
Un operativo rural en Pico Truncado derivó en un detenido, carne de origen irregular, armas y vehículos bajo sospecha en dos procedimientos conectados.

La caja de una camioneta llevaba leña, pero eso no era lo que más preocupaba. Debajo de esa imagen de traslado común, la Policía encontró carne faenada y despostada de un animal equino y también un guanaco sin vida, una combinación que empujó el procedimiento mucho más allá de un simple control de rutina. El hallazgo ocurrió en la zona de Pico Truncado y dejó al descubierto un cuadro más amplio sobre la caza furtiva en el norte de Santa Cruz.
El episodio tomó volumen porque no quedó encerrado en un solo vehículo ni en una sola infracción. La intervención principal terminó con un hombre detenido y puesto a disposición del Juzgado de Instrucción N°1, pero el material incorporado a la causa volvió a poner sobre la mesa una práctica que inquieta tanto por el daño a la fauna como por la circulación irregular de carne. El punto no pasa sólo por lo penal, sino también por el riesgo sanitario que aparece cuando ese traslado se hace fuera de cualquier regla.


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Los efectivos de la Dirección de Operaciones Rurales (D.O.R.C.O.) de Caleta Olivia venían de realizar diligencias en una estancia ubicada a unos 45 kilómetros de la ciudad cuando detectaron dos camionetas en movimiento y resolvieron frenarlas para controlarlas. Fue en ese contexto donde apareció el contenido que cambió el tono del operativo. El vehículo inspeccionado no sólo transportaba restos de faena, sino una escena incompatible con una actividad habilitada o declarada.
La situación se agravó todavía más por lo que faltaba y por lo que sobraba. De acuerdo con las fuentes policiales, el implicado “no contaba con ningún tipo de autorización del propietario del campo”, tampoco había declarado el vehículo utilizado ni las piezas que pretendía obtener. A eso se sumó otra irregularidad que excede la cuestión de la fauna: el rodado “no estaba habilitado para el transporte de sustancias alimenticias”, un dato que refuerza la dimensión sanitaria del caso.
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La historia tampoco terminó con esa primera camioneta. Cerca de la estancia “El Porvenir”, un llamado telefónico alertó sobre movimientos sospechosos y abrió otro procedimiento que terminó en la intercepción de una Toyota Hilux ocupada por tres personas. En el interior, según la información oficial, había gran cantidad de carne bovina recientemente faenada sin documentación que permitiera acreditar su procedencia.
Ese segundo tramo del operativo añadió un elemento todavía más delicado, porque una Ford Ranger también fue frenada en la misma secuencia. En la caja transportaba una moto con manchas de aparente origen sanguinolento, y dentro del habitáculo los policías observaron tres armas largas y un cuchillo de gran tamaño en poder del conductor. Con esa escena, el caso dejó de ser un hallazgo aislado y pasó a mostrar una estructura de movimientos, elementos y traslados que complicó a más de una persona.
Hay un punto que vuelve especialmente sensible este tipo de episodios en zonas rurales. La caza furtiva no impacta solamente sobre los animales silvestres, en este caso con la aparición de un guanaco muerto, sino que también arrastra consecuencias sobre los productores y sobre la circulación de carne en condiciones irregulares. Cuando a eso se le agregan vehículos no habilitados, ausencia de documentación y armas dentro de los rodados, el expediente se ensancha mucho más que una infracción puntual.
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La secuencia de Pico Truncado deja además otra lectura que no conviene pasar por alto. En un procedimiento apareció carne equina y un animal silvestre muerto; en otro surgió carne bovina sin respaldo documental, una moto con manchas presuntamente de sangre y armamento dentro del vehículo. Leído en conjunto, el cuadro ofrece una imagen más compleja y más inquietante de lo que se mueve en áreas rurales del norte santacruceño.
Todos los ocupantes alcanzados por el segundo operativo fueron trasladados a Pico Truncado para continuar con las diligencias, mientras que el primer procedimiento ya había dejado a un conductor detenido. La investigación ahora queda apoyada en lo secuestrado, en la falta de autorizaciones y en la documentación ausente sobre la carne transportada. Lo que asoma al final no es sólo un caso policial más, sino una señal concreta de hasta dónde puede escalar una práctica ilegal cuando aparece mezclada con armas, faena reciente y circulación sin controles.













