
La muestra agroganadera pasó al 9 de mayo y busca sostener producción, artesanías y tradiciones en un contexto duro de sequía, depredadores y escaso apoyo.

La feria agroganadera de Gualjaina no se bajará este año del calendario local, aun cuando la situación productiva empuja en sentido contrario. La fecha se movió y ahora quedó fijada para el 9 de mayo, después de que sus organizadores resolvieran evitar la superposición con otro encuentro de artesanas. La decisión, sin embargo, no respondió solo a una cuestión de agenda: también buscó preservar un espacio que los productores de la zona consideran propio en medio de una temporada especialmente dura.
La definición tomó más peso porque, según contó Yolanda Yalef en una entrevista con “La Voz de la Meseta” por #LA17, durante este año la continuidad misma de la feria llegó a ponerse en duda. “Este año como que estaba un poco medio débil, como que se quería suspender la feria, pero nosotros dijimos, ‘No, lo vamos a llevar a cabo con los pocos que tenemos’”, señaló. La frase no quedó como una expresión aislada, sino como la síntesis de un panorama donde falta agua, cae la producción y cada animal cuenta.


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La feria, de todos modos, buscará mostrar mucho más que un momento de compraventa. Yalef explicó que hoy cuentan con un predio feriante con casitas y corrales, además del uso del gimnasio municipal, una infraestructura que se armó a partir de un proyecto junto al municipio y que permitió consolidar un lugar fijo para la actividad. Allí se concentrará tanto la parte ganadera como la muestra de alimentos, tejidos, manualidades y elaboraciones familiares hechas en la propia localidad.
El armado de la jornada ya tiene un esquema previsto y combinará movimiento comercial con exposición de saberes locales. Desde las 9.30 comenzará el ingreso y acomodamiento, mientras que a partir de las 12.30 se abrirá el tramo vinculado a la venta de animales y al contacto entre compradores y productores. A lo largo del día también habrá verduras, dulces, comida, tejidos y artesanías, además de concursos de hilado, desfile de prendas tejidas a telar y distintas actividades que se extenderán hasta la tarde.
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La feria llegará, además, en un contexto que atraviesa a los 17 parajes vinculados a Gualjaina y que complica de manera directa la vida en el campo. Yalef describió un escenario atravesado por la sequía, la falta de agua en las aguadas, la escasez de forraje y la presión de depredadores como el puma, el zorro y también los perros. A eso sumó otro dato que golpea de lleno al circuito productivo: se retrasó la disponibilidad de chivos y corderos, y muchos animales directamente se están muriendo.
El problema, según relató, no se limita a la ausencia de lluvias, sino que también toca la posibilidad de sostener la actividad diaria y el modo de vida de los pequeños productores. “No hay alimento, no hay forraje”, resumió, al describir un año seco que obliga a cuidar lo poco que queda y a reorganizar cada decisión en función de esa escasez. En ese marco, la feria aparece como una forma concreta de decir que la producción todavía existe, aunque llegue golpeada, reducida y con menos margen que en temporadas anteriores.
En ese relato también apareció un cuestionamiento directo a la falta de acompañamiento oficial. “Hasta ahora no conocemos el ministro de producción, no sabemos quién es”, afirmó Yalef, al señalar que no recibieron ayuda reciente desde esa área provincial. Aun así, sostuvo que la organización decidió hacer la feria por sus propios medios, sin acto formal y sin apoyarse en una puesta institucional, con la intención de que quede a la vista que en Gualjaina hay productores que siguen unidos y que buscan mantener viva una tradición que no quieren perder.
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La otra cara de esa resistencia aparece en el trabajo artesanal, que para las familias de la zona no funciona como un rubro separado de la producción, sino como una continuidad de la vida rural. La propia Yalef explicó que quienes organizan la feria también tienen animales y ovejas para hilar, y que de allí sale buena parte del trabajo que luego se transforma en tejidos, prendas y piezas elaboradas. En esa línea, valoró la reciente capacitación del programa Tejiendo Futuro, donde participaron mujeres, jóvenes y niños, y la describió como una instancia útil para fortalecer la venta, la presentación del producto y el valor del tejido artesanal.
La defensa de esa práctica aparece atravesada por una idea de continuidad entre generaciones. “La tradición que nunca se pierda”, dijo Yalef al hablar del uso, la rueca, el telar y de todo lo que las artesanas mayores siguen transmitiendo a las más jóvenes. En esa misma lógica, remarcó la importancia de sostener la casita de las artesanas, acompañar a referentes como Carmen y convertir ese saber en una cadena que no se corte, para que el oficio no quede encerrado en un recuerdo ni dependa solo del esfuerzo de unas pocas mujeres.
Por eso la feria del 9 de mayo se plantea como una vidriera para mostrar qué sigue produciendo Gualjaina cuando el contexto aprieta. Yalef insistió en que muchas veces no se trata de pedir, sino de lograr que otros se acerquen, conozcan el trabajo local y vean lo que hacen mujeres, jóvenes, chicos y mayores con sus manos. La jornada, entonces, pondrá en primer plano algo más profundo que una agenda de actividades: el intento de sostener producción, cultura y comunidad cuando el campo obliga todos los días a resistir un poco más.
















