
La víctima, de 76 años, había sido hallada herida en un camino alternativo de Puerto Madryn. Su muerte endurece una causa que ya tenía pericias abiertas y varias incógnitas.

El caso dejó de ser el hallazgo de un hombre herido en un camino rural y pasó a convertirse en una investigación todavía más grave. Murió el hombre de 76 años que había sido encontrado baleado en las afueras de Puerto Madryn, luego de haber permanecido internado en estado crítico desde el sábado. La novedad modifica el peso judicial del expediente y obliga a releer toda la escena inicial bajo una consecuencia mucho más severa.
La víctima había sido encontrada durante la mañana en un camino alternativo en dirección a la Ruta Nacional 3, a unos 9 kilómetros del casco urbano. Cuando llegó la Policía, el hombre estaba tendido boca arriba, con manchas de sangre en el tórax, y a pocos metros apareció una Ford Ecosport azul detenida sobre el camino. Ese cuadro inicial ya había abierto una pesquisa delicada, pero la muerte del herido vuelve mucho más exigente la reconstrucción de lo ocurrido en ese sector rural.


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Uno de los puntos más sensibles del caso sigue siendo el mismo que llamó la atención desde el primer momento. Junto al hombre apareció un arma de fuego tipo carabina calibre .22, pero el parte médico indicó que las lesiones en el tórax serían compatibles con perdigones de escopeta, lo que sugería que el disparo no habría sido efectuado con el arma hallada en la escena. Esa diferencia, que ya era central cuando la víctima seguía con vida, ahora se vuelve todavía más decisiva para determinar qué pasó realmente.
La causa, además, ya contaba con un volumen importante de medidas periciales antes de conocerse el fallecimiento. En el lugar del hallazgo se secuestraron muestras para análisis de ADN tomadas del vehículo, además de una gorra, un par de lentes y la propia camioneta, que quedó resguardada para nuevas inspecciones, entre ellas una pericia odorológica. No son movimientos menores: muestran que desde el comienzo la investigación fue trabajada como una escena compleja y no como un episodio cerrado en apariencia.
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También hubo un despliegue específico de la División Canes, que realizó un rastrillaje con perros entrenados en búsqueda de personas a partir de rastros obtenidos en el interior del rodado. Esa tarea sugiere que una de las líneas de trabajo pasaba por establecer desplazamientos, presencias o contactos en torno al vehículo y a la escena donde apareció la víctima. Con la muerte ya confirmada, esa búsqueda de rastros gana valor porque puede ayudar a reconstruir si hubo terceros involucrados o movimientos previos al disparo.
La urgencia médica, mientras tanto, no impidió que también se resguardaran elementos en el hospital y en el móvil policial utilizado para el traslado. La Comisaría Segunda secuestró las prendas de vestir de la víctima, su teléfono celular, una billetera con documentación y dinero en efectivo. A su vez, en la Sección Operaciones se incautaron muestras hemáticas, la carabina calibre .22 marca Marlin, un proyectil y una vaina servida, piezas que ahora quedan integradas a una causa que ya no investiga solamente una agresión con un herido grave.
La continuidad de la investigación quedó bajo la intervención del fiscal de turno, Emiliano Otero, con participación de áreas como Criminalística e Investigaciones. Ese armado ya mostraba que la mecánica del hecho no estaba clara y que cada indicio podía reordenar el sentido del expediente. La confirmación del fallecimiento profundiza esa lógica: desde ahora, cada resultado pericial pesará no sólo para describir una escena confusa, sino para establecer responsabilidades sobre un desenlace fatal.
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La nota secundaria del caso no pasa únicamente por informar que la víctima ya no permanece en terapia intensiva. Lo que cambia de verdad es la escala del expediente, porque la causa deja de apoyarse en un herido crítico que podía eventualmente aportar su relato y queda atada casi por completo a rastros, secuestros, balística, ADN y reconstrucción técnica. En términos investigativos, eso vuelve todavía más importante cada elemento levantado durante las primeras horas.
A partir de este nuevo escenario, la pregunta central ya no es sólo quién disparó o con qué arma se produjo la lesión, sino cómo se arma la secuencia completa que terminó con un hombre de 76 años gravemente herido a un costado del camino y luego fallecido. La presencia de una carabina, la referencia médica a perdigones de escopeta, la camioneta detenida y los objetos secuestrados siguen formando un rompecabezas que todavía no muestra una figura cerrada. Con la muerte de la víctima, ese rompecabezas quedó bajo una presión judicial y probatoria mucho mayor.













