parte del recorrido y portaron la cruz en las estaciones del muelle. La ceremonia, de ese modo, no solo reunió una tradición religiosa muy singular, sino también una memoria reciente que siguió presente dentro de la noche.
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La organización y el cuidado del evento también aparecieron con nitidez en las imágenes, aunque muchas veces queden en segundo plano frente a la escena principal. El cuerpo de guardavidas desplegó una cobertura numerosa para resguardar a nadadores y acompañar el desarrollo sobre el agua, una tarea que exigió presencia, coordinación y vigilancia constante. Adrián Escalante explicó que “tenemos 50 guardavidas”, casi todo el plantel disponible, y esa cifra da una idea precisa del esfuerzo operativo que necesita una ceremonia de estas características para sostenerse con seguridad.

Otra secuencia muy fuerte de la cobertura estuvo en los costados del evento, donde se vio cómo la comunidad volvió a sumarse desde lugares concretos y silenciosos. El mate cocido solidario se transformó otra vez en una escena central del post y del durante, porque acompañó al público y esperó también a los buzos cuando terminaron el recorrido, con el frío ya instalado sobre la costa. Desde el espacio que participó con esa propuesta recordaron que “todos los años estamos acompañando con el matecocido solidario”, y esa continuidad dejó ver que alrededor del Vía Crucis también se ordena una red de ayuda, abrigo y colaboración a beneficio de Cáritas y del Espacio que Abraza.

La cobertura también dejó lugar para escenas más íntimas, donde el acontecimiento público se cruzó con historias personales y memorias familiares. Ahí apareció el testimonio de Alejandro Panacchio, atravesado por el recuerdo de su padre y por la relación entre la fe, la familia y los trabajos ligados a la Iglesia. Cuando definió lo que le pasaba en esa jornada como “algo muy especial”, no habló solo de una emoción individual: puso en palabras algo que también se veía en muchas de las imágenes, donde el Vía Crucis funcionó como punto de encuentro entre la ceremonia visible y un conjunto de historias personales que se activaron en esa noche.
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El después del evento tampoco quedó vacío ni desinflado, y eso también resultó importante dentro de la crónica visual. Las imágenes del final mostraron a la gente todavía reunida, a los participantes regresando, a los equipos cerrando tareas, a los buzos encontrando abrigo y a muchas personas que siguieron un rato más en la costa, comentando lo vivido o simplemente quedándose dentro del clima que había dejado la ceremonia. No fue una desconcentración seca, sino un cierre extendido, con una ciudad que tardó en soltar una noche que había seguido con intensidad desde la previa.

La edición XXII del Vía Crucis Submarino dejó, así, una secuencia completa que las imágenes ayudan a ordenar sin necesidad de exageraciones: la llegada temprana del público, una ciudad movilizada, el peso emocional del contexto, la ceremonia acompañada por una multitud y un final sostenido por la permanencia de la gente. Lo que quedó registrado no fue solamente una tradición ya conocida, sino una forma de participación colectiva que volvió a mostrarse en toda su dimensión. En Puerto Madryn, el Vía Crucis volvió a verse como un acontecimiento religioso, social y comunitario capaz de reunir a muchísima gente alrededor de una misma noche.


















